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«Yo hago casi todo lo que me da la gana»: Armando Benedetti

El presidente del Congreso insiste en arremeter contra el ministro de Defensa.

19 de febrero de 2011 – 10:00 p. m.

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Dice que es “extraño” que el Partido Liberal defienda a Rodrigo Rivera y sostiene que el presidente del Partido Conservador debe estar “muy golpeado” después de la reprimenda de Pastrana.

Cecilia Orozco Tascón.— ¿Por qué ha montado campaña contra el ministro de Defensa Rodrigo Rivera?

Presidente del Congreso, Armando Benedetti Villaneda.— Él mismo se lo ha buscado. Llegó a su cargo por razones políticas, pero quedarse en ese escenario no le sirve ni a él ni al país, y aunque dijo que esa cartera no se ejercía con discursos, no ha pasado de ellos. Grave error pues en los años 1998, 2002 y 2006 las elecciones se definieron con base en los temas de seguridad y orden público. No se ha visto, hasta el momento, que los generales le pongan atención ni que haya podido cohesionar la Fuerza Pública. Por el contrario, se nota gran disparidad en los operativos del Ejército y la Policía. A Rivera se le siente incómodo en el Ministerio y cada vez que habla, tiene cara de asustado.

C.O.T.- Usted parece tener más emociones que buenas razones.

A.B.V.- A mí sí me da comezón por la inquietud cuando veo cómo ejerce el ministerio Rodrigo Rivera, pero más importante que eso es la percepción de pérdida de seguridad que hay en el país. En el sur del Magdalena, los agricultores de palma africana y de banano confiesan que ya están pagando extorsiones. Lo mismo está pasando en el sur de Bolívar. La gente del campo se queja mucho en Casanare, Arauca y Meta; en el sur del Huila, Cauca, Valle del Cauca, Nariño y Putumayo hay una situación similar. Estamos volviendo a la crisis que teníamos hace ocho años.

C.O.T.- Raro que suceda lo que usted relata, entre otras razones porque aunque el ministro no fuera lo suficientemente fuerte en materias de seguridad y defensa, en esa cartera pusieron un viceministro de la entraña uribista de la seguridad democrática. La responsabilidad del ministro, entonces, sería compartida…

A.B.V.- Sí es verdad, hay un señor Guarín en el viceministerio de Defensa que pareciera no tener ética política, pero no quisiera darle a esa persona una categoría que no merece. Sólo quisiera decir que se asegura que este señor maneja las relaciones del ministro con los periodistas y los medios, lo cual puede explicar, en cierta forma, el estruendoso fracaso de Rivera en el Ministerio: por andar pensando en conspiraciones y en explicar lo que hace, en vez de hacerlo, no se ha dedicado a trabajar en el terreno.

C.O.T.- ¿Y dónde deja la responsabilidad mayor, la del presidente Santos? ¿Él no dirige la política de orden público?

A.B.V.- Sí, pero no es su responsabilidad directa. Él tiene múltiples problemas para resolver. En cambio el ministro está ahí sólo para dedicarse a los asuntos de seguridad.

C.O.T.- Con perdón suyo, usted no debe analizar una parte de la realidad ignorando la otra: el actual gobierno es sucesor del de Uribe y el presidente fue el ministro de Defensa al que se le atribuyeron todos los éxitos militares. ¿Por qué ahora el primer mandatario sería incapaz de sostener lo que hizo como subalterno?

A.B.V.- Repito que el presidente no se puede ocupar de los asuntos de esa cartera como lo hacía cuando era ministro. Si el argumento consiste en que Santos tiene confluencias políticas con Uribe, peor aún, porque significa que Rivera no está a la altura de las expectativas de ninguno de los dos. Creo que eso no es ninguna novedad porque ya todo el mundo lo sabe.

C.O.T.- Permítame decirle que no me interesa defender al ministro sino entender por qué tantos actores políticos están empeñados en decir, al tiempo, que hay deterioro del orden público cuando no está pasando nada distinto a lo del pasado. ¿Esta no será una campaña promovida por el ultra uribismo que está molesto con Santos por sus presuntas veleidades liberales?

A.B.V.- Rivera representa el uribismo, al menos en teoría. El ministro de Defensa, en el escenario político de hoy, es un invento de Uribe. Recuerde que cuando él no representaba a nadie, en 2009, el presidente lo puso a tender un puente con el Partido Liberal. Fracasó también en esa tarea. Pero eso le indica que es imposible que los ataques a Rivera vengan de los amigos del exmandatario, entre otras razones porque esa cartera se la dieron a Uribe. ¿O hay alguien que tenga dudas de que eso es así?

C.O.T.- Pues la impresión que existe en los círculos políticos, y usted pertenece a ellos, es que la ultra derecha quiere presionar a Santos para que adopte los ejes de Uribe.

