Publicidad

Puerto Rico, una tierra con sabor

Sin mayores halagos de por medio, una maravilla natural que una vez se ha disfrutado.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Será por eso que tantos grandes de este género musical le han dedicado estrofas completas a la tierra que los vio llegar al mundo y la que, una vez se divisa cuando se está a pocos minutos de aterrizar, da a entender el porqué es tan fácil la inspiración cuando se tiene un mar hermoso que se mezcla con el verde atrayente que brilla en cada rincón de la isla.

Al mejor estilo de la infraestructura norteamericana –porque Puerto Rico es un estado asociado de Estados Unidos–, el aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín es una megaobra que recibe con los brazos abiertos a propios y extraños. Por eso, resulta fácil tomar alguno de los cuatro carriles que dan la bienvenida a San Juan, la capital del exótico Puerto Rico, ya sea en un transporte diseñado exclusivamente para los turistas, o en alguno de los vehículos que se pueden rentar en la isla.

A buen paso en la camioneta, tal vez a unos 40 ó 50 minutos del aeropuerto, está un conjunto de hoteles en donde el golf, gracias a los hermosos y amplios campos, entra inmediatamente en la agenda del viajero. Si se es experto, puede jugar unos cuantos hoyos, la mayoría de ellos par 4. Allí tendrá la posibilidad de hacer varios birdies. Pero en caso de que usted sea especialista en dobles boggeys, podrá recibir clases de los expertos del Rio Mar Beach Resort a Wyndham Grand Resort, para mejorar su swing, su aproach y el putt. En la caída de la tarde y entrada de la noche, un par de horas en el casino y luego una buena cena puertorriqueña le permitirán concluir que el destino que escogió es el más indicado.

De mañana y a la mano de uno de los guías expertos de la ciudad, que entre otras, hablan varios idiomas, algunos expertos en botánica y otros en historia, hay que arribar a El Yunque, una pequeña selva que guarda la historia natural más importante del Caribe. Allí aparecen fortalecidos, en medio del camino, árboles que datan de cientos de años con troncos que necesitarían varios humanos con los brazos extendidos para lograr abrazarlos. La gran sombra la originan las ramas de los helechos más grandes del mundo, que ni siquiera con los lentes de fotógrafos profesionales es posible capturar.

Por doquier se escuchan los pájaros nativos de la región y de tanto en tanto, aquellos que producto de las migraciones, llegan a este espeso lugar para pasar, en medio de un ambiente cálido y húmedo, varias de sus temporadas de tránsito. Pero tal vez el sonido más buscado por los turistas es el del coquí, la ranita de una pulgada de largo originaria de Puerto Rico, que tiene piel suave y se hace casi trasparente. Su color cambia rápidamente para confundirse entre las ramas de la selva y su nombre proviene del sonido que emite y que para los nativos, sirve de arrullo a la hora de dormir. Es, sin temor a equivocarme, un símbolo nacional.

El Yunque es atractivo porque tiene sol y lluvia. Tiene humedad y viento. Tiene belleza y esplendor. Pero tal vez lo más atractivo es que cuando se va ascendiendo, es necesario llevar un sombrero y lentes oscuros para cuidarse del sol, mientras que en la parte alta hay que tomar la sombrilla abierta para aguardarse de la lluvia. Esa imagen que al mejor estilo de las clases de biología en el colegio, deja ver que el choque de dos nubes negras produce efectivamente una caída de agua intermitente. Esa misma que alimenta cascadas, ríos y pequeños asentamientos del preciado líquido. Será por todo esto que El Yunque es, para los amantes de la naturaleza y en sus justas proporciones para Centroamérica, un espacio muy similar a lo que es el Amazonas para Suramérica.

De regreso y a lo lejos de esta maravilla, Ramón Carillo, uno de los chefs más reconocidos de las cadenas hoteleras, nos recibe con una mezcla tierra/mar, pues combina carnes rojas con productos de agua salada adornados con un tanto de cilantro y un guiso cocinado con salsas locales, chorizo y longaniza. Y para completar, una Serenata de Bacalao y Cangrejo, que es, a manteles, un plato fuerte con lo mejor de la cocina de mar puertorriqueña.

