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Para los constituyentes del 91, el principal problema del sistema político colombiano radicaba en el control que los dos partidos tradicionales ejercían sobre el acceso y uso de los recursos del Estado. Una situación producto de los pactos con que el Frente Nacional había buscado frenar la violencia bipartidista: un reparto de los cargos públicos casi en forma exclusiva y milimétrica para rojos y azules.
Sin embargo, la consecuencia de este pacto fue un cierre de la democracia que impidió que nuevas expresiones políticas y demandas ciudadanas se expresaran por las vías institucionales. Sin embargo, la decisión de abrir el juego político, si bien partió de un diagnóstico institucional correcto, también fue incompleta.
Más que la aparición de nuevas expresiones políticas, lo que se dio fue la fragmentación interna de liberales y conservadores, que multiplicó el número formal de partidos en la competencia electoral. Y la mayor parte de esos partidos fueron liderados por dirigentes que consideraron más rentable y provechoso tener colectividad propia. Nacieron las llamadas ‘familias partidistas’ y en el tumulto no fue fácil diferenciar cuáles eran realmente nuevos y cuáles reciclaje de la política tradicional. El nuevo esquema reforzó el carácter personalista de la política.
Otro efecto perverso fue el incremento del costo de las campañas. Dado que éstas se financiaban individualmente, la circunscripción nacional a Senado multiplicó de forma exorbitante los gastos logísticos. Y la nueva dinámica generó un escenario propicio para la infiltración permanente de fuerzas ilegales en la actividad política. En 2002, los efectos destructivos de la fragmentación partidista alcanzaron su punto más alto: el número de partidos llegó a 72 y el número de listas inscritas al Senado fue de 323. Se impusieron entonces la indisciplina y el transfuguismo.
Mediante el Acto Legislativo 01 de 2003, la clase política intentó recomponer el camino, buscando reducir el número de partidos y mejorar la disciplina; sin embargo, no se afectó el hecho esencial del carácter individual de las aspiraciones políticas. Además, las investigaciones del proceso de Justicia y Paz condujeron a la revelación de los profundos vínculos entre políticos y paramilitares. Hubo un cataclismo político, una tercera parte del Congreso fue investigado y muchos se fueron a la cárcel. Y todo sucedió sin que los partidos hicieran nada para impedir esas alianzas.
La respuesta institucional fue la elaboración de una nueva reforma que introdujo la responsabilidad política de las colectividades en la conformación de las listas e incorporó castigos para las organizaciones que consiguieran cargos de elección popular mediante alianzas con los ilegales. Dicha reforma fue aprobada en 2009 en medio de una álgida discusión por lo que se conoció como la “silla vacía”. Pero siguió sin tocarse el punto central de los partidos en Colombia: el carácter personal de la elección. Hoy es claro que el desafío de los partidos ya no tiene que ver con su número, sino con su calidad.
GERMÁN VARGAS LLERAS
Ministro del Interior, fue candidato a la Presidencia de la República en 2010 a nombre de su propio partido, Cambio Radical, después de una larga trayectoria política que se inició en 1981, cuando a los 19 años fue elegido concejal de Bojacá (Cundinamarca) a nombre del Nuevo Liberalismo de Luis Carlos Galán, su mentor. Fue después concejal de Bogotá y en 1994 aspiró al Senado, siendo reelegido por cuatro períodos consecutivos.
FERNANDO ABRUCIO
Licenciado en Ciencias Sociales, con maestría y doctorado en Ciencias Políticas de la Universidad de Sâo Paulo. Ha sido profesor e investigador de la Fundación Getulio Vargas desde 1995, donde actualmente es coordinador del doctorado y las maestrías de los programas de Administración Pública y Gobierno. Se desempeñó como periodista político y en 2001 fue galardonado como el mejor joven científico político brasileño.
1. Partidos más transparentes
La primera tarea de la política será terminar de depurar la injerencia de las mafias y los grupos ilegales en la vida del país. Para ello, los partidos deben avanzar en la depuración y el control de sus militantes, en especial aquellos que aspiren a cargos de gobierno. Para gozar de la confianza de una sociedad cada vez más necesitada de buenos gobernantes, los partidos deben desarrollar mejores mecanismos de transparencia en su toma de decisiones y en su vida interna. Esto será crítico en relación con el financiamiento político.
2. Partidos programáticos
Los partidos deben mejorar su capacidad de presentar a la ciudadanía propuestas creíbles, con argumentos sólidos y viabilidad política y técnica. Esto enriquecerá el debate público frente a una ciudadanía cada día más educada y calificada y de cara a medios de comunicación cada vez más diversos e independientes. Mejores plataformas políticas contribuirán a distinguir con nitidez las diferencias entre las distintas ofertas electorales.
3. Mayor equidad de género
Las dificultades de los partidos para cumplir la cuota de género del 30% evidencian el carácter machista de la política colombiana. Las mujeres han brillado en todas las posiciones públicas y privadas y se destacarán con mayor relevancia cuando los partidos se preocupen por su incorporación y formación. Las mujeres en la política hacen la diferencia, especialmente por el énfasis en los contenidos sociales. Con mayor protagonismo y presencia femenina en los partidos, empezará a cerrarse la brecha de iniquidad.
4. Verdadera inclusión de minorías
Una revolución silenciosa viene ocurriendo: gracias a procesos como la consulta previa, las comunidades indígenas y afros han adquirido mayor conciencia de su propia identidad. Este empoderamiento se traducirá en una mayor necesidad de representación política y los partidos tendrán que abrir sus espacios en forma más efectiva para conseguir incorporarlos y evitar las tensiones que se generarán si estas comunidades no se sienten representadas.
5. Partidos conectados
El uso de nuevas tecnologías de información y la comunicación directa a través de redes sociales y otras formas de interacción deberán ocupar un lugar central en las actividades de los partidos. Una comunicación más directa, con mayores posibilidades de retroalimentación por parte de los ciudadanos, revitalizará el diálogo político, permitirá acercar a los jóvenes y desanquilosar a los dirigentes políticos. Gracias a las nuevas tecnologías, los partidos se acercarán a los ciudadanos y deberán desarrollar capacidad de respuesta.
* Viceministro de Asuntos Políticos del Ministerio del Interior