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Primer día de Rock Al Parque 2012: el poderío de lo extremo

Tres escenarios simultáneos obligaron a tomar decisiones tan dolorosas como prescindir de los tracks de algunas bandas.

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La masa uniformada de negro bendijo el bramido del rock duro. Sus descargas dejaron el espíritu del Simón agrietado. Miles de caras se vieron rendidas al poder de artilleros que lanzaron un arsenal de canciones no aptas para todos los estómagos, diseñadas para tripas extremas, para devotos del alto voltaje. (Vea la galería de fotos).

Porciones de público pilotearon la gloria y la pena de no tener el poder de la ubicuidad: tres escenarios simultáneos obligan a tomar decisiones tan dolorosas como prescindir de los tracks de algunas bandas. Descartada la pausa para comer. La elección de algunos fue orbitar en función de sus ídolos, y la de otros, tentar al azar, confiar en los horarios, y prometer a las piernas que después del pogo llegará la calma y que el martes pos Rock al Parque no se moverán del sofá.

La audiencia roquera recibió un alud de música que hizo que miles de oídos rudos, llegaran al éxtasis.

En el escenario PlazaFeroces guitarreos, depurados con sonido progresivos del nuevo milenio inauguraron la tarde con la banda de Patricio Stiglich. Luego de un par de sus cortes despertó la lluvia. Los dioses de Rock al Parque rugieron enojados, las cuerdas de Stiglich los aplacaron quizá invocando a Satriani, Surfing with the Alien como él, haciendo malabares con la guitarra. Presagio de un día poderoso.

Eternal de Medellín con 17 años y formación renovada atiborró de delirios góticos. Deliciosos momentos de letanías narcóticas, clásicos y batallas libradas entre una voz de ángel y otra de demonio fueron el paraíso para pobres mortales. Luego del edén, preparados para la guerra, llegaron los músicos capitalinos de Aire Como Plomo con rezos expiatorios de efecto demoledor. Cambio de Frente propició un cataclismo de metalcore y deathcore con su percusión endiablada, golpes reiterativos hasta el desquicie y guitarras rabiosas.

Los pogos se multiplicaban, del círculo que nació en la mitad al inicio de los shows, brotaron dos pogos de nenas, dos pelirrojas los lideraban. Las guerreras derribaban muros.

La audiencia atestiguó el inicio del purgatorio con las visiones oscuras thrash y death de los antioqueños Daycore, plagadas de letras crudas escupidas en inglés. Pura furia blanquinegra. Los Colombo-americanos Inquisition envolvieron en ceremonias de black propiciadas por la voz, guitarra y bajo de Dagon y la batería de Incubus. Con mucha mística, infecciosas melodías y vocales siniestras, estos Dráculas epilépticos de pelo largo, con sus himnos negros hicieron alzar los brazos al público y arrasaron con la vorágine de temas de sus placas, incluidas las del reciente Ominous Doctrines of the Perpetual Mystical Macrocosm. Por fin, después de extrañar la afluencia usual de gente del día extremo del festival, había cuorum en el Parque. Loath Some Faith hundió sus entrañas en el death, fortalecidos con filosas guitarras y contundentes interpretaciones masacraron el estrado con los cortes de anteriores EPs y material nuevo reluciente. El agite de melenas se acrecentó. Vader arribó desde Polonia decapitando santos siniestros. El respetable se tornó en una convulsa marea. Por minutos el vocalista se paseó entre el público, pogueó y cantó con quienes lo aclamaron todo el día. A punta de death los músicos quisieron convertir al Simón en una necrópolis imaginaria con sus historias mórbidas, botando truenos. Y lo lograron. Muchos quedaron sin respiración. Todo terminaría bajo los acordes de la Marcha Imperial de La Guerra de las Galaxias.

Escenario BioDione abrió el telón desposando la distorsión con máquinas. Bártulos electrónicos, sangre refrescante para el viejo monstruo del rock. Blood Fate mantuvo el ánimo intacto con sus visos heavy progresivo, riffs vulcanizados que le dieron calor al día. Infested Co, un grupo de titanes lidiadores de tarimas en distintas bandas del metal colombiano sacudieron adeptos con virus de deathcore, thrash, progresivo y black, formando un bloque sólido y compacto, libre de fisuras.

Terminal War armados en Soacha irrumpieron con toda su imponencia y sus discursos sociales pregonando que El Imperio Ataca , en cortes como Terrorista, que canta sobre sórdidos gobiernos que promueven la seguridad nacional y en sus versos grita: “Gobierno indecente, gobierno criminal. Terrorista, eres uribista”. Koyi K Utho contraatacó amplificado con excesos escénicos y canciones mutantes que siguen ganando rotundidad, temas recalcitrantes con latigazos cyber core , industriales y otros derroches. Fueron animales mecánicos que resoplaron Fire on Fire. La audiencia convulsionó. Vendetta pensó Mazinger. El stage copado.

Krisiun les mostró a los fans cómo es la combustión en el infierno. Los hermanos Max y Moyses Kolesne, y Alex Camargo dueños de revelaciones apocalípticas y poseedores del dominio de las fuerzas negras, desataron una tormenta de brutal death. Muchos oídos explotaron de felicidad. Headcrusher, la banda con nombre de canción de Megadeth armada en Pereira y radicada en Austin, llegó aplastando cabezas. Botando thrash, death y hardcore reafirmó por qué está instalada en altos peldaños de los sonidos duros nacionales. Se sintió el South American Hate Storm. Rematando la noche apareció el convulso mundo interior de los norteamericanos The Dillinger Escape Plan, criaturas del mathcore apareando el hardcore, el jazz, el noise,etc. con ambigüedad futurista, llevaron erupciones al extremo. Cargados de frenetismo jazzero, como si Miles Davis hubiese sido poseído por Primus, daban saltos sin red. El vocalista que subió a los parlantes, y cruzó las vallas, fue alzado por los oyentes que coreaban y gritaban hasta la demencia. De lo mejor. Un estudiado arsenal que hizo echar chispas. Dinamita pura.


Red Bull PanamericanaLa arremetida de Blin One Camp le quitó la cinta nueva al escenario y provocó espasmos, hizo que un círculo de oyentes se parara literalmente de manos. Luego de seguir la instrucción: Insert Coin, el público pasó al siguiente nivel. Los estrategas de juegos antiguos de consola Eight Bit Memory (8BM) adictos dependientes de los controles, de simuladores, y de una realidad de maquinitas pasadas, imanaron enmascarados con caras de videojuego maniobrando el Kaoss Pad y el GameBoy . Pasados unos cortes mostraron sus rostros y sacudieron sus melenas. Sobrepasaron los puntos.

Revez retornó a la rabia, su vocalista ataviado con camiseta de Pantera, bendecido por el espíritu de Dimebag Darrell sometió a los espectadores. Legacy of the Fallen pisó duro con sus cuerdas causando fogosas pesadillas que traspasaron el portal de lo irreal.

El azote a la frivolidad y el poderío hardcorero lo apersonó Compromiso 5-4 que resonó con una puesta certera y sin muchos recovecos. Con carisma combativo, racionando hits pretéritos y actuales formas, Pitbull dictó el orden del caos con un repertorio anárquico genial. El Sagrado apuntó discursos de riffs agitados fraguando bofetadas de sonido que aluden a lo religioso, político y social, con talento y sarcasmo doblegó la hinchada y remató una jornada que dejó a miles despelucados, y con los ojos hasta la barbilla deseando más de mil y una noche roquera.

Vea el especial de Shock sobre Rock al Parque.

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