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Era el duelo del año. Los máximos triunfadores de la temporada colombiana se midieron en mano a mano. Una tarde de rivalidad en la que ambos salieron de la plaza como sólo lo saben hacer. A hombros. Y lo hicieron tras triunfar de forma apoteósica.
La balanza numérica se inclinó a favor del torero francés. Castella cortó cuatro orejas a sus dos primeros toros, y pudo haber ampliado la cifra a seis si hubiese acertado con el estoque en el quinto de la tarde.
Pero más allá de las cifras, Sebastián dio una tarde completa. Sus dos primeros tuvieron la virtud de perseguir los engaños con clase y nobleza. Pero su principal pecado fue la falta de fuerza, que impedía que persiguieran hasta el final.
No fue obstáculo para que Castella no consumara su triunfo. Porque las muñecas del torero francés se convirtieron en el perfecto equilibrio para evitar que los toros se cayeran. Con sutiles toques de muleta supo encelar a sus oponentes. Pero más aún, conducir con suavidad y largura las embestidas de los toros de Las Ventas del Espíritu Santo, que siempre querían seguir la invitación de la muleta de Sebastián, pero sus arrestos no aguantaban.
Las dos primeras faenas de Castella tuvieron ese denominador común. Pero también un toreo relajado, y por momentos, desmayado, especialmente cuando acariciaba la muleta con la mano izquierda. Porque eso fue lo que hizo Castella, acariciar con su muleta las nobles embestidas de sus oponentes. Cuatro orejas era el reflejo de la contundencia de su toreo.
Pudo cortar las dos del quinto, otro toro de noble condición pero que se apagó muy pronto. Ante esa circunstancia, Castella aplicó la fórmula de encunarse cerca de los pitones, arriesgando una cornada, o que el toro persiguiera la muleta. Finalmente, consiguió lo segundo, en un arrimón que llevó el sello tradicional del torero francés. En este no tuvo la misma contundencia con la espada.
El colombiano Luis Bolívar no se quedó atrás. Motivado por el espíritu nacionalista que surgió en la plaza, y por el amor propio de un torero que no admite que nadie le gane la pelea, puso entrega y actitud pese a que sus dos primeros toros no ofrecían con facilidad el triunfo.
Su primero se fue a tablas, luego que en los medios prefería buscar el cuerpo del torero que perseguir la muleta. El cuarto de la tarde fue mejor. Sus primeras embestidas permitieron a Bolívar torear con temple y pasárselo muy cerca en dos muletazos cambiados por la espalda. Las series de toreo en redondo fueron ejemplo del dominio y el poderoso trazo que ha desarrollado el caleño. En este turno cortó una oreja, pese a haber escuchado un aviso.
En el sexto y último de la tarde, el torero colombiano pudo disfrutar más. Todo porque el toro embestía con mayor emoción. Hubo naturales para el recuerdo, rematados con recortes muy airosos, incluso que recordaron tauromaquias antiguas. Bolívar, supo administrar las virtudes de su oponente para que su faena transmitiera. El público ya coreaba los oles con algarabía. Esta vez la espada tuvo contundencia. Las dos orejas le permitieron salir a hombros junto a Castella. Los dos toreros se fueron en honor de multitudes, en una muestra de su enconada rivalidad que los ha unido en esta temporada.
Ficha
Duitama, plaza de toros César Rincón
Lunes 12 de enero de 2009
Tres cuartos de entrada
Se lidiaron seis toros de Las Ventas del Espíritu Santo, justos y desiguales de presentación, y de noble juego en general. Pesos: 440, 440, 450, 470, 468, 458 Kilos
Sebatián Castella (verde manzana y oro): dos orejas, dos orejas y gran ovación
Luis Bolíver (agua marina y azabache): silencio, oreja tras aviso y dos orejas.