La alquimia americana en el Festival

La organización temática de esta edición del Festival permitirá no solo identificar muchos de los elementos de la ciencia en la música, sino reconocer a nuestra región como protagonista de gran parte de la buena música que se ha compuesto en el último siglo.

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Nos recuerda Eli Maor, destacado historiador israelí especializado en el estudio de las matemáticas, que “Ígor Stravinski dijo que la forma musical se parece a las matemáticas, quizá no a las matemáticas en sí, pero si al pensamiento y las relaciones matemáticas, porque tanto las matemáticas como la música dependen de un sistema de notación eficiente: un conjunto de símbolos escritos que expresan un significado preciso”. Entonces surge para muchos el interrogante de si la música está más cerca de la ciencia o del arte. Los defensores de la ciencia podrían decir que el universo musical tiene diversas fórmulas y que los diferentes estilos poseen unas estructuras claras y definidas. Otros mencionarían la armonía y las sincronías para acercar una melodía al mundo de la física. Los artistas señalarían, entre otros, el asombro y la emoción para justificar que es un arte. Quizás algo parecido podría ocurrir con la poesía y siempre será arte y belleza, algo así como el “álgebra embrujada” de Emily Dickinson que nos interpretó William Ospina: “Las ecuaciones de la poesía descubren equivalencias en lo más impensado”. Una acertada combinación de palabras que usamos para la vida diaria puede conducir a la emoción y la sorpresa.

De igual forma se rememora en la historia que un día Pitágoras, mientras caminaba por una calle cualquiera, escuchó unos sonidos estruendosos que salían de la herrería. Notó que el sonido se había originado cuando el artesano golpeaba una plancha de metal con el martillo; cuanto más pesada era la lámina, más grave era el tono que emitía. De ahí la célebre teoría de las cuerdas, que investiga las vibraciones de los objetos que producen sonidos. Y son innumerables los relatos en los que coinciden las tesis científicas con la historia de la música: Kepler aplicaba las leyes de la armonía musical a los cuerpos celestes y quizá Galileo Galilei fue el primero en buscar una conexión entre la frecuencia de un cuerpo que vibra y el tono del sonido que transmite. El padre de Galileo, don Vincenzo, quien tocaba el laúd, era compositor a sus horas y destacado profesor de música. Dicen que fue don Vincenzo quien descubrió que el tono de una cuerda vibra proporcional a la raíz cuadrada de la tensión a la que está sujeta.

Por eso no es fortuito que el Cartagena XIII Festival Internacional de Música traiga como marca “Armonía celeste: el número, el sonido, la música”. Es sintetizar en la Ciudad Amurallada durante intensos días el azar sorpresivo de la belleza con la exactitud de las ciencias. De ahí que su programa venga cargado de una variedad de espacios donde se celebrarán las obras de grandes compositores como Johann Sebastian Bach, Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven, Béla Bartók, Ígor Stravinski, Sergei Prokofiev y Philip Glass, entre otros, por medio de claves como lo celeste, el cosmos, los planetas, los elementos de la tierra, formas números y simetrías, sonidos, colores, el infinito y alquimias.

Sin embargo, uno de los momentos esperados del Festival es el repertorio latinoamericano que se ofrece en el programa, con la presencia de destacados músicos nacionales y del continente, donde el mestizaje y la riqueza de la América musical tendrán una presencia importante. Todos los ríos que permitieron que entraran inmigrantes, familias, nuevos instrumentos y canciones que solo habitaban en la memoria de aquellos viajeros dieron origen a lo mejor de la música popular de este lado del mundo. Así el jazz, el tango, el bolero, la cumbia, entre tantos otros, permitieron darle una identidad al nuevo mundo desde una estética con rasgos muy definidos, donde el mestizaje ofrece las mejores fusiones para crear nuevos ritmos y vertientes musicales.

Así podremos encontrarnos con ritmos y músicos del país y del continente en varios momentos. En el concierto denominado “Armonía de los elementos”, la Orquesta Filarmónica de Medellín, bajo la dirección de Leonardo Federico Hoyos y con Mauricio Arias al piano y Santiago Cañón-Valencia al violonchelo, interpretará dos obras compuestas especialmente para este Festival: H2O Concierto para piano y orquesta de cuerdas, del italiano Carlo Pedini, y la Rapsodia de los cuatro elementos, del colombiano Jorge Pinzón. Estos dos estrenos, exclusivos del evento, serán una de las sorpresas reservadas para los espectadores y melómanos asistentes.

En el espacio llamado “Armonía de la alquimia”, el músico brasileño André Mehmari ofrece un repertorio en el que se puede trazar una cartografía de la música del Brasil en el siglo XX. Obras de Ernesto Nazareth, Tia Amélia, Tavinho Mora, Guinga, Edu Lobo, Chico Buarque, Egberto Gismonti y Milton Nascimento darán fe de las alquimias de este continente y de cómo la música popular nos ha interpretado y otorgado un lugar en el mundo. Así la célebre Clube da esquina, de Milton Nascimento, que se gestó durante varios meses de 1972 en una casa en una playa y se grabó en los estudios de la EMI Odeón en Río de Janeiro, llenará de magia el Festival. Y el fútbol, tema que ha sido abarcado por tantos músicos del Brasil, incluido el gran Chico Buarque, cuyo tema O futebol será interpretado por Mehmari como antesala de la participación de la Banda Sinfónica de Cajicá bajo la dirección de Diego Alejandro Arévalo. Así, el público podrá acercarse a uno de los capítulos más interesantes del folclor latinoamericano gracias a estas piezas que nos entregará con generosidad el joven director del Brasil.

Y también habrá un espacio para la “Armonía de la naturaleza”, donde la Filarmónica Joven de Colombia, bajo la dirección de Juan Pablo Valencia, interpretará el Concierto para arpa y orquesta, del músico argentino Alberto Ginastera, aquel discípulo de Aaron Copland y quien fuera maestro, entre otros, de Astor Piazzolla. Este concierto hace parte de la numerosa obra del compositor argentino donde se destaca la presencia de óperas, ballets, piezas orquestales, obras corales, conciertos para solistas, sonatas y música para películas. Una de las obras más famosas de Ginastera es la ópera Bomarzo, con guion del escritor Manuel Mujica Lainez, basada en su magistral novela. De igual forma esta Filarmónica también traerá al inmenso Adolfo Mejía con su famoso poema sinfónico Íntima.

La organización temática de esta edición del Festival permitirá no solo identificar muchos de los elementos de la ciencia en la música, sino reconocer a nuestra región como protagonista de gran parte de la buena música que se ha compuesto en el último siglo. También permitirá hacer un viaje por momentos del Renacimiento, el Barroco, la Ilustración, el Neoclasicismo y el Romanticismo para comprender cómo la sensibilidad de una época tiene en sus compositores su mejor banda sonora.

“Todo músico inteligente debería conocer las leyes físicas que subyacen en su arte”, dijo Clarence G. Hamilton en su breve libro El sonido y su relación con la música. Que sea esta cita con las armonías un pretexto para justificar esta sentencia.

 

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