A.B.V.- Esos círculos no son políticos sino bogotanos, siempre alejados de la realidad de Colombia. Como aquí no sufren de falta de garantías, se empiezan a imaginar cuentos sobre conspiraciones. En lo que respecta a mí, si de algún grupo he estado alejado es del que conforman el señor Londoño, el señor José Obdulio Gaviria y el señor Arias. Ellos sí son la ultra derecha a que usted se refiere. No he sido ni seré su vocero y, por el contrario, ellos me han criticado y yo los he criticado de forma bien dura y vehemente.

C.O.T.- ¿No es muy extraño que usted ahora coincida con ellos en las críticas al gobierno Santos?

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A.B.V.- Lo extraño es que salgan a defender a Rivera los dirigentes del Partido Liberal. Eso sí que es raro. ¿Cómo cree posible que el ministro Rivera, que se retiró del liberalismo; que intentó sonsacarle gente en época de campaña presidencial, aunque tampoco lo logró, y que no apoyó, como le correspondía, al candidato liberal, cuente con la protección de ese partido? El doctor Rafael Pardo, antiuribista, le da la mano a uno de los ministros más uribistas del gabinete y no a cualquiera, sino al que en los mentideros políticos se le llama el representante de Uribe en el Gobierno. ¿Usted entiende eso?

C.O.T.- No, no lo entiendo, pero usted no se escapa de sufrir el mismo mal: fue escudero de Uribe durante sus dos gobiernos, pertenece a la U y es el actual presidente del Senado en nombre de ese partido. Pero ataca con más vehemencia que la oposición al gobierno Santos en la materia medular del uribismo: la seguridad.

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A.B.V.- Lo que la gente no ha querido entender es que yo hago casi, y perdóneme la expresión, casi todo lo que me da la gana. Me doy esa licencia. No tengo jefe, no atiendo las directivas del partido y actúo como creo que debo actuar en ejercicio del control político que me corresponde. Recuerde que les hice debates a varios ministros de Uribe sobre temas críticos. Recuerde también que en la campaña del año pasado, el tema de la seguridad era liturgia. No puede ser que el gobierno de la continuidad de la seguridad democrática, seis meses después de iniciado su periodo, tenga “reventado” el orden público.

C.O.T.- ¿No será que es más fácil y menos arriesgado criticar al ministro Rivera que afectar al presidente?

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A.B.V.- Es que no estoy de acuerdo con usted. El presidente no es el responsable de lo que está sucediendo en el Ministerio de Defensa. Le reconozco, sí, su responsabilidad en ese mal nombramiento.

C.O.T.- Con todo lo que sucedió la semana pasada (dificultades en las liberaciones de secuestrados, paro de camioneros, quejas de empresarios del agro, etc.), pareciera que el mandatario quedó contra las cuerdas. De repente, endureció sus declaraciones y sus expresiones eran como copiadas de las de Álvaro Uribe. ¿Cambió la estrategia presidencial?

A.B.V.- Me parece que la imagen de conciliador que ha querido proyectar Santos es dirigida a la institucionalidad: actores políticos, directivas de los partidos, medios. Con las Farc tiene el mismo lenguaje que cuando fue ministro de Defensa. Ahí no hay cambio.

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C.O.T.- El presidente ha enviado mensajes de doble interpretación: por un lado sugiere disposición a explorar conversaciones de paz, pero por el otro lado habla de que “le está respirando en la nuca a Cano” y lo llama “bandido”. ¿Buscará satisfacer a las galerías de todos los bandos?

A.B.V.- No olvide que esas frases fueron pronunciadas en un escenario del Partido Conservador que venía de criticarlo, y que hubo un paro dramático que afectó la movilidad de varias ciudades. Sin embargo, soy de quienes creen que dado el talante liberal de Santos, las Farc nunca tendrán mejor interlocutor para iniciar negociaciones.

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C.O.T.- ¿Cuántas veces ha hablado usted recientemente con el expresidente Uribe?

A.B.V.- Este año he hablado bastante con él.

C.O.T.- ¿Sobre los problemas de seguridad?

A.B.V.- Confluimos en la preocupación por la situación de orden público, pero no nos hemos centrado en el tema.

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C.O.T.- ¿De dónde saca usted que se ha deteriorado el orden público si la seguridad de las ciudades nunca fue problema de Uribe?

A.B.V.- Usted se refiere a la seguridad urbana. Yo, a la rural, que venía con buenos índices y se está desmejorando. Los agricultores, los ganaderos, las petroleras, las carboneras reportan que ya no viajan de noche porque es peligroso salir del casco urbano. Hace mucho tiempo que no había ese tipo de quejas.

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C.O.T.- Los ganaderos y alcaldes han hecho declaraciones muy similares a las suyas. ¿Usted es vocero de ellos?

A.B.V.- Rotundamente no. Mis votos son urbanos. No tengo ninguna relación social ni política con esos gremios. Sí tengo entendido que esos empresarios estuvieron quejándose muy fuertemente ante el Gobierno, la semana pasada, por el deterioro del orden público en las regiones.

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C.O.T.- ¿Las llamadas “bacrim” (bandas criminales), que aparecen por el fracaso de la reinserción de los paramilitares presuntamente desmovilizados, no son las responsables de la inseguridad urbana y rural y esas bandas no nacieron en época de Uribe?

A.B.V.- Hay que reconocer que hubo graves errores en el manejo que el exconsejero presidencial para la reinserción Frank Pearl le dio a ese tema. También hay un error en Rivera cuando presenta a las bacrim como si fueran un fenómeno de crimen organizado cuando no tienen un líder único, ni organización común, ni menos propósitos generales.

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C.O.T.- Entonces usted admite que el problema de inseguridad viene del pasado, sólo que antes estaba maquillado.

A.B.V.- Sí hay que admitir que buena parte de lo que sucede ahora proviene de errores del programa de reinserción. Pero también sostengo que es un error de Rivera enfocar el problema por donde no es. Las bacrim son bandas homologadas del narcotráfico y de la delincuencia común atomizada. El ministro de Defensa no sabe lo qué está pasando ni contra quién está peleando. Eso es lo más grave.

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C.O.T.- ¿Qué opina de que se haya quedado sin compañeros políticos de campaña contra el ministro? El Partido Conservador se reunió con él y de una vez se pasó al otro lado.

A.B.V.- (Risas). Ante todo, debe notarse que el Partido Conservador hace tiempo que no tiene autonomía y, por tanto, hay que mirar lo que hace desde esa perspectiva. La actitud de los conservadores con el ministro se explica porque su presidente, el doctor Salazar, cometió el error de adjudicarle la responsabilidad del deterioro de la seguridad nacional al propio presidente. Cuando José Darío Salazar asegura que Santos debe apersonarse del tema de orden público, tácitamente está diciendo que debe hacer lo que haría Uribe. Esa comparación no debió gustar mucho porque no hay clones en política. Entendiéndolo, a Salazar le tocó recular rápidamente.

C.O.T.- ¿Cree que la Casa de Nariño regañó a Salazar y por eso echó para atrás?

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A.B.V.- Me imagino que sí pero, además, también recibió un regaño del expresidente Pastrana tan fuerte por haberse “metido” a confrontar a Santos, que tuvo que quedar muy golpeado.

C.O.T.- ¿Cree que Uribe terminará de apropiarse el Partido Conservador del todo?

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A.B.V.- No, no creo. Ya es totalmente de él. Explíqueme cómo puede tener su propia autonomía un partido político que no tiene candidato a la Presidencia desde hace casi 13 años. Por eso se inventaron la frase maravillosa según la cual “Uribe es conservador”.

C.O.T.- Usted pertenece a la U. Juan Lozano es el actual director de su partido, ¿él sí es el verdadero líder de la U y su jefe político?

A.B.V.- (Risas)… Él es el presidente de la U.

¿Guerra de rumores?

Una sorpresiva ola de informaciones sobre el deterioro del orden público se tomó la agenda periodística. A continuación varios comentaristas del uribismo empezaron a criticar el supuesto relajamiento del gobierno civil en su manejo de la Fuerza Pública para la realización de sus tareas de control y seguridad. Y, por último, el partido Conservador, en cabeza de su presidente, y el presidente del Senado, Armando Benedetti, emprendieron una especie de campaña contra el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera. Se creó así un clima de incertidumbre y, evidentemente, la Casa de Nariño se sintió presionada.

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Así lo indican las declaraciones del jefe de Estado y de su ministro. La situación se tornó más delicada por el paro de los camioneros, que alteró la movilidad del país, y por la aparente incapacidad del ministro de Transporte de capotear la crisis. Después de tres días de tensión, el propio Juan Manuel Santos tuvo que salir a medios para poner una hora límite de desactivación del paro. También pronunció duras palabras contra Alfonso Cano. La semana terminó con ‘serias’ versiones sobre la muerte de Cano a manos de los militares. El palacio presidencial pareciera estar usando el mismo método de rumores que utilizaron contra el gobierno.

«Soy como Nostradamus»

Cecilia Orozco.— En los círculos políticos se dice que Armando Benedetti es la representación vívida del denominado ‘fuego amigo’ porque “dispara para dentro” ¿Qué opina de esta descripción?

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Armando Benedetti.— Que no le pertenezco a nadie ni debo nada. Que soy quien escoge a sus jefes y que el respeto y admiración que le tengo al presidente no se extiende a los miembros del gabinete. Y que todo esto me hace libre de decir lo que pienso.

C.O.—Con respeto: ¿Usted es como un volador sin palo, sin dirección ni freno?

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A.B.— Aceptaría ese término para describirme si me hubiera equivocado. Por el contrario, parezco Nostradamus: todo lo que he predicho, se ha dado. Algo más: me hago elegir para “fregarle” la vida a los demás porque aquí casi todo funciona mal. Tal vez me asimilan con esa frase porque soy más franco de lo que se acostumbra en el trasegar político.

C.O.— ¿Cómo define su personal estilo?

A.B.— Como el de alguien que no hace cálculos a la hora de decir lo que piensa. Cuando usted habla de mi “personal estilo” seguramente se refiere a que soy directo, sincero, a que no aparento y a que soy de los pocos políticos capaces de ponerse en los zapatos del ciudadano común.

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