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El 19 de enero de 2002, paramilitares bajo el mando de Ovidio Isaza, alias Roque, quemaron las casas de unas 30 familias de la vereda El Congal en Samaná (Caldas). En el monumental incendio los campesinos lo perdieron todo. El fuego iniciado por los hombres de uno de los hijos del fundador del paramilitarismo en el país, Ramón Isaza, consumió todo. No hubo tiempo para salvar las pertenencias. Incluso los títulos de propiedad de las tierras quedaron hechos cenizas. Ahora, 15 años después del éxodo, un juzgado de restitución de tierras de Pereira falló en favor de 17 familias desplazadas por las autodefensas para que volvieran a sus terrenos. Además, la Agencia Nacional de Tierras está a punto de hacer oficial el retorno de los habitantes con la entrega de los títulos que hace ya tres lustros fueron devorados por las llamas.
En el fallo de 131 páginas emitido por el tribunal de restitución de tierras también se ordenó a la Gobernación de Caldas y al Estado que garantice a las familias el retorno a la zona con dineros para poder reconstruir sus hogares y el poblado en general y que les instalen los servicios públicos. Quienes han acompañado a la comunidad de El Congal en su retorno, como la Alcaldía de Samaná y, en particular, la Unidad de Restitución de Tierras, aseguran que fueron las familias desplazadas las que tuvieron la iniciativa de volver a la vereda. Durante 2013, los campesinos desplazados desandaron el camino. Joaquín Marín, uno de los beneficiarios de la reciente restitución, le contó a El Espectador que tuvieron que reconstruir el camino que comunica a El Congal con la inspección samaneña de Florencia.
“Cuando volvimos, después de casi 12 años, encontramos que la selva tapó todo. La reconstrucción de la vereda ha sido desde ceros. Lo único que quedó es el edificio de la escuelita. El resto se está repoblando con casas hechas en madera. Desde entonces hemos venido sembrado de todo un poco para tener cómo sostenernos. Cuando las autoridades vieron hace tres años nuestro interés de volver, nos empezaron a ayudar. Nosotros reconstruimos más de un kilómetro de la vía para llegar hasta El Congal, y la Gobernación y la Alcaldía terminaron. Antes, para llegar a la vereda, se tenía que caminar tres kilómetros”, le dijo a este diario Egidio Henao, uno de los beneficiarios de la restitución de tierras.
Otro de los actores fundamentales en el retorno a El Congal fue la Legión del Afecto, un grupo de jóvenes que vivieron en zonas delictivas, desplazados por la violencia, fuera del sistema educativo y víctimas del narcotráfico que construyeron métodos para recuperar la confianza de zonas urbanas periféricas y en regiones rurales donde nadie se atreve a entrar por la crudeza del conflicto armado. En estas zonas, como El Congal, la Legión comenzó a llenar el vacío de la acción gubernamental. En diciembre de 2013, los legionarios se reunieron con cerca de 500 personas en lo que una vez había sido la plaza del pueblo, para realizar una fiesta. En ese pequeño retorno pudieron dimensionar lo difícil que sería el retorno y lidiar con los dolores del pasado y la pobreza que viven los campesinos desplazados.
Por casi 30 años, el municipio de Samaná sufrió la arremetida violenta de actores armados ilegales. Las Farc llegaron en los años 70 con el bloque Noroccidental, