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León Benavente hoy no quiere hacer nada, pero ha hecho muchas cosas en sus diez años de carrera. Acaba de lanzar su quinto álbum y ya perdieron la cuenta de los conciertos que han hecho y las ciudades que han visitado. En su nuevo álbum se siente cansancio, grito, molestia. Una molestia que incomoda.
—Más que incómodo es que te hace reflexionar —me corrige Abraham Boba, vocalista de la banda.
No es la primera vez que tocan temas sociales o existenciales. Su primer disco había sido el más crítico y quisieron volver a ello, pero renovando su sonido. Ya habían coqueteado con la electrónica, pero en este álbum se fueron de frente con ella. Hay sonidos pop y otros más pesados, y parece haber una búsqueda por esos sonidos rústicos, o abrasivos, como sugiere Abraham.
Se nota la intención de sonar más pesados en esta producción…
Más que pesados, diría que contundentes. Cuando estamos componiendo un disco, ya estamos pensando en cómo va a sonar en directo. En nuestros conciertos se mueve una energía muy salvaje y bestia. Es cierto que es un disco denso o abrasivo, pero también hay un acercamiento al pop mucho más directo que en otros discos de León Benavente. Hay canciones como “Nada” y “La aventura” que son las más descaradamente pop que hemos hecho en todos estos años.
“Nada” es lo más cercano al pop desde lo musical, pero lo más lejano en la letra porque reivindica el ocio, el no hacer nada.
Diría más bien que es una oda a la inactividad. Parece que en esta sociedad eres lo que haces, entonces, en el momento en que no haces nada, desapareces. La sociedad pide que tu productividad sea constante y estar alimentando a la bestia continuamente. Somos una banda que nos lo trabajamos: cinco discos en diez años y muchísimos conciertos. Eso exige mucho tiempo, pero creo que está bien ir un poco en contra de las normas que está dictando la sociedad continuamente.
También hacen una crítica a la “alta costura”, un tema que toca actualmente el cine, en películas como “El triángulo de la tristeza”.
Las canciones de Léon siempre han intentado estar ligadas al presente en que vivimos. Quizás en el primer disco había un acercamiento más directo a lo social y político por todos los movimientos que surgieron a partir del 15M (movimientos de los indignados en contra del bipartidismo en España) y mucha gente nos decía que éramos un grupo político. Nuestras canciones nunca han dejado de ser políticas, hablen de lo que hablen. Pero, en el fondo, es un poco osado decir que hablamos de la sociedad y de lo que nos preocupa porque vivimos en España, que es un país con problemas de clase media; es decir, no vivimos en Gaza ni en África.
Se sigue manteniendo la estructura de diez canciones en sus discos, ¿eso también es una búsqueda?
Lo que hay es una selección de canciones: por el hilo, el viaje de la primera canción a la última, el orden y demás. Tiene que ver también con que venimos de una generación en que los discos se escuchaban enteros, de arriba abajo, no canciones sueltas o de playlist. Entonces supongo que esa también es nuestra forma de hacer discos. No es nada que tenga que ver con la numerología o algo por el estilo. Diez canciones siempre tienen eso de disco redondo, cinco canciones en cara A y cinco cara B. Es un disco muy directo, de canciones cortas y que dura poco: 35 minutos.
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Sin duda, hay una búsqueda estética desde la estructura de sus álbumes y desde el discurso crítico que, incluso, refleja algo de ironía y humor. Fue una producción que se gestó desde la pandemia, en medio de lo que Abraham considera un “mundo distópico”.
El músico español, además de ser el que escribe las letras de la banda, escribe sus propios poemas y dice que tiene alguna influencia de la literatura latinoamericana. Aunque piensa que uno de sus máximos referentes, Gabriel García Márquez, no representa tan bien lo que busca reflejar en sus letras.
—Todo este realismo mágico lo he leído y me gusta, pero creo que lo mío está más ligado a la realidad sucia.
—Toda esta onda de Bukowski —le complemento.
—Sí, y esa onda de la literatura norteamericana que siempre me ha interesado y me sorprendió cuando era joven.
Una literatura que incomoda al que la lee, como incomoda al que escucha Nueva sinfonía sobre el caos, el nuevo disco de León Benavente.
—Pero también te hace bailar— agrega Abraham—. Más que incómodo es que te hace reflexionar. No me parece que sea derrotista y, en el fondo, es todo lo contrario, es muy vital, aunque no recurre a los clichés de la canción luminosa como “el sol sale por la mañana”.
—Un disco incómodo que se puede bailar —le sugiero.
—Llorando en la pista de baile — me vuelve a corregir el español.