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Comenzó la temporada de toros en Colombia. Y comenzó bien. En Une, Cundinamarca, con la celebración del vigésimo quinto aniversario de la inauguración de su plaza con un buen cartel: Solanilla, Moreno Muños y José Miguel González, el más joven rejoneador que tenemos con cuatro novillos de Las Ventas del Espíritu Santo y uno de El Manzanal.
Une es un pueblo de 7.000 habitantes, situado en los pliegues surorientales del macizo de Sumapaz. Es reconocido por la variedad y la calidad de su papa, que entre otras cosas impone el precio en Corabastos. Las plazas de provincia tienen un encanto especial. Son pequeñas y, digamos, familiares. A los toreros se les ven los rostros –sus miedos, sus ambiciones, sus victorias– y a los toros, sus miradas, siempre dulces. Pero además, hay algo auténtico en sus públicos: son más alegres, más directos, más simples en sus demandas y quizá sean herederos del respeto sagrado que se le tiene al toro, un animal tan poderoso. Hay una atracción adicional a las corridas de pueblo: pisarles las huellas a toros y toreros en las pequeñas plazas: Fontibón, Chinácota, Guateque, Ventaquemada.
En Une, César Rincón era parte del respetable y claro, de hecho, la primera autoridad de la corrida. La Presidencia le consultaba desde lejos, lo acataba, mientras el ex matador –cuesta poner el prefijo– miraba con una atención penetrante de maestro cada movimiento de sus toros y de los toreros, que también toreaban para él.
La tarde estuvo esplendorosa y transparente. El ganado de Rincón, bien presentado, salvo el primero, de 430 kilos, cornigacho, que correspondió a Moreno Muños. En general fueron nobles y dieron juego. Moreno –quien recibió la alternativa en febrero del año pasado en las Ventas de manos de El Juli y Ponce– abrió con lances de verónica, uno logrado, con los pies clavados y una media airosa. Ofreció su faena a Rincón. Un puyazo agobió al novillo, que se fue de bruces un par de veces.
Las banderillas de Rodrigo Arias, El Monaguillo, al que pocas ganas se le vieron, fueron de buen recibo. Moreno ejecutó una buena tanda de derechazos, algunos apretados al punto de que en uno de ellos el toro se le coló sin consecuencias. A Solanilla le tocó un segundo bello, colorado, bien armado, bravo, de 420 kilos. Remató en todos los burladeros, de izquierda a derecha.
El joven matador, que refrendará su alternativa en Manizales el próximo 8 de enero, lo recibió con toques de prueba hasta que, mirada la personalidad del astado, lo recogió. Recuerdo ahora tres medias verónicas mandando y templando. Lo llevó al caballo por chicuelinas pulidas. Un par de puyazos y el toro se vino abajo. Banderillas vistosas, una de Piña terminó en un estrellón contra el tablero. El tercero –320 kilos– de El Manzanal.
Un novillo-toro que parecía una vaquilla. De cabeza grande y fea pero cuernos cómodos y muy afeitado y apenas 330 kilos. Bonitos caballos los de González, altos, ágiles, fuertes. No lo acompañó la suerte. El toro, a pesar de su estampa, resultó perseguidor y puso en aprietos varias veces al jinete, que no dejó los rejones donde se deben dejar. Entró a matar después de varios intentos, clavó entre vértebras y el toro rodó paralizado a la arena, y vivo lo arrastraron porque Piña, el estimado subalterno, no logró descabellar. Raro y deslucido episodio. Y antirreglamentario eso de arrastrar un toro vivo.
El quinto y último –420 kilos– fue el más buen mozo de la corrida. Negro, con trapío y con una cornamenta altiva. Dio dos vueltas al ruedo buscando pelea, que se la dio Moreno con una larga de rodillas, muy aplaudida. Verónicas de paso, sin piso y un puyazo que dejó al toro como para mover de cabestro. Con la muleta Moreno citó sentado en el estribo, pero tuvo que abandonar el desafío porque su enemigo respondió rápido y entableró al torero. Mató de una estocada baja después de dos pinchazos. Le otorgaron una oreja no bien merecida.
A Solanilla le correspondió el cuarto de la tarde y le cortó dos orejas. El toro duró en salir y salió desconcertado, pero recobró la casta. Dio una vuelta con alegría y el matador lo recibió rodilla en tierra. Difícil lance. El animal lo apretó y Solanilla recobró su sitio. ¡Que lo tiene! Sabe conocerlo y sabe ocuparlo. Torea con garbo, manda, tiempla y para. Pero lo hace con la punta de la muleta. Trata de atraer el animal a su cuerpo, pero se detiene cuando los olés están a punto de oírse. En naturales cargó la suerte. Si se arrima más, abrirá la puerta y las puertas. Mató con una bien colocada.
Solanilla con Bolívar son nuestro futuro. Bella tarde la de Une. La afición le rindió agradecida un homenaje a César.