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Titanes Caracol 2025

Finalistas de la categoría Ciencia, tecnología e innovación

Estos son los cuatro finalistas de la categoría Ciencia, tecnología e innovación.

01 de diciembre de 2025 – 06:30 a. m.
Finalistas de la categoría de Ciencia, tecnología e innovación.
Finalistas de la categoría de Ciencia, tecnología e innovación.
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Una escuela para germinar el futuro

Ramón Majé, Cafelab.
Foto: Ramón Majé, Cafelab. / Cortesía

¿Cómo mezclar el boom del café del Huila, el amor por la región y la curiosidad por la tecnología? Era 2017 cuando Ramón Majé fundó Cafelab en una escuela rural de Pitalito, al sur del Huila. En medio de cafetales, este proyecto nació como una apuesta por unir la educación rural con los desafíos concretos del territorio, especialmente en un momento marcado por la crisis climática. Con el tiempo, este proyecto se transformó en un ecosistema educativo vivo, donde los estudiantes no solo aprenden, sino que investigan, experimentan y crean a partir de la ciencia, la tecnología y la innovación. Allí, los niños programan sensores, producen contenidos audiovisuales para resaltar los saberes campesinos y desarrollan iniciativas de economía circular que fortalecen la sostenibilidad local, que está muy marcada por el cultivo y la recolección de café. Cafelab ha tejido su liderazgo desde el territorio mismo: entre el cultivo, el aula, el laboratorio y la vereda. Con pasión y disciplina, este profesor ha impulsado una forma de educación que funciona como herramienta de justicia climática, de dignificación del conocimiento rural y de transformación social. Tal vez el mayor logro de este esfuerzo sea ver a los estudiantes convertirse en científicos, comunicadores, programadores y líderes ambientales profundamente comprometidos con el bienestar de sus comunidades. “El docente es un líder que aporta a la transformación del ser humano. No es solo pensar qué planeta le vamos a dejar a nuestros hijos, sino qué hijos le vamos a dejar al planeta”, afirma con convicción este docente que dedica cada uno de sus días a que todos sus estudiantes nunca pierdan esa curiosidad por aprender y ese impulso por crear y hacer del mundo, no importa si se comienza desde una esquina del sur del país, un lugar mejor.

Impulsar para educar

Yunior Godoy, Misión Icfes
Foto: Yunior Godoy, Misión Icfes. / Cortesía

En las madrugadas frías de las veredas más apartadas y en las casetas comunales donde la señal apenas llega, Yunior Godoy aparece con algo más que computadores y tabletas: llega con la convicción de que cada joven merece una oportunidad. “Motivo a los jóvenes a que se inscriban en las regiones más apartadas. Los ayudamos a que se inscriban, porque en estas zonas o no saben usar la plataforma o no tienen posibilidad de conexión”. Para él, la tecnología es una herramienta, pero el motor real es la motivación.

La iniciativa que hoy lidera nació en 2019, inspirada en una experiencia que marcó su paso por la Universidad del Valle. Allí conoció el trabajo de organizaciones de base de comunidades negras que realizaban PREICFES comunitarios. Esa cercanía con estudiantes que luchaban contra barreras económicas, sociales y tecnológicas sembró una idea que con el tiempo se volvería un propósito: evitar que más jóvenes quedaran por fuera del sistema educativo simplemente por no lograr inscribirse al examen de Estado.

Su proyecto está dirigido a quienes viven la vulnerabilidad en carne propia: jóvenes sin acceso a internet, madres cabeza de hogar que estudian en las noches, obreros que intentan hacer coincidir sus turnos con el horario académico, estudiantes de fines de semana que se ven superados por las plataformas o por la falta de tiempo. Para cerrar esa brecha, Yunior decidió sacar el proceso de inscripción de las oficinas y llevarlo a los territorios. Su equipo recorre barrios, comunas y zonas rurales, instalando puntos en fundaciones, colegios, salones comunales y cualquier espacio disponible. El factor que lo diferencia no es solo la logística, sino la cercanía. Yunior escucha, orienta, pregunta, explica paso a paso cómo usar la plataforma. En el fondo, él sabe que si esa inscripción se concreta, algo cambia en la vida de esa persona. Su liderazgo se sostiene en una vocación educativa profunda y en una convicción inquebrantable: mejorar el acceso a la educación básica y superior transforma realidades.

