
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Antes de los 80, Casablanca era una olvidada y seca planicie, dedicada al pastoreo y al cultivo de un puñado de frutas y hortalizas. En esos días, poco o nada de vides.
Hubo que esperar a la testadurez de Pablo Morandé, uno de los grandes enólogos chilenos, para tomar conciencia de que Casablanca podría crear un nuevo hito y ampliar la frontera del vino chileno, muy engranada en los tintos y en el Valle Central. Para demostrar que estaba en lo cierto, Morandé se jugó su patrimonio y plantó allí las primera parras de Sauvignon Blanc, abriéndole la puerta a Chile al paraninfo de los vinos del frío, categoría que crece a ritmo acelerado, máxime cuando el calentamiento global amenaza las zonas más cálidas.
Soy un entusiasta de los vinos frescos de Casablanca, donde ya están radicadas más de una docena de viñas, algunas de ellas apoyadas por inversionistas extranjeros y otras, por emprendedores locales.
Entre estos últimos figuran los Cúneo Solari, quienes fundaron Viña Casas del Bosque en 1993. Son también los propietarios del grupo Falabella. Este núcleo familiar no ha escatimado esfuerzos económicos para poner a su bodega a la altura de las más destacadas del mundo, tanto por sus vinos como por sus servicios enoturísticos. También empujó el proyecto de incluir a Casablanca en el grupo de las grandes capitales del vino, entre las cuales figuran Burdeos, San Francisco-Valle de Napa, Oporto, Mendoza, Rioja, Verona y Manz-Rheinhessen.
Construida a 18 kilómetros del océano Pacífico y, por tanto, poseedora de un clima fresco e ideal para la elaboración de vinos de tierra fría, Casas del Bosque ha recogido muchas medallas en el camino por su manejo de las variedades blancas de ciclo corto de maduración, poco comunes en el resto del país. Y esto es porque las exigentes condiciones climáticas costeras se convierten en aliadas para los viñedos de Casablanca (como el frío y la niebla). La crítica internacional, encabezada por el Master of Wine británico Tim Atkin –la nueva autoridad mundial del rubro–, otorga calificaciones por encima de 90 puntos a vinos de Casas del Bosque por cepajes como Riesling, Sauvignon Blanc y Chardonnay, todos ellos frutados, frescos, cargados de una vibrante acidez natural, jugosos, cítricos, elegantes y con permanencia prolongada en boca. O sea, ideales para el maridaje. Iguales méritos se los lleva el Pinot Noir, que impresiona por su jugosidad de frutos rojos, sus notas achocolatadas, su cuerpo medio y sus taninos moderados.
Hace poco probé dos de los vinos disponibles en el mercado colombiano: el Casas de Bosque Sauvignon Blanc Reserva y el Casas del Bosque Pinot Noir Reserva. El efecto espontáneo que me causaron está plasmado en estos párrafos.
*Importa: Yadich Perú SAS (Grupo Tannic).