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Pareciera ficción que unos cuantos tubos de concreto organizados en forma de pirámide dieran toques de encanto a una región rodeada de misticismo. Tepoztlán, famosa porque cada fin de semana hay alguna celebración, porque recibe a cientos de turistas interesados en practicar deportes extremos o en visitar los mercados de artesanías, alberga uno de los hoteles más novedosos e increíbles, el Tubo Hotel. ?
Construido en una huerta repleta de guayabas, ciruelos, limones y naranjas, este lugar sumerge en un círculo de tranquilidad envidiable a quien lo visita. Diseñado por el arquitecto Alfredo Cano, allí cada tubo se convierte en un refugio íntimo en el que la noche es absolutamente oscura y el silencio se convierte en otro acompañante. ?
Cada habitación está equipada con una cama queen size, ideal para dos personas, un ventilador para refrescarse –aunque adentro tenga una buena temperatura tanto de día como de noche–, amplias ventanas que se pueden abrir y un espacio para guardar las maletas. Los baños y las duchas, por su parte, están ubicados en otros dos edificios mientras la piscina se encuentra justo al frente de los módulos que conforman el complejo hotelero. ?
Un hostal de lujo que les hace competencia a los demás hoteles de la región por desarrollar un concepto único en México, que evoca la idea del Despark Hotel, de Andreas Strauss, pero que en este caso se desenvuelve con la magia de un pueblo antiguo mientras pretende incluir la calefacción solar entre sus comodidades y muchos más tubos para recibir un mayor número de huéspedes. ?