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Los medicamentos antiparasitarios son los que se usan para tratar las parasitosis, que son enfermedades infecciosas producidas por unos seres vivos: los parásitos. Pero cuando se habla sobre desparasitadas se piensa primero en las de animales y mascotas; pero no, las personas también la necesitan y de forma periódica.
Los parásitos se pueden encontrar en el aparato digestivo humano. Hay dos grupos diferentes: los protozoos y los helmintos. Son frecuentes en todo el mundo y aunque afectan a todas las edades, los niños están expuestos a un riesgo mayor.
Por eso quienes son padres deben estar alertas a los síntomas. “Cambian según el parásito que se trata. Los más comunes son: prurito (picor) anal, dolor y distensión abdominal, vómitos, diarrea y fiebre. Aunque algunos menos frecuentes en niños y adultos son pérdida de peso, malestar, tos, alteraciones del sueño e irritabilidad”, explica Francisco Vélez, médico pediatra.
Aunque existen ciertos medicamentos de libre venta para este fin, es mejor consultar al médico sobre qué proceso es mejor, al igual que, según recomendaciones de Vélez, es importante primero informar si una mujer está embarazada o si esa persona sufre o sufrió alguna enfermedad hepática o que consume otro tipo de medicamentos con frecuencia.
Pero, ¿por qué se debe realizar este proceso? Porque los parásitos pueden llegar al organismo de niños, niñas y adultos por diferentes vías, como el agua, las manos sucias, alimentos contaminados con restos de heces o alimentos crudos o mal cocinados.
“Los antiparasitarios actúan directamente sobre el parásito en el tubo digestivo humano y alteran su estructura y provocan su destrucción”, cuenta Vélez.
De acuerdo con el especialista, entre las parasitosis más frecuentes en el entorno y los fármacos que se emplean para curarlas son: Giardia Lamblia: metronidazol o tinidazol; Cryptosporidiosis: rehidratación oral o intravenosa; Enterobius vermicularis: mebendazol o pamoato de pirantel; Ascaris lumbricoides: mebendazol o albendazol; Trichuris thrichura: mebendazol, tenias (saginata, solium): praziquantel, y Hymenolepis nana: praziquantel.
Cómo detectarlos
Lo ideal es acudir con un médico general o un gastroenterólogo para que confirme el diagnóstico, considere la realización de estudios especiales e indique el tratamiento adecuado. No se recomienda automedicarse, ya que puede enmascarar síntomas, retrasar el diagnóstico y llevar a posibles complicaciones.
En el caso de los niños, es importante acudir al pediatra, debido a que a pesar de que suelen ser utilizados los mismos medicamentos mencionados anteriormente, la dosis debe ser adaptada según el peso y la edad que tengan.
Cómo evitar contagios
Los parásitos pueden estar siempre alrededor del agua, en el suelo e incluso en la comida que no fue bien lavada. Por lo tanto, para protegerse y evitarlos es importante seguir algunos consejos, como tener las manos limpias, lavándolas con agua y jabón; después de usar baños o frecuentar lugares públicos como autobuses; evitar caminar descalzo, principalmente en suelo con tierra y lodo; no beber agua que no esté debidamente filtrada o hervida, y lavar e higienizar las ensaladas y frutas antes de comerlas.
Paso a paso para la desparasitación en niños y niñas
El Ministerio de Salud y Protección Social hace de forma periódica un llamado a los padres, madres y cuidadores de niños, niñas y adolescentes entre uno y 14 años a llevarlos a desparasitar para reducir riesgo de anemia, prevenir retraso en el crecimiento y contribuir al desarrollo cognitivo, motor y del lenguaje de esta población.
“Las infecciones causadas por ingestión de alimentos o bebidas contaminadas con huevos de gusanos procedentes del suelo y por penetración de larvas o gusanos de estos parásitos a través de la piel cuando el suelo está contaminado con materia fecal afectan más a los niños y niñas en el grupo de edad entre cinco y 14 años, concentrando el 80 % de la carga parasitaria”, dice Iván Cárdenas, subdirector de Enfermedades Transmisibles. La Organización Mundial de la Salud recomienda desparasitar masivamente a la población de riesgo de zonas endémicas, promover hábitos higiénicos adecuados y uso del calzado, así como garantizar el acceso a servicios básicos como agua potable.