Creando circuitos desde el Llano

Rogers Wilches, Robotic Foundation.
Foto: Rogers Wilches, Robotic Foundation. / Cortesía

En Yopal, Casanare, la historia de Rogers Wilches es la de un ingeniero que decidió convertir la tecnología en una herramienta para transformar vidas. Ingeniero electrónico, docente universitario y antiguo instructor del SENA, Wilches descubrió que su verdadera misión no estaba en los laboratorios ni en las aulas formales, sino en los barrios, escuelas rurales y espacios donde la ciencia parecía un territorio ajeno. “Mi labor hoy es transformar vidas a través de la tecnología. Que los niños entiendan que hay otras personas con discapacidad y que lo que hoy hacen sirva para tener un impacto en el bienestar y la calidad de vida de otros”, afirma.

Su proyecto nació casi por intuición, cuando ofreció a dos niños en situación de drogadicción un espacio educativo para protegerlos del entorno que los estaba arrastrando. Lo que comenzó como una actividad lúdica con computadores programables y pequeños circuitos creció rápidamente hasta convertirse en una alternativa inclusiva para niños y jóvenes —con o sin discapacidad— que buscaban un lugar donde aprender, crear y sentirse parte de algo más grande.

Hoy, en su academia, los estudiantes aprenden robótica, programación, impresión 3D, inteligencia artificial y electrónica básica. Conectan circuitos, diseñan piezas, imprimen prototipos y entienden cómo la tecnología puede resolver problemas reales. “La robótica lo motivó a querer estudiar”, dice con entusiasmo la madre de uno de los niños beneficiados. Con talleres en barrios vulnerables y visitas a colegios de varios municipios de Casanare, Wilches ha logrado que muchos niños sueñen con ser ingenieros mecatrónicos o programadores. Pero su visión va más allá: quiere que estos jóvenes puedan replicar lo aprendido, que sean multiplicadores de conocimiento en un territorio donde el acceso a la tecnología aún es desigual. Su liderazgo en ciencia y tecnología, y el impacto tangible en la vida de decenas de familias hoy son una huella indeleble en Yopal y todo el Casanare. Su historia es, en esencia, la de alguien que decidió que el futuro no podía esperar y que construirlo debía empezar por quienes más lo necesitan.

Llevar la inclusión hasta el mar

Camilo Mejía, Handy Boats
Foto: Camilo Mejía, Handy Boats. / Cortesía

Hay imágenes que marcan momentos. Aunque también se necesita de un ojo empático que se ponga en las situaciones de otro. Camilo Mejía encontró una necesidad en la población con discapacidad al presenciar en una playa cómo un hombre en silla de ruedas no podía acercarse al mar porque su silla se atascaba en la arena, mientras su pareja, con más ímpetu que acierto, intentaba mojarlo llevándole agua en las manos. Su mente de ingeniero entró en funcionamiento, esa escena lo motivó a investigar y descubrir que en Colombia más de un millón de personas en silla de ruedas enfrentan situaciones similares, sin poder disfrutar plenamente de sus vacaciones por la falta de infraestructura y productos accesibles. Inspirado en otros modelos internacionales, pero buscando evitar diseños costosos y con apariencia hospitalaria, Camilo se embarcó en la tarea de crear sillas anfibias y productos inclusivos, pero con un estilo moderno, funcionalidad y precios asequibles, para mejorar la calidad de vida y promover el turismo accesible. El proyecto con el tiempo ha buscado ofrecer soluciones que dignifiquen y faciliten la experiencia de las personas con discapacidad, generando una oferta turística inclusiva que beneficie también al sector, especialmente en temporadas bajas. Los productos están diseñados y fabricados en el país, lo que permite personalización, innovación constante y atención directa. “Estos productos aumentan y resaltan la dignidad humana permitiendo que todos puedan disfrutar del agua, para que así todas las personas con movilidad reducida puedan disfrutar del ocio, tener una mejor recuperación y sobre todo una mejor calidad de vida”, cuenta Mejía. Este proyecto pretende no solo facilitar el acceso a playas y espacios acuáticos, sino también impulsar la inclusión social, el esparcimiento y la posibilidad de que las personas en silla de ruedas compartan plenamente con sus familias y amigos. Porque la inclusión y el bienesar es para todos, no importa si es en tierra o en agua.

 

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