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Música poética, música prosaica

‘Preludio a la siesta de un fauno’ y ‘Mamá Oca’ son dos maneras complementarias de vivir la literatura a través de la música.

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A la hora de acudir al mundo de la literatura en busca de ideas, los músicos han sido más que recurrentes. Dentro de los muchos ejemplos que nos depara al respecto este Cartagena Festival Internacional de Música, hay dos que llaman la atención por sus alcances contrastantes, pese a pertenecer a compositores que fueron contemporáneos y miembros de una misma escuela estética.

Para muchos conocedores, el sensualismo del Preludio para la siesta de un fauno (estrenado en 1894) constituye el punto de partida de la música en la modernidad. El tema de flauta propuesto desde el inicio en la obra de Claude Debussy (1862-1918) es casi el resumen mismo de los intereses sonoros del compositor, entre los que se encuentran la exaltación de lo íntimo y lo introspectivo, la búsqueda de elementos en otras tradiciones, como la oriental, y la generación de imágenes mentales que después exploró con mayor profundidad (literalmente) en El mar (1905) y que sentaron las bases de la escuela musical impresionista a la que luego adhirieron Ravel, Satie, Dukas y algunos compositores españoles.

Debussy compuso este Preludio, que originalmente tendría dos segmentos más, interludio y paráfrasis, tras el profundo asombro que le produjo la poesía simbolista de Stephane Mallarmé, una obra que diluía lo aceptado hasta ese momento en pos del verso libre, las sensaciones, las imágenes y el escape de cualquier intento de realismo. Justamente las mismas búsquedas que Debussy llevaba a cabo en lo musical. Fue por ello que decidió trasvasar a la partitura el juego de impresiones que le causó La siesta de un fauno, de 1876, poema que había tenido otras versiones y que fue modificado por Mallarmé a lo largo de 10 años.

Unidos por una profunda amistad, poeta y compositor se vieron en el estreno privado del Preludio tocado por Debussy al piano, y allí Mallarmé declaró: “Esta música eterniza la emoción del poema y describe la escena con profunda pasión”. La escena a la que refiere el poema es la del fauno, divinidad de los campos y el pastoreo, con pies y cuernos de cabra, que toma un descanso luego de perseguir ninfas y muchachos, para encontrar de nuevo al objeto de su deseo entre sueños. El recorrido mental que el espectador trasiega durante la audición de la obra es, en definitiva, personal, pero siempre consecuente con la búsqueda final de Mallarmé, y ni qué decir de Debussy.

Contrario a la lluvia de símbolos y de imágenes por descifrar del Preludio, la obra Mamá Oca, de Maurice Ravel (1875-1937), apela más a expresar que a sugerir. Subtitulada Cinco piezas infantiles, se trata de una suite en la tradición de música para niños de Prokofiev, Britten y Orff, que se plantea desde su propio lugar estético y temporal la narración de historias para niños, empleando como imagen central a Mamá Oca, figura mítica de origen francés a quien la tradición atribuye prácticamente todas las historias populares y los cuentos asombrosos. Ataviada con pañoleta, antiparras y largas polleras, Mamá Oca es una venerable anciana dispuesta a contar las más extraordinarias aventuras a los niños que se pasean por su bosque. Si bien las primeras referencias al personaje datan de mediados de 1660, se haría más popular en 1683 con la aparición de Cuentos de mi madre la oca, de Charles Perrault, primer gran ejemplo de los llamados cuentos de hadas y libro en el que Perrault le concede a Mamá Oca la autoría de clásicos tan clásicos como Caperucita Roja o El gato con botas.

Justamente Mamá Oca de Ravel se basa en cuentos de Perrault y de su rival histórica, la Condesa de Aulnoy, musicalizados para dos pianos y estrenados en ese formato en 1910. Dos años después, tras el interés que causó la obra en su primera ejecución, el compositor decidió convertirla en una suite para ballet y adaptarla a la orquesta completa con dos movimientos más, siendo reestrenada así en enero de 1912. Algunas de las historias citadas en esta breve y desenfadada suite son las de Pulgarcito, La Bella Durmiente y La Bella y la Bestia. Ravel explicó sobre su escritura que “el propósito de evocar en estas piezas la poesía de la infancia me ha conducido naturalmente a simplificar mi estilo y a hacer más sobria mi escritura”.

Acaso el Preludio a la siesta de un fauno y Mamá Oca estén hermanadas por la presencia de seres mitológicos y fantásticos, más allá de la pretensión de cada una de contar historias o imprimir fotografías sueltas en la mente. Como quiera, son dos ejemplos diferentes de cuánto tiene por prodigarnos la música que apela a la imaginación.

Enero 6, 7:00 p.m.

Teatro Adolfo Mejía.

Boletería: www.primerafila.com.

* Jefe musical Señal Radio Colombia.

 

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