Hay quienes tras una mañana de naturaleza y una media tarde de exótica gastronomía optan por descansar un rato en la habitación. Pero también están aquellos que prefieren tomar el bronceador y salir en busca de una de las tantas playas, tomar un par de horas de sol, degustar un buen ron local y pasar el rato o beber un par de cervezas regionales que resultan incomparables cuando se trata de aplacar el buen clima que acompaña la brisa costera.

A mar abierto

En la Marina del Puerto del Rey, en Fajardo, abordamos un catamarán y viajamos rumbo a la isla de Culebra. El mar es tan limpio que se puede avistar, con varios metros de distancia, el paso de un grupo de delfines que parece subir a flote para asistir en la ruta a los viajeros que, a bordo de este rápido transporte, se detienen para que los atrapemos por instantes en los lentes de nuestras cámaras fotográficas. Y no es para más: tal vez su inteligencia les da para saber que son hermosos.

En Culebra, la playa a la que van de descanso los puertorriqueños, habitan varias especies en vía de extinción, entre los que se cuentan tortugas y lagartijas verdes. Dicen los pobladores de la zona que su playa Flamenco es considerada una de las mejores del mundo, por su arena blanca y el tamaño adecuado de sus olas.

De regreso y para los más osados, hay que pasar por Pine Grove y tomar clases de surfing. Basta con tener un tanto de fuerza en los brazos, un poco de equilibrio en los pies y estar atento a las indicaciones de los jóvenes instructores quienes no dudan en afirmar que sólo se necesitan las ganas de disfrutar del mar para jugar con las olas montado en la aerodinámica tabla. Y así es, porque con un par de horas intentándolo, ya se puede viajar, montado en la tabla y al ritmo de una ola. Sensacional.

De noche, y con las ganas de pasar por una de las mejores pistas de baile, aparece el Latin Roots, en el Viejo San Juan, un bar que con bombos y platillos, para nuestro deleite, abrió sus puertas con la presencia de El Gran Combo de Puerto Rico. En vivo y bajo las riendas del maestro Rafael Ithier, los amantes de la salsa bailamos con el son exclusivo de la “Universidad de la Salsa”.

Historia y maravilla

De Puerto Rico no se podría salir sin pasar una mañana entera caminando por el Viejo San Juan, una joya arquitectónica en la que se encuentran además de las calles adoquinadas, fuertes como San Felipe del Morro, San Cristóbal, el Fortín de San Jerónimo, el Museo de Arte de Puerto Rico, la Plaza Colón y la Catedral Metropolitana de San Juan; los dos primeros catalogados por la Unesco como Sitios de Patrimonio Mundial.

Y para completar el último día, en la noche, a eso de las siete, nada mejor que viajar hasta el área conocida como Las Croabas y dar un paseo en kayak. Allí, en la Bahía Bioluminiscente, con chaleco salvavidas y un par de remos en la mano, nos adentramos por un canal de árboles que forman un túnel natural. En medio de la oscuridad, tan solo pequeñas luces intermitentes blancas y rojas que llevamos en los chalecos, sirven de guía para mantener la línea de turistas que se mueven ágilmente entre el agua a bordo de estas pequeñas embarcaciones.

Publicidad

Cuando llegamos a la zona abierta, una de las pocas bahías de este tipo que existen en todo el mundo, sólo basta con agitar los remos en el agua o mover las manos en ella para ver cómo se ilumina el entorno. Son millones de microorganismos marinos que cuando se sacude el agua, brillan y se vuelven fluorescentes, ofreciendo a los turistas la sensación de la luz en medio de la oscuridad pero esta vez proviniendo del fondo del mar. Son, en su ambiente propio, lo más parecido a una luciérnaga acuática. Esto y mucho más es Puerto Rico, una isla encantadora que para contarla, hay que disfrutarla, hay que vivirla de este a oeste y de norte a sur porque en cada rincón siempre habrá algo nuevo que lo va a deslumbrar. Go to Puerto Rico!

Para viajar Puerto Rico

1. Tener la visa para Estados Unidos, pues Puerto Rico es un Estado Libre Asociado del país del Norte y se rige bajo sus normas.

Publicidad

2. Hay varias aerolíneas que llegan a Puerto Rico, sin embargo el vuelo más frecuente es Bogotá-Panamá, Panamá-San Juan, con Aero República y Copa.

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido