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Sara Modiano y el reencuentro del ser

Siguiendo los pasos de la artista de Barranquilla.

03 de mayo de 2010 – 04:58 p. m.

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La reina pensó que “nadie” era

alguien, así que preguntó:

– ¿Pero entonces por qué no ha

llegado aún Nadie?

– Señora, ¡Nadie es nadie! –replicó Alicia.

– ¡No seas tonta! Lo comprendo: Nadie debe ser Nadie, pero debería haber llegado antes que tú.

Alicia en el País de las Maravillas

Aunque parecía difícil que Alicia lograra convencer a la reina de que “Nadie no es alguien”, las nuevas obras de Sara Modiano (Barranquilla, 1951) le habrían dado la razón a la reina al demostrar que “Nadie” sí es alguien porque, como nos dice la propia artista, “nadie somos todos”.

Hace un año, tras muchos de residir en España y en Estados Unidos, exhibiendo por todo el mundo, la artista decidió regresar a su Colombia natal donde ha comenzado una serie de obras que incluyen objetos provenientes de comunidades de Cartagena, Santo Tomás y Barranquilla, hecho que dota su obra plástica de contenido social.

Esto es claramente apreciable en su último trabajo, Contacto (2009), obra realizada con malla metálica que le sirve para configurar y unir varios compartimientos cuadrados hechos cada uno a medida de los objetos que contienen. En este caso se trata de ollas, sartenes y otros recipientes redondos de aluminio de uso típico para la cocina, de tonos plateado, dorado y negro. Cada recipiente es único y se distingue de los demás no sólo por su forma sino por las diferentes huellas y señales que el uso y el paso del tiempo les ha imprimido. Para la artista, estas marcas revelan cuentos e historias cuyos protagonistas son todas las personas que han usado estos objetos, a través de los años, de forma diferente. Cada olla representa un cuerpo material que ha pasado por muchas manos anónimas y que ahora espectadores anónimos podrán observar colgadas en el muro, estableciendo así un contacto y una comunicación entre todos aquellos que han formado parte de la vida del objeto y los que ahora lo observan.

La obra de Modiano es conocida internacionalmente por su marcado aspecto geométrico y su profundo sentido íntimo, características que siempre están presentes en las obras realizadas durante los últimos treinta años.

La inclinación hacia el estudio de lo geométrico y lo racional aparece ya en sus primeros trabajos realizados en los años 70 y es la causa que la lleva a explorar la tridimensionalidad en sus pinturas, relieves y, posteriormente, también en sus intervenciones en el espacio. La propia artista define una de sus pinturas como “supremamente tridimensional”. Dicha obra, galardonada con el premio honorífico en el Salón de Artes Visuales de Valparaíso en 1975, está constituida por una cuadrícula que se expande más allá de los límites del lienzo proyectando el espacio hacia dentro y hacia fuera. Una dicotomía que se percibe tanto en las esculturas en malla metálica, realizadas desde los años 90, hasta las recientes series de fotografías sobre ella misma en tonos plateados.

El ladrillo: entre el espacio y la mente

Modiano estudió Bellas Artes en universidades de Barranquilla y Bogotá en un momento en el que el arte conceptual comienza a desarrollarse en Colombia. Este contexto impulsa a la artista, por un lado, a trabajar la escultura y la performance y, por otro, a formar parte del grupo de barranquilleros conceptuales en el que también participan Álvaro Barrios (1949), Ramiro Gómez (1949) y Álvaro Herazo (1947), entre otros. Modiano experimenta con el ensamblaje y el uso de materiales naturales distintos como el ladrillo, con el que crea grandes construcciones de forma escalonada y laberíntica que comunican el interior/sombra con el exterior/luz. A esta época pertenecen sus Laberintos, unas composiciones pintadas con spray en las que la geometría, la profundidad y el juego de planos claros y oscuros conforman una estructura laberíntica.

Estas son, precisamente, las primeras obras en las que la artista relaciona la profundidad espacial con la introspección psicológica, ya que el diseño del laberinto se crea paso a paso de forma intuitiva sin saber ni dónde ni cómo va a acabar. La artista continúa estudiando la relación entre el espacio y la mente en sus intervenciones al aire libre tal y como ocurre en la galería subterránea, comparable a un hipogeo, construida en ladrillo para la XVI Bienal de São Paulo en 1981 y en acciones como Casa tomada, un espacio inundado de ladrillos que se transforma en un laberinto por el que solamente puede circular una persona.

Estos trabajos aspiran, por un lado, a que el espectador contemple la interacción entre conceptos opuestos tales como dentro-fuera, arriba-abajo, claro-oscuro, estático-dinámico y, por otro, a que se establezca una relación entre el público y la obra para que la obra consiga esa cualidad dinámica y abierta que poseen sus esculturas con malla metálica.

Fascinación por la malla metálica

La red metálica como material artístico fue descubierta por Modiano cuando vivía en Palma de Mallorca, donde se asentó durante parte de la década de los 90. En la isla, el uso de malla metálica es común tanto como material de cerramiento como para jardinería. Atraída por los materiales de uso popular, Modiano deja de lado el ladrillo para experimentar con la malla metálica, elemento que se convierte en un material esencial en sus obras y que hoy en día sigue utilizando. Ella misma explica su fascinación por la red metálica: “Simplemente me gusta, es exacta, ingrávida y transparente. Crea una representación visual tridimensional que no limita y no es restrictiva”. La primera instalación que compone con este material es Anima, una obra diáfana que vibra en el espacio que consta de cuatro torres formadas por cubos modulares de malla. Esta obra fue posteriormente nominada al Premi Ciutat de Palma Antoni Gelabert en 2002.

La torre vuelve a aparecer en trabajos posteriores. En ellos, Modiano introduce máscaras que representan su rostro en las torres y lo hace flotar en el espacio. En esta serie de obras tanto las caretas con su imagen como los cubos que las contienen se repiten. La repetición es una estrategia para producir un estado vibratorio en la pieza y realzar la energía del espacio a través de su rostro.

La autodeterminación de la artista por plasmar lo espiritual e intangible en lo material, la lleva a buscar en la profundidad de su subconsciente. Esta búsqueda se convierte en la fuente de inspiración de sus series fotográficas tomadas en Miami, ciudad en la que reside hasta su reciente regreso a Colombia. La serie Reflejos (2007) documenta varias performances en las que Modiano baña su cuerpo en pintura de color metálico y se transforma en una escultura viva, un espejo que refleja su energía y su estado emocional, “el de una mujer fuerte y con el ego alzado”, según palabras de la artista. La sensualidad, el placer o la sensibilidad humana se manifiestan en imágenes estáticas en las que tiempo y espacio parecen haber dejado de existir.

Su enérgico interés en transformar una imagen bidimensional en una que se mueve a través del espacio y del tiempo, lleva a la artista a realizar su serie Thin Slice (2008), en la que hace finas incisiones sobre algunas de sus fotografías anteriores para conseguir que la imagen “vibre”, que plasme lo que se oculta más allá de la superficie o del retrato, de modo que podamos analizar los niveles ocultos que se encuentran detrás de la imagen física.

Tras su regreso a Colombia, la artista ha dejado de reflejar la intimidad del ser a través de ella misma y ahora lo hace a través de los demás. Un cambio de rumbo que cierra el círculo iniciado por Modiano con el uso de materiales cotidianos, como el ladrillo y la malla metálica, para mostrar una imagen introspectiva del ser humano basada en los materiales que la gente local le proporciona.

Las obras de Modiano no han dejado de analizar al ser humano y, en este caso, lo hacen a través de unas historias íntimas y cercanas que acaban demostrándole a la Alicia del País de las Maravillas que, en el fondo, nadie somos todos y que la reina tenía razón al esperar a “Nadie”.

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