
Foto: LUIS ANGEL
Injertos que salvan
Tiempo de lectura
Resumen generado por IA. Para más detalles, consulte el artículo completo.
¡Ahorra tiempo y mantente informado con El Espectador!
Lee nuestros resúmenes para informarte con los puntos clave de cada noticia. Te contamos lo que debes saber en pocos segundos.
Descubre lo más relevante
Lee lo esencial de esta nota con nuestra herramienta exclusiva de resumen con IA. ¡Pruébala ahora!
Cerrar
Para empezar a usar nuestra funcionalidad de audio suscríbete
o inicia sesión
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
2.0x
1.5x
1.0x
0.5x
¡Dale play para escuchar este artículo!
Te leemos la información completa para que tengas una experiencia más inmersiva en nuestro portal.
Cerrar
Aunque la medicina corría por las venas de Juan Carlos Briceño, porque su padre era doctor y su madre enfermera, él no quería seguir sus pasos. Decidió estudiar ingeniería mecánica y cuando hizo la tesis de su pregrado encontró la relación entre las dos profesiones.
Creó unos clavos intramedulares para usar en fracturas de la tibia, inmovilizando la fractura sin necesidad de un yeso y evitando una infección. Luego trabajó como asistente de investigación en la Universidad de los Andes y mientras trabajaba en la Fundación Cardio Infantil en Bogotá se dio cuenta de que unir las dos carreras era posible mediante una maestría en ingeniería biomédica cardiovascular. Viajó a Texas a cursarla y hace 20 años regresó a Colombia para trabajar en varios proyectos de ingeniería que sirvan para la salud.
Uno de estos son los injertos vasculares regenerativos. Actualmente, cuando a una persona se le daña una arteria se usan injertos sintéticos para reemplazarla según cada cuerpo y debe estar bajo estudio permanente para ver la reacción del organismo. “A mí me interesa el tema cardiovascular en niños. Y si a un niño le deben reemplazar la aorta –la arteria principal-, le instalan un tubito y a los cinco años lo tienen que volver a operar porque el niño creció y ya no es suficiente”, afirma el doctor Juan Carlos Briceño.
Por esta razón es que con un grupo de estudiantes ha experimentado la manera en la que puedan reemplazar esos injertos sintéticos por uno que se adapte al cuerpo y no deba ser reemplazado, de esta manera se pueden evitar más cirugías. Por lo que buscaron una sustancia que cumpla las veces de arteria y se renueve con facilidad. Para crear esta pieza, que se obtiene con el intestino delgado del marrano, lo que hace el equipo de investigación es retirar todas las capas de este órgano menos la submucosa, la indicada para este procedimiento, a ésta se le quitan las células manualmente cuidando los orificios para que ahí se adapten las nuevas células, las del paciente.
La ventaja de esta submucosa de marrano es que está hecha de colágeno y no causa reacción en el cuerpo humano. Sin embargo, en estos 20 años de investigación hay un problema que aún no han podido resolver y es que el colágeno causa una reacción trombo génica, es decir causa trombos, por lo que se necesita que la regeneración le gane a la formación de trombos, asunto que se traduce en una carrera contra el tiempo. Al colocase el injerto vascular regenerativo, la sangre comienza a fluir, las células empiezan a llegar y se regenera primero antes de que las células se tapen y sería un éxito para el paciente.
El proceso
A los frigoríficos llegan los marranos debidamente certificados, ese mismo día del sacrificio se les extrae la submucosa y luego se esteriliza. Después, en los laboratorios de la Universidad fabrican manualmente los injertos, cada uno es diferente y pueden ser más abiertos o cerrados para que se adapten al paciente.
Karen Tatiana Valencia Rivero, es licenciada en Física de la Universidad Pedagógica y estudiante de maestría en Ingeniería Biomédica de los Andes. Ella es la encargada de hacer los injertos, y en un promedio de cinco horas diarias hace dos, son corrugados y sus dimensiones son de 6 milímetros diámetro y 10 centímetros de longitud.
Si el prototipo sale bien, se aprueban pruebas in vitro (que duran seis meses) y si estas funcionan se hacen pruebas en animales. Estas las están practicando desde el segundo semestre de 2005 y cuando sean aprobadas por el Invima (Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos) para ser certificadas ya se pueden usar, pues no tienen un periodo de caducidad. Ahí se pasa a trabajar con humanos.
Estos injertos pueden ser usados en pacientes con insuficiencia renal crónica que deben someterse a hemodiálisis al menos tres veces a la semana. Por hacerse en tan repetidas ocasiones las venas se van dañando y ya no hay donde más hacer punción. Los injertos vasculares regenerativos, al regenerarse dentro del cuerpo, permiten pinchar varias veces al paciente sin generar daños.
De esta manera estos injertos podrían ser utilizados cada año por 300.000 personas en Estados Unidos y aunque en Colombia no existe un cifra concreta y solo se tiene la que calculó este equipo investigador podrían ser 2.000 pacientes al año que se beneficiarían de estos implantes.
Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación