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Edgar Sosa, mi papá, se ufana conocer en detalle la banda sonora de la historia de amor con mi mamá. Dice para cada momento que han vivido, hay una canción. Sin embargo, dice, que, entre todas esas, hay una que le dedicaría una y otra vez a la mujer que finalmente le dio el “sí”.
“Yo sé que soy de tu agrado
No niegues en darme el sí
Que yo te he ofrecido a ti
Un matrimonio sagrado”.
Ese es el primer verso de una canción que mi papá escuchó por primera vez en la radio de su casa. La sintió tan suya que fue a busca al centro de Bogotá el vinilo para regalárselo a Fanory Velandia, mi mamá.
Esa melodía se convirtió en el himno de su romance y, ahora que lo piensan, dicen que el día de su matrimonio hubiesen preferido bailar esa canción, y no el vals. La noche de la boda el disco desapareció.
Como abeja al panal es el nombre de aquella canción que se publicó en 1990, mismo año en el que se casaron. Este tema hizo parte del álbum Bachata Rosa, el quinto disco de Juan Luis Guerra & 4.40, quienes, sin saberlo, definieron la historia de una pareja, así como la de una industria y la de un país.
Los bachateros no eran profetas en su propia tierra. A las altas clases dominicanas le incomodaba la existencia de ese sonido; les parecía rústico y ordinario. Incluso, llamaban al género “música de guardia”, de manera peyorativa, porque era lo que bailaban las personas que trabajaban en seguridad. Las clases pobres y asalariadas no les agradaban, por eso también le dieron el título de “música de amargue”. Sin embargo, cuando el niño nacido en Santo Domingo, que escuchaba bachatas en el carro de su tío, se hizo todo un hombre, la historia fue otra.
Euri Cabral, autor del libro Juan Luis Guerra Y 4.40, es testigo de ese hito que protagonizó el artista con Bachata Rosa, pues además de alcanzar el reconocimiento aquí, en el Niágara o en Fukuoka, preparó a este género para superar los prejuicios del clasismo.
“Jamás pensó que se iba a convertir en el responsable de vestir de gala a la bachata, de transformar por completo su lírica y su música, de hacerla símbolo de orgullo de los dominicanos y de llevarla por el mundo a ser conocida, bailada y respetada”, escribió Cabral en un artículo en el que explica la trascendencia histórica del cantautor dominicano.
Su amigo Roger Zayas, con quien fundó 4.40, dice que la virtud de su música fueron las metáforas, los versos y los poemas que tradujeron el sentir humano, especialmente el de los enamorados. “Nunca, en la historia de nuestros ritmos dominicanos, habíamos tenido una lírica con este estilo tan marcado de poesía. Eso, además del don de la melodía y la fuerza de sus canciones, nos regalaron un producto absolutamente diferente a lo que se tenía antes”.
Desde muy temprana edad, Juan Luis Guerra sintió una fascinación por el uso de las palabras, las letras y los lenguajes. Por eso fue a la Universidad Autónoma de Santo Domingo y se inscribió en el curso de Filosofía y Literatura. A pesar de eso, nunca se ha reconocido como un poeta. Más bien se ha hecho llamar un “hacedor de versos” que coquetea con la poesía, como lo aseguró durante el programa Noche de luz, en 2019, cuando lanzó su álbum Literal.
En ese cortejo, el cantante y compositor ha acudido a los que admira. Les pregunta y repasa por horas sus respuestas, las que encuentra siempre en el mismo lugar: los libros. Pablo Neruda, Federico García Lorca, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez han acompañado su carrera, desde antes que cualquier fanático.
Han sido estos autores los que han inspirado la poética de sus letras. “Estos son los grandes nombres de la literatura latinoamericana. Cualquiera que esté estudiando literatura tiene que estar en contacto con las obras de esos autores, los que Juan Luis Guerra dice que admira porque son unos genios. Que haya estudiado la estructura y la forma poética de esas obras le permitió desarrollar su propio estilo”, expuso Zayas, y las composiciones lo respaldan.
En este álbum de Bachata Rosa, las canciones tienen su historia en otros relatos. Burbujas de amor encontró su razón de ser entre las líneas de Rayuela, el libro de Cortázar. Aunque algunos han dicho que esta interpretación es una oda a lo sexual y lo erótico, realmente está lejos de ser eso. “Este libro es un monumento literario y Juan Luis se inspiró en una imagen de él, donde hablaba de un pez en una pecera. Muchas veces, un compositor o un letrista solo necesita de una o dos palabras para inspirarse y desarrollar hermosas imágenes”, recordó Zayas.
La maga, uno de los personajes principales de la obra del escritor argentino, es quien habla de los peces en la pecera: “Quién sabe –dijo la Maga-. A mí me parece que los peces ya no quieren salir de la pecera, casi nunca tocan el vidrio con la nariz”, se lee en el capítulo 25 de Rayuela. Esas palabras le sirvieron al cantante para crear una metáfora sobre el amor que resultó en un deseo de ser un pez para tocar con su nariz la pecera y hacer burbujas de amor por donde quisiera.
Para escribir la canción que lleva el mismo nombre del álbum: Bachata Rosa, también se sentó a conversar con un autor. Tomó el Libro de las preguntas, escrito por Neruda, y se preguntó si la rosa que encontró en el camino está desnuda o si tiene solo un vestido. Aquella flor es la misma por la que el autor chileno pidió respuestas en un poema de aquel libro: “Dime, ¿la rosa está desnuda o sólo tiene ese vestido?”.
Y así, vemos como los autores se hacen presentes en las composiciones del artista. De manera literal o como una aproximación a esos universos que descubrió cuando los leyó. Gracias a ellos encontró que podía ser un romántico y que sus canciones le serían suficientes para expresarle a Nora Vega, su esposa, cuánto la ama. De hecho, ha reconocido que sus letras pueden ser más tiernas de lo él que es. “Cuando eres un personaje muy tímido, como lo es él, saber comunicar la obra es un arma que conviene tener a la mano, y sí que ha sabido hacerlo”, dijo Zayas, quien además destacó que su amigo no solo escribe poemas sobre el amor. Que así como Joaquín Sabina, a quien admiran, las metáforas les han servido para hablar de otros temas “crudos” y “sociales”.
“No me involucro en política, pero sí me gusta hacer canciones comprometidas. Creo que es necesario un cambio en la actitud del hombre y necesitamos más honestidad e integridad. Esa es la razón por la cual he compuesto El costo de la vida, Visa para un sueño, El Niágara en bicicleta, Apaga y vámonos, La guagua o La calle con la colaboración de Juanes”, aseguró el artista en una entrevista para El País.
Bachatero, “hacedor de versos”, cantautor, poeta, o lo que sea, las letras de Juan Luis Guerra tienen una gracia que atrapa, que hace bailar y que acoge el sentir de los que aman y de los que viven. Pasa el tiempo y eso no cambia. La canción de amor de mis papás sigue siendo la que mucho esperan bailar en cada fiesta o en cada concierto, con aquel o aquella, que les robó el corazón.