
Jóvenes que le huyen a los cultivos ilícitos gracias a una oportunidad para estudiar
Tiempo de lectura
Resumen generado por IA. Para más detalles, consulte el artículo completo.
¡Ahorra tiempo y mantente informado con El Espectador!
Lee nuestros resúmenes para informarte con los puntos clave de cada noticia. Te contamos lo que debes saber en pocos segundos.
Descubre lo más relevante
Lee lo esencial de esta nota con nuestra herramienta exclusiva de resumen con IA. ¡Pruébala ahora!
Cerrar
Para empezar a usar nuestra funcionalidad de audio suscríbete
o inicia sesión
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
2.0x
1.5x
1.0x
0.5x
¡Dale play para escuchar este artículo!
Te leemos la información completa para que tengas una experiencia más inmersiva en nuestro portal.
Cerrar
Édgar Pereira creció en una zona donde los cultivos ilícitos reinan, así como los problemas derivados de estos. Además, se vive un tiempo en el que los hijos ya no quieren trabajar la tierra, sino migrar a las grandes ciudades para tener un destino diferente al de sus padres, que trabajaron toda su vida en una tierra olvidada por el Estado. Pero, más allá de querer huir de esa realidad en Norte de Santander, este joven quiere transformarla. Actualmente es beneficiario del programa Utopía de la Universidad de la Salle, que tiene como objetivo principal profesionalizar el campo y estimular a que los jóvenes a que se queden para trabajarlo, con el conocimiento y las herramientas necesarias. Este programa recibe recursos de Becas Sueños de Paz, de Bancolombia.
Édgar ya tomó sus clases teóricas y se encuentra ejecutando su proyecto productivo que consiste en cultivar melón en un cuarto de hectárea, con “un sistema de riesgo acolchado plástico con tecnologías diferentes de las que se usan normalmente”, explica con sus palabras, además de manifestar lo que significa para él ser agricultor. “Yo quise dedicarme a la agricultura porque mi familia por años ha sido campesina y me siento orgulloso de llevar en mi sangre ese empuje y la berraquera del campo”.
La información sobre la beca le llegó gracias a un padre de La Salle que estaba recorriendo la zona buscando muchachos que quisieran estudiar. ”Estaba en un corregimiento olvidado, no había internet ni nada; allí escuché al padre Ómar, que me invitó a presentarme a la convocatoria; hice entrevista, prueba de matemáticas y lectura y gracias a Dios, fui aprobado por el Consejo de admisiones para ingresar la Universidad de la Salle, pero debía pagar el primer semestre, así que me fui a hacer labores varias en el campo, para ahorrar el dinero necesario”. Alejandro recibe ahora el monto necesario para pagar la matricula, su manutención y el proyecto productivo. Solo debe aportar algo más de 57 mil pesos cada cuatrimestre.
“Le recalco a los agrónomos que deben estar en el campo, sembrando, no queremos agrónomos de oficina y mi sueño es seguir trabajando con comunidades apartadas donde el desarrollo rural es precario. Siempre miro al cielo y le doy gracias a Dios, porque si no fuera por esta oportunidad creería que me hubiera perdido en los cultivos ilícitos, porque las oportunidades son escasas. Por eso, ya que la tuve quiero seguir preparándome y cursar más adelante mi maestría en desarrollo rural y gestión”, concluye este joven.
Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación