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Ella, considerada una de las mujeres más elegantes del mundo, debía asistir, un día después de la declaración, a una recepción en la galería Serpetine, ubicada en el corazón de Hyde Park en Londres. Los fotógrafos la esperaban, listos para tomar la imagen de la mujer que había sido engañada por años. La princesa que se bajó del carro los dejó con la boca abierta: Diana vestía un traje negro, hombros descubiertos, medias veladas del mismo color y un collar ajustado al cuello. Los titulares no dudaron y llamaron al espectacular vestido “El traje de la venganza”.
Tres años después esa flamante aparición, el “traje de la venganza” fue subastado, junto a otros 70 vestidos y ayudó a recaudar 6 millones de libras (18 mil millones de pesos) para obras de caridad a favor del Sida y la prevención del cáncer de mama.
Vestirse para Diana siempre fue un hecho cultural. Muchas de sus apariciones públicas fueron documentadas tanto por los paparazzis que no la desamparaban, como los diarios que la registraban como representante de un Estado. Por eso se pueden hablar de fechas: la larga falda rosada que utilizó en el cumpleaños 50 de la princesa Margarita en 1980; el denominado “vestido de Elvis”, un diseño de Catherine Walker, blanco, cubierto de perlas con un cuello que imitaba a los que utilizaba el “Rey de Rock” y que Diana utilizó durante una gira por Hong Kong en 1989, entre otros. Se vestía para hacer historia.
Y los diseños que se hacían para ella significaban eso. Impacto. Titulares.
En 1985, Jaques Azagury intentaba abrirse paso en el camino de la moda de Londres. Había iniciado con relativo éxito un almacén y estaba exponiendo sus productos en Barney’s and Bergford en Nueva York, en los que se destacaban sus bolsos inspirados en su mayor pasión: el cine.
“Alguien se acercó detrás de mi y me dijo ‘Me gustaría presentarle a alguien’ Cuando yo me di vuelta para ver quien me estaba hablando, lo primero que vi frente a mí fue la princesa Diana. Yo me quedé de una sola pieza. La mujer que me había hablado era su acompañante en ese momento. Me comentaron que habían visto algunos vestidos que tenía en el stand y querían trabajar conmigo”, le contó Azagury a El Espectador.
Tal vez lo que había llamado la atención de Lady Di fue un vestido de terciopelo negro, adornado con estrellas azules y una falda turquesa. Lo que había en el stand de Azagury era apenas una primera etapa del diseño que él quería, pero Diana le había encantado lo que había visto y de inmediato comenzaron a dejarlo listo para que la princesa lo luciera en la ocasión más adecuada. Por supuesto, el registro no se puedo obviar.
“Lo lució en Florencia, Italia, ese mismo año. Ella asistía a una cena de gala que ofrecía el alcalde de la ciudad en honor de los ilustres visitantes. Yo tengo que aceptar que muchas soy muy reservado con mi trabajo, pero no puedo negar lo feliz que estaba que ella llevara puesto un diseño mío. Fue emocionante”, recordó Azagury desde su boutique ubicado en la zona de Knightsbridge.
Después del hito en Florencia (Que después hizo parte de una colección de vestidos fueron expuestos en el Palacio de Kensington junto a otros de la reina Isabel II y su hermana, la princesa Margarita), Azagury se unió al séquito de diseñadores en los que estaban Catherine Walker, Victor Edelstein y Zandra Rhodes.
Le hizo 18 vestidos más. Durante esos casi 12 en los que trabajó junto a ella (En 1997, año en el murió, le diseñó un traje entero negro que ella utilizó en su cumpleaños 36 para una recepción en la Tate Gallery). Azagury pudo estar de cerca con una de las mujeres más famosas del planeta. Para él, la princesa Diana era una mujer especial, sensible y con un concepto claro de la elegancia y la moda.
“Fueron años muy especiales los que tuve trabajando para ella. Era una mujer que no estaba preparada para ser un ícono de la moda, pero la convirtieron de algún modo y ella lo aceptó y lo convirtió en casi su sello personal. Era una persona que nunca se podrá olvidar”, dijo el diseñador.
Después de su muerte en Paris, Azagury continúo con su boutique en Londres, vistiendo ocasionalmente estrellas para la alfombra roja, como Helen Mirren. Sin embargo, hace más de un año los productores de un proyecto acerca de la Princesa del Pueblo se le acercaron para pedirle para ayudarle con el vestuario. “Dudé mucho en aceptarlo. Me parecía que era revolver todas esas cosas que habían quedado guardadas después de su muerte. Pero me di cuenta que era un proyecto serio y acepté”.
El proyecto se convirtió en realidad: Diana, la película del director Oliver Hiersbiegel (El mismo de “La Caída” donde se retrataban los últimos días de Hitler) y protagonizada por la bella Noami Watts en el papel de Lady Di, se estrena este viernes aquí en Inglaterra. En esa película se retrata la vida de la princesa de Gales en sus últimos dos años, en cuales ella utilizó varios diseños de Azagury.
“En la película salen ocho vestidos mío. Fue un trabajo interesante porque me tocó diseñar vestidos nuevos para una persona con dimensiones mucho más pequeñas que las de la princesa, que era una mujer espectácular, largas piernas, alta con presencia. Sin embargo lo máximo que llego a vestir fue talla 12. Noami, es más pequeña y apenas llega a un talla 6/8”, recordó.
Pero no por su tamaño fue distinto trabajar con la actriz sudafricana, quien hizo toda la prueba de vestido en una sola mañana, lo que para el diseñador fue casi un regalo. “Es una mujer dinámica, hizo el trabajo mucho más fácil y me encantó trabajar para ella. Me parece que el papel que logra es impresionante”.
Pero después de vestir a Diana durante tantos años siempre llega la pregunta de rigor: la duquesa de Cambridge, Kate. Para Azagury, quien todavía no le ha tocado diseñar para ella, una de las grandes diferencias ella y la fallecida Diana es que la actual esposa del heredero al trono William ha sabido ser muy inteligente frente al tema de la que hoy sería su suegra, al que ha evitado sin hacer mayores escándalos.
“Diana le tocó convertirse en un ícono de la moda. Kate no tiene que hacer lo mismo y desde siempre, siendo una mujer muy elegante, también ha mostrado una independencia sobre el tema que deja en claro que no quiere ser un referente en este tema”, opina Azagury,