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¿Al comenzar el segundo Mercado Musical del Pacífico (FMP), podríamos hacer un balance del primero?
Es gratificante y motivador, porque la gente que vino se dio cuenta de la necesidad de tener un evento del sector para el sector, para que las bandas crezcan y circulen.
Además de la muestra cultural que se ve en un gran festival como el Petronio Álvarez, hay que hacer canales de distribución para que las bandas crezcan, se profesionalicen y se exporten.
Es un nuevo mundo, acá no había pasado; en Medellín pasa hace cinco años, en el Caribe hace seis, y en Cali estamos en un proceso de acostumbrar al sector a lo que está pasando. Es una región que es muy rica, pero que no es tan preparada.
¿En temas concretos, qué podrías decir sobre bandas que viajaron, o van a viajar a partir de pactos realizados en el Mercado pasado?
Hubo bandas que se fueron a Brasil, Perú, al Festival Siete Mares, de Lima; también fueron a Ecuador. Tenemos promotores nacionales que también han hecho contratación con bandas para sus festivales.
Este año hay un enfoque muy fuerte con Ecuador, país con mucha tradición afro en especial en el municipio de Esmeraldas. Se han creado puentes y la idea es que circulen músicos entre ambos países.
¿Qué podrías contar sobre el país invitado, quiénes vienen?
Está Lucia Patiño, directora del Teatro Sucre, que es como el Colón en Colombia;, además maneja el teatro Variedades de Quito, y escenarios en barrios con públicos diversos.
Fabiola Pazmiño, de la fundación Hilo Negro, que organiza eventos musicales. Vino Javier López, director de discografía del Ministerio de Cultura. El productor Ivis Flies de muy buenos discos, y autor de un libro sobre el rescate de la música afro e indígena en Ecuador, un trabajo excelente.
Creo que son unas 45 personas que llegan de Ecuador, entre manager, músicos y promotores de espectáculos, que irán a ver las bandas que se presentan dentro del Mercado, como las del Petronio.
¿Esa cercanía con el Petronio es un valor agregado para el Mercado?
Claro, es una gran ventaja, porque se aprovecha un evento que hace que la ciudad sea musical por una semana, y motiva a los promotores a venir al festival que celebra la cultura afro del Pacífico colombiano, es un lujo.
El Petronio tiene también la misión de mostrar, trae al músico de pueblos de Nariño, Cauca, Chocó, hacia la ciudad y trae públicos de Bogotá, Medellín, Cartagena, y público extranjero también.
Nosotros hacemos la otra parte, que esos grupos que convocó, también puedan viajar, sacarlos adelanten. Así se fomentan procesos, una banda abre el camino y otras la siguen y allí se integran todos los trabajadores de la música.
Eso lo necesitamos en Colombia, desarrollar otras oportunidades, la música como un trabajo remunerado.
¿A qué llamas mejorar la propuesta, teniendo en cuenta que estas músicas vienen de relaciones estrechas, con tradiciones, territorios, historias, seres humanos?
Es muy importante lo que mencionas; creo que mejorar no tiene que significar perder tu identidad.
La clave del asunto es que una banda auténtica, con su tradición, herencia, creencias del Chocó colombiano, o puede ser de un lugar de África, tiene algo fuerte, autentico, que hay que mantener, pero si tu intención, que no es obligación, es sacar tu arte al exterior y vivir la experiencia de ser un artista de giras, tendrás que acomodarte a un mundo que existe, que es un molde.
Los conciertos tienen reglas y horarios. Unos lo hacen, y les parece extraño, en especial los viejitos que descubren un mundo maravilloso muy tarde, pero lo asumen. Otros no lo quieren vivir, y no hay que forzarlos.
Debe haber gente que se dedique a trabajar ese patrimonio inmaterial que es el folclor, debe ser una persona preparada, lista y prudente para ayudar a que el tesoro que tiene crezca sin dañarlo, pero vaya a tocar un diamante sin dañarlo.