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“Yo me siento muy feliz, me siento dichosa. Me vacunaron, me trataron con respeto y todo estaba muy ordenado en donde me correspondió”. Estas son las palabras de la señora Ligia Sabogal de Castro, quien tiene 87 años y vive en la ciudad de Bogotá. Toda su vida se dedicó a la costura, a educar a sus hijos, consentir los nietos y enseñarles lo que ha aprendido de la vida. Ahora como señala “no puedo hacer mucho, pero me gusta mantenerme ocupada. Si Dios nos da esa salud debemos aprovecharla y más en medio de esta pandemia”.
La señora Ligia es alegre, su tono de voz denota energía y ese ánimo por compartir lo que sabe. En el mes de marzo le aplicaron la primera dosis de la vacuna, el próximo 7 de abril le pondrán la segunda, y desde ahí su vida a recobrado un poco de calma, en medio del caos y la incertidumbre que aún reina en el mundo. En sus palabras, “con la vacuna me he sentido más segura, divinamente de salud, no me dolió nada, ni el brazo y ahora puedo estar más tranquila, aunque sigo guardando todos los cuidados que nos recomiendan y reconozco que en un principio no estaba convencida de vacunarme, pero cambié de opinión”.
Como la señora Ligia hay millones de personas mayores que están a la espera de su segunda dosis, o incluso la primera y poder tener esa oportunidad de vacunarse y proteger la vida. La vacuna como una esperanza de seguir soñando y otra oportunidad en la vida. “Desde que vacunamos a mis papás ya estamos más tranquilos porque sabemos que son de la población vulnerable pero no bajamos la guardia y nos sumamos a ese llamado para que las personas se vacunen”, señala John González, inmunólogo y profesor titular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Los Andes, quien explica que con frecuencia se encuentra con personas que se resisten a la vacuna o que ya están vacunados y bajan la guardia.
En este contexto se debe aclarar primero que “las personas que se vacunan generan anticuerpos semas después de recibir las dos dosis y, por lo tanto, no pueden relajarse en las medidas, sino por el contrario seguir con el distanciamiento social, el uso del tapabocas y el lavado de manos. Y para quienes están pensando si vacunarse o no, nuestro llamado es que lo hagan, es la única forma de proteger la vida de las personas en este momento”.
Cuando el doctor John González se encuentra con personas que se rehúsan a la vacuna, hacer todo un trabajo de pedagogía para informarlos y guiarlos en cómo funciona, los riesgos y lo que se ha comprobado. Una labor fundamental, cuando hay casos en que las personas llegan y a ultima hora desisten de vacunarse y poner en riesgo su vida.
“Al principio no me quería vacunar, mis vecinos me decían cosas como que no era seguro, que nos querían aniquilar, pero me informaron y cambié de opinión pues los médicos se han esmerado y es un voto de confianzas”, asegura la señora Ligia, mientras que su esposo Aníbal Castro, quien tiene 90 años, indica que “yo siempre estaba esperando que me llamaran. Yo sí felicito a todo el personal médico, que Dios les de mucha salud, porque son ellos los que están trabajando para salvar vidas. Ahora que estoy vacunado ya puedo salir más tranquilo y tomarme unas cervezas con unos amigos, eso de vez en cuando”.
La sensación de seguridad de las personas que ha sido vacunadas impacta de una forma positiva incluso en su salud mental. “Es increíble como a ellos les cambia el ánimo, la forma de ver la vida y esa oportunidad de sentir que los cuidan. Eso es clave en todo el proceso porque muchos de ellos estaban sufriendo de ansiedad y depresión”, señala González.
Ese fue el caso del señor Carlos Eduardo Bohórquez Méndez, de 82 años y quien el siete de abril está citado para su segunda dosis de la vacuna. “Con la pandemia al ver las noticias y los casos de personas muertas me generaron angustia y sufrí un tema de ansiedad. No fue algo fácil yo estaba solo, pero lo superé con profesionales de la salud que me han tratado con mucho aprecio y me han acompañado en todo el proceso”.
El señor Carlos Eduardo habla pausado, con calma y cada una de sus palabras están cargadas de ese esfuerzo y gratitud por la vida que ha llevado. Él fue desplazado por la violencia y llegó a la ciudad para escapar del horror de la guerra y empezar una nueva historia. Hizo el bachillerado en la modalidad nocturna en el barrio La Perseverancia, luego por cosas de la vida aprendió de temas de computación en IBM y la Ford y luego se presentó a la Policía de donde finalmente se pensionó.
Todo lo logró con mucho esfuerzo y pudo sacar adelante a sus hijos quienes viven fuera del país, pero ellos le ayudan con todo lo que requiera. “Ahora con la vacuna yo sí me siento más seguro porque puedo salir a caminar, eso sí con todas las normas, a mí me gusta cumplir con las normas y pues cuidar de los demás, porque no es solo mi salud sino no enfermar a otros. Eso de la vacuna me pareció fácil, me trataron con respeto, de una forma gentil”, dice Carlos Eduardo Bohórquez.
Para que el proceso sea exitoso, es clave la comunicación. Ya que algunas personas están con sus cuidadores o familiares y pueden tener diferentes dudas, por eso, informarse, despejar los interrogantes e ir a fuentes confiables facilita todo el proceso de vacunación y más cuando las personas mayores están a cargo de sus cuidadores o familiares.
“En mi caso yo siempre respeté la decisión de mis padres. Pero mi mamá si se estaba dejando influenciar, pero yo siempre he estado de acuerdo con la vacuna porque creo en la ciencia y lo que hicimos fue hablar del tema y elegir la mejor opción que en este caso es vacunarnos porque no tenemos de otra”, señala Enrique Castro, de 67 años, quien se dedica a lo que salga u oficios varios porque enfatiza que en Colombia después de los 45 años no hay trabajo para nadie y toca rebuscarse la vida como se pueda. Está a la espera de la llamada y hacer parte de esa población vacunada. Su mensaje es claro: “entre todos vamos a salir de esta y es bueno que creamos en la ciencia”.