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“Aquí hicimos todo legalmente. Vi una oportunidad en España. Hay una gran comunidad sudamericana, pero ninguna marca de comida rápida con presencia nacional que les hable directamente. Esto no es solo una oportunidad de negocio. Es un espacio cultural desatendido”. Estas fueron las palabras que el dueño de Frisby España expresó en una entrevista con la revista Forbes, en medio del alboroto que sigue creciendo por la entrada al mercado español de la popular marca colombiana de pollo frito.
El revuelo arrancó el pasado fin de semana, cuando la empresa en territorio europeo salió al aire en redes sociales con cuentas con el logo del mismo pollo blanco que lleva años como la cara de la publicidad en Colombia. Los dueños en tierra nacional pegaron el grito en el cielo. Explicaron que no tenían nada que ver con esa empresa, que estaban utilizando ilegalmente su marca, que no tenían ninguna intención de abrir mercado en Europa y que, además, se estaba aprovechando de un prestigio que llevan años cultivando en el país.
La publicidad en España, además de tener al mismo pollo, con diferencias sutiles (uno tiene dos franjas en su sombrero y el otro solo dos o uno tiene el centro del corbatín amarillo y el otro rojo) creaba una expectativa: “Una leyenda del pollo cruza el océano… Muy pronto, más cerca de lo que piensas”. Así fue creciendo la confusión durante el fin de semana, con opiniones en defensa del emprendimiento español y también de indignación por el uso de la marca colombiana.
A la izquierda, el pollo de la publicidad española. A la derecha, el colombiano:

Aunque a simple vista el asunto podría leerse como una discusión a favor de Frisby Colombia, lo cierto es que el debate es mucho más complejo de lo que parece, todo por una pelea de registros marcarios y propiedad intelectual que apenas comienza. Aunque el revuelo empezó a crecer estos días, lo cierto es que ambas compañías se han estado mostrando los dientes, al menos desde diciembre de 2024, cuando la europea le pidió a la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea que anulara la marca que había registrado la colombiana en 2005.
La solicitud se basó en dos argumentos claves. El primero, que Frisby Colombia, aunque sí había registrado la marca en la Unión Europea hace 20 años, nunca la usó en ese territorio geográfico. Según la ley, si cinco años después del registro no se emplea, un tercero puede solicitar su anulación. Y el segundo, que la idea de mantener una marca en cabeza de una empresa así no la vaya a utilizar, es una práctica “abusiva” y que, además, “obstaculiza la libre competencia”. Aquí aparecen las complicaciones para la empresa Nacional.
Pasaron 20 años sin que Frisby Colombia moviera sus fichas en España. Aunque hace dos años dijo que estaba explorando abrir restaurantes en Estados Unidos o en Costa Rica, realmente sus negocios se concentraron en aumentar las sucursales en Bogotá, Cali y Medellín, fortalecer su plataforma de domicilios y diversificar su menú. En sus planes, al parecer, nunca estuvo revisar las oportunidades en Europa, más específicamente en España, donde había registrado su marca en 2005.
En entrevista con el diario El País de España, el abogado Danilo Romero, socio de la firma Holland & Knight y abogado especialista en propiedad intelectual, explicó que, en el mundo de los negocios, es usual que las compañías registren en otros países sus marcas para evitar que terceros se aprovechen de ellas donde no tienen negocios. “Legislaciones como la estadounidense lo llaman ‘intención de uso’ que da a las empresas un colchón, pero finalmente siempre deben utilizar la marca en el país que la registran”, puntualizó el experto.
Al no utilizarla, Frisby España aprovechó la oportunidad y hace un año empezó formalizar su intención de montar su negocio de comida. En febrero pasado, la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea registró oficialmente a la empresa, con el nombre de Frisby España SL. Para estos últimos, todo es una estrategia de suplantación y sus directivas ya dijeron que están “a defender la marca y sus atributos de amplio reconocimiento, a través de los mecanismos legales respectivos”.
En el tema de la marca en España, la tiene difícil. Abogados consultados por este diario confirmaron que, si la compañía colombiana no usó su registro en cinco años, la ley permite su anulación. Además, voceros de la compañía aseguraron que Frisby Colombia tuvo tres meses para debatir la anulación de su registro, pero no lo hizo. En cambio, en el ámbito de los derechos de propiedad intelectual, el panorama podría ser diferente, pues la empresa colombiana tendría todavía varias opciones.
Por ejemplo, puede acudir ante un juzgado español dedicado a asuntos mercantiles para demandar por violación de derechos de autor por copiar su personaje del pollo sin permiso) o por competencia desleal, si demuestra que existe un aprovechamiento indebido de su imagen o reputación. Además, la empresa colombiana puede buscar protección internacional, acudiendo a la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, ante la cual podría extender la protección de su marca o diseño a otros países o presentar objeciones si la copia se ha registrado en España.
Frisby España puntualizó en la revista Forbes que trató de acercarse a Frisby Colombia, “proponiendo una alianza, sin pedir dinero, solo un acuerdo de licencia que los beneficiara. No respondieron (…) Ahora que todo esto ha salido a la luz, entiendo lo que significa la marca para Colombia. Entiendo por qué reaccionan con tanta emoción. Pero este es otro mercado. No estamos quitando nada, estamos construyendo algo nuevo”, explicó el vocero, que agregó que espera que su primer punto físico esté listo en invierto de este año.
Aunque muchos aseguran que todo se trataría de una estrategia de suplantación, la empresa europea ya alista todos los recursos para defenderse de la arremetida judicial que empieza a cargar fuerzas desde Colombia. Aunque el vocero español señaló que, “si esto llega a juicio y ganamos, no habrá acuerdo posible”, Frisby Colombia está listo para defenderse hasta el final de lo que, para muchos, ya hace parte de la cultura popular colombiana: un pollo frito que nadie lo hace como Frisby lo hace.
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