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El próximo siete de mayo, ante el juzgado 43 de conocimiento iniciará formalmente el juicio contra el patrullero de la policía Metropolitana, Wilmer Antonio Alarcón, en el proceso que se le adelanta por la muerte del joven grafitero, Diego Felipe Becerra, registrada el pasado 19 de agosto.
Al patrullero la Fiscalía le imputó el delito de homicidio agravado, y fue cobijado por un juez de garantías con medida de aseguramiento en centro de reclusión al considerar que era un peligro para la sociedad.
A lo largo de la investigación la defensa de la familia del grafitero ha señalado que se presentaron serias irregularidades por parte de los uniformados que llegaron al lugar de los hechos en la noche del pasado 19 de agosto, cuando Alarcón le anunciópor radioteléfono a sus superiores lo que había sucedido.
Días después aparecieron versiones “manipuladas”, según la familia, de que el joven había atracado, junto a sus compañeros, un bus de servicio público, hecho que había sido denunciado por los pasajeros y el conductor del bus a la policía.
En ese acto, se aseguró que al hallar al joven éste le había disparado al patrullero, quien en un acto de defensa le había respondido. Sin embargo, un informe de Medicina Legal pudo demostrar que Diego Felipe Becerra nunca había manipulado un arma de fuego, mientras que un documento registrado por el CTI demostró que la pistola que se encontraba cerca del cuerpo del grafitero no funcionaba.