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“Soy ateo, pero tengo un ángel de la guarda muy especial”. Mario Upegui tiene la suerte de sobrevivir a una matanza lenta contra miembros de la Unión Patriótica desde 1986. Cerca de 5 mil militantes han sido asesinados o exiliados desde entonces. Este hombre, de 71 años, ha tenido que enterrar a toda una pléyade de gente con la que se formó políticamente y aguantar él mismo múltiples amenazas contra su vida y la de su familia por la admirable terquedad con la que demuestra su filosofía.
Upegui es el presidente de la UP, o de lo que queda de ella, pues perdió su personería jurídica al no tener representantes en el Congreso, “¿y cómo si a todos los mataban?”, reclama. Para él y los demás sobrevivientes de este partido, lo que permanece es un sentimiento de pertenencia ante ciertas creencias políticas.
Lloró a Jaime Pardo Leal un 11 de octubre, cuando fue asesinado un año después de haber sido el primer candidato a la Presidencia por la UP en 1986. “Con Jaime éramos compadres. Era un hombre sencillo, militante del Partido Comunista, gran orador, magistrado del Tribunal Superior de Cundinamarca”.
Los actos fúnebres se prolongaron. Bernardo Jaramillo, quien había asumido la presidencia de la UP luego de Pardo Leal, fue baleado el 22 de marzo de 1990 y murió en los brazos de su esposa Mariela Barragán. Leonardo Posada (representante a la Cámara), Pedro Nel Jiménez (senador) y Manuel Cepeda (senador y periodista) fueron algunos de una larga lista de inmolados que hasta el último día se hicieron llamar hijos de la Unión Patriótica. “No sólo los perdimos nosotros, los perdió el país. Con ellos escuchaba tango, echaba aguardiente, comentaba las luchas llenas de esperanzas”, recuerda Upegui.
Por todos ellos y miles más, cada año, en el aniversario de la muerte de Jaime Pardo, familiares de los asesinados y sobrevivientes conmemoran el Día Nacional por la Dignidad de las Víctimas del Genocidio contra la Unión Patriótica. A una sola voz piden que sus muertos no sean olvidados y que las presiones cesen, pues, de acuerdo con Upegui: “El genocidio no ha terminado”. Según cuenta, el último crimen fue el año pasado con Guillermo Rivera, director sindical de la Contraloría Distrital y asesor de Mario en sus tiempos de concejal.
Cómo nace un comunista
“Los únicos títulos que tengo son de comunista y miembro de la Unión Patriótica”. También le queda una enfermedad pulmonar obstructiva crónica de las épocas en las que fumaba hasta cuatro cajetillas de cigarrillo al día y una úlcera duodenal que alguna vez le operaron porque le generaban mucho estrés las actividades de la Central Nacional Provivienda, de la que fue presidente en 1965. Ahora se dedica a escuchar sus tangos que le recuerdan mejores tiempos, visitar a sus hijos y nietos y a consentir a Lola, su mascota. No recibe pensión por sus siete períodos como concejal de Bogotá.
Fue en Provivienda donde se formó como líder comunista, pues la entidad se encargaba de buscar soluciones para la gente desplazada, desde la violencia del Bogotazo, que no tenía recursos para comprar una casa propia. Nunca tuvieron presupuesto, todo se movía a punta de invasiones y de la solidaridad de sindicatos. De los episodios que más recuerda, y lo emocionan, es cuando ocuparon en 1961 el barrio Policarpa Salavarrieta en Bogotá, por entonces un lote inmenso sin ninguna construcción. Las personas fueron equipadas con antorchas en caso de enfrentamientos con la caballería (y sí que los hubo), con piedras y caucheras. Incluso tenían pañuelos empapados de vinagre y alcohol para que no los afectaran los gases que les lanzaba la Policía para ahuyentarlos del lugar. Hubo muertos y heridos, hasta que algún día nadie más se atrevió a sacarlos de sus nuevos terrenos.
La triste memoria de una unión
La Unión Patriótica fue el resultado de un proceso de paz entre las Farc y Belisario Betancur en octubre de 1984, con el fin de que el grupo subversivo se integrara a la vida civil y política del país. A este partido se sumaron movimientos regionales, liberales y comunistas. Luego de lograr una gran acogida del público en las elecciones de 1986, los líderes y políticos empezaron a ser perseguidos, torturados y asesinados.
Esta semana, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU reconoció que hubo una voluntad de exterminio en contra de la UP por parte del Estado colombiano. Actualmente la Comisión Interamericana de Derechos Humanos estudia las acusaciones de la UP en este caso.