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Dientes para un preso

Miller Pérez se encuentra recluido en la cárcel de Girón, donde perdió cinco dientes. Pidió una prótesis porque no podía comer y se la dieron.

16 de septiembre de 2008 – 04:19 p. m.

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Miller Pérez Suárez no comía bien, se puso flaco, dejó de sonreír y sentía vergüenza por él mismo todo el tiempo. El motivo de sus males: le faltaban cinco dientes frontales superiores. Aunque la apariencia física le importaba, lo que más le preocupaba e imposibilitaba en esencia era la incapacidad de masticar bien los alimentos. Por esta razón, en el mes de julio de 2007 se dirigió al área de odontología del Establecimiento Penitenciario de Alta y Mediana Seguridad de Girón, en Santander, donde se encontraba recluido desde el año anterior, para que le pusieran una prótesis dental, pero le dijeron que no.  

Ahí empezó un vía crucis por sus dientes. Desde el pabellón número 4, donde estaba  preso desde el 10 de marzo del año 2006, se empeñó en demostrarles a las autoridades y a los médicos del penal que su batalla no era por recuperar una bella sonrisa, sino porque se encontraba mal debido a que no podía comer bien, y que estaba equivocado el profesional oral que le hizo la valoración y concluyó que el estado de los otros dientes que le quedaban le permitían “hacer la función masticatoria”.

Fue por eso que el 30 de julio del 2007 elevó un derecho de petición dirigido al Coordinador de Sanidad de la cárcel de Girón, solicitando nuevamente la entrega de la prótesis que requería porque él, al momento de ingresar al centro carcelario, tenía una prótesis dental de cuatro piezas con la que comía y deglutía los alimentos normalmente, pero que tuvo que quitársela porque una de esas piezas se rompió y quedó sin soporte.

Pero una vez más la respuesta fue negativa. Dos días después de su visita al odontólogo, la autoridad de sanidad le respondió que debía solicitar valoración por el servicio de odontología a fin de que ellos determinaran la necesidad de ponerle la prótesis dental, pero que tuviera en cuenta que esos aparatos con fines estéticos no eran cubiertos por el plan obligatorio de salud y el costo del mismo debía ser asumido por él.

Menos sonriente que nunca porque no contaba con los recursos económicos que le permitieran asumir directamente el costo de la prótesis, fue donde el odontólogo del centro de reclusión, quien indicó: “El paciente podía comer por el lado posterior izquierdo, le faltan los dientes anteriores, sería por estética, ya que puede cumplir su función masticatoria”. Como quien dice, que se alimentara como pudiera, lo que para Miller Pérez era una clara vulneración de sus derechos fundamentales a la vida, a la salud y a la dignidad humana.

Fue así como no le quedó otra salida que instaurar una acción de tutela aduciendo que la falta de algunos dientes sí le afectaba aspectos funcionales para que pudiera comer bien. El Alto Tribual le dio la razón y resaltó que los dientes también permiten cumplir otras funciones, como facilitar la comunicación oral o la función de fonación e inciden en la capacidad de los seres humanos de manifestarse a través de las expresiones faciales. Así las cosas, la Corte le ordenó al director del centro penitenciario de Girón, que en un término de 48 horas siguientes a la notificación de la decisión, le ponga a Miller Pérez la prótesis dental que requiere.

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