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La música clásica va más allá de las esplendorosas notas que salen del escenario, de los músicos que las producen con sus instrumentos, de los compositores que las plasmaron en sus partituras y del equipo técnico que vela por la calidad del sonido. En el Cartagena Festival de Música, por ejemplo, tras bambalinas hay un andamiaje que se construye a partir de actividades que apuestan por una dimensión formativa y social.
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En paralelo a su programación de 26 conciertos, el encuentro artístico, que desarrollará hasta el 13 de enero su decimoséptima edición, tiene un calendario de eventos de entrada gratuita como las clínicas de lutería, esa artesanía centenaria cuyo propósito principal es preservar la vida de los instrumentos.
La sede San Agustín de la Universidad de Cartagena acoge en varios de sus salones a lutieres de los Centros de Lutería de la Fundación Salvi, entidad que organiza el festival musical. Estos especialistas ofrecerán servicios gratuitos de mantenimiento básico, así como instrucciones de mantenimiento y reparación de instrumentos para los habitantes de la ciudad y visitantes. Además, les enseñarán a jóvenes y adultos las bases del mantenimiento de instrumentos y compartirán conocimientos sobre su oficio con todos los interesados.
El epicentro más importante de la lutería mundial es la ciudad italiana de Cremona, a tal punto que su escuela, especializada en la fabricación artesanal de violines, fue incluida por la Unesco en su Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en el 2012.
“Nunca dos violines son idénticos. Cada parte del instrumento se fabrica con una madera específica, escogida con esmero y envejecida naturalmente. No se utiliza ningún material industrial ni semindustrial”, explica la Unesco sobre esta declaratoria.
Es una tradición que data del siglo XVI y de la que aún sobreviven algunos ejemplares de violines de tres cuerdas (los más tradicionales tienen cuatro), que fueron construidos por Andrea Amati, figura legendaria de la lutería. Los hijos de Amati continuaron con la tradición, que además se expandió a otros talleres y maestros, entre los que se destacó Antonio Stradivari.
La popularidad y el reconocimiento de Stradivari llegaron a tal punto que los pocos violines de su autoría que aún se conservan, los Stradivarius, tienen un valor en el mercado que puede llegar a superar los US$10 millones. En junio del año pasado, por ejemplo, la casa Christie’s, de Londres subastó por US$11 millones un Stradivarius construido entre 1683 y 1715.
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Para esta edición, el Cartagena Festival de Música estableció un vínculo con la meca de esa tradición artesanal y musical, pues contará con la presencia de varios maestros del Instituto de Educación Superior Antonio Stradivari – Escuela Internacional de Fabricación de Violines de Cremona.
En convenio con el instituto italiano y el Conservatorio del Tolima, en Cartagena se realizará, hasta el 13 de enero, el Seminario Internacional sobre Lutería, donde los maestros Daniele Carlo Pitturelli, Angelo Sperzaga, Daniele Renzi y Monica Anna Porfido adiestrarán a los estudiantes de Tecnología en Construcción y Reparación de Instrumentos de Cuerdas Frotadas del Conservatorio del Tolima. En las sesiones también podrán participar personas interesadas que quieran conocer los secretos de esta tradición centenaria.
En el seminario, que será en la sede San Agustín de la Universidad de Cartagena, se explorarán temáticas como la historia del violín, los principios del dibujo de la forma del instrumento, su diseño y relación con las matemáticas y la geometría y las técnicas de preparación y aplicación del barniz.
La parte académica de esta edición del Festival se complementará con el primer diplomado en Interpretación de Música de Cámara con énfasis en cuerdas y vientos. En alianza con el Conservatorio Giovanni Battista Martini, de Bolonia (Italia), y con el Conservatorio Adolfo Mejía, de la Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de Bolívar (Unibac), este programa contará con la participación de reconocidos maestros italianos, como el violista Antonello Farulli y el cornista Guido Corti.
Por su parte, la apuesta formativa engloba dos iniciativas que han sido vitales para el Cartagena Festival de Música: los conciertos conversatorios del musicólogo italiano Giovanni Bietti y la labor de la Orquesta Sinfónica de Cartagena.
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Bietti, una figura que se ha convertido en marca del evento, ha acompañado las jornadas de conciertos con sus explicaciones sobre el repertorio. Como es su costumbre, el musicólogo no solo da un contexto sobre los compositores, sino que acompaña sus charlas con intervenciones en el piano. En las jornadas del 12 y del 13 de enero, dedicadas a los compositores colombianos, participará Jaime Monsalve, jefe musical de Radio Nacional, quien hará un viaje por la vida y obra de Antonio María Valencia, Adolfo Mejía, Luis A. Calvo y Guillermo Uribe Holguín, entre otros.
Finalmente, la Orquesta Sinfónica de Cartagena protagonizará el concierto de cierre del festival. Esta agrupación tiene un doble componente: artístico y social, pues desde sus inicios se pensó como un proyecto que permanezca en diálogo con la población cartagenera. La orquesta nació en 2016 como una iniciativa de la Fundación Salvi, que busca que jóvenes instrumentistas sinfónicos complementen su educación musical con una experiencia de inmersión artística y formativa.
El proyecto, que funciona como una orquesta estable de y para los jóvenes músicos de Cartagena de Indias, lleva tres años consecutivos con una agenda constante de ensayos y presentaciones. De esta manera, la música clásica seguirá palpitando en Cartagena a lo largo del año.