Llega el e-sommelier

Quizá la primera pregunta que uno debe hacerse, como consumidor de vino, es qué tanto terreno les sustraerá el e-sommelier a los profesionales de carne y hueso, quienes trabajan a diario recomendando vinos y bebidas en restaurantes, hoteles, tiendas especializadas e, incluso, algunos supermercados.

Hugo Sabogal
07 de diciembre de 2019 – 09:00 p. m.
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Como comunicadores, los sommeliers tradicionales transmiten, principalmente, información sobre tipos de vino, estilos, orígenes, composición alcohólica, descriptores olfativos y gustativos, y, por supuesto, recomendaciones para acompañarlos con comida. 

Pero resulta que este mismo contenido también lo almacena el e-sommelier en su extensa memoria, desplegándolo en monitores interactivos, valiéndose de un formato que garantiza rapidez en la consulta y anticipa una transacción impulsiva.

¿Cómo funciona? El cliente interesado toma una botella del escaparate y la pone sobre un círculo claramente demarcado, asegurándose de emplazar la etiqueta frente a una cámara de lectura. Y nada más. Los datos descriptivos del vino brotan en la pantalla, en un abrir y cerrar de ojos. En un índice complementario se incluyen referencias a precios, opciones de pago, y posibilidad de enviar el producto al carrito de compra o al domicilio.

El primer e-sommelier colombiano acaba de ser instalado en el nuevo Carulla Smart-Market, ubicado en la carrera 11 con calle 92, en Bogotá. De momento, se encuentra en periodo de prueba y solo abarca medio centenar de botellas. Pero en un futuro incluirá información de todos los vinos disponibles en la tienda y en la cadena, además de rubros como destilados y cervezas.

Me cuento entre quienes valoran el aporte de un buen sommelier tradicional. Su asesoría abarca no solo la información básica, sino anécdotas sobre la bodega o el enólogo, así como datos complementarios como altura del viñedo y composición del suelo. Porque él y su cliente saben que todo este conjunto de elementos se manifiesta en la copa.

Por eso, muchos confiados comensales les dicen a sus sommeliers de confianza: “Mire, elija usted por mí”.

Tan delicada tarea, obviamente, está aún fuera del alcance del e-sommelier. Porque, en verdad, su papel se enfoca en el comprador menos docto; comprador que, a propósito, suele acercarse temeroso a las góndolas ante la apabullante cantidad de botellas, cuyas etiquetas de papel le dicen poco o nada de lo que hay adentro.

En mi primera revisión del nuevo dispositivo, noté la ausencia de alocuciones capaces de contestar, de una manera más universal, aquellas preguntas usuales de un comprador local, quien utiliza frases como: “Estoy buscando un vino suavecito” o “no tan amargo” o “más fuertecito”. ¿Qué tal insertar la categoría apropiada a la que pertenece el vino? Es decir, vino blanco o tinto de cuerpo ligero, de cuerpo medio o de gran cuerpo. Es una referida nomenclatura que se ajusta perfectamente a lo que siente el bebedor normal cuando lleva el vino a la boca: o sea, ligero, intermedio o fuerte.

También sería clave que el e-sommelier presentara opciones a cada una de las variedades en oferta. Por ejemplo, si una botella leída por el escáner contiene un Merlot (bebida de cuerpo medio), el menú podría citar otros productos de cuerpo similar, como, Carménère, Cabernet Franc, Garnacha, Sangiovese o Zinfandel. Así, el radio de interés aumentaría.

Con todo, el “e-sommelier” es un avance clave para ayudar a impulsar la cultura del vino entre los no versados. Gana el cliente y, claro, gana el vendedor.

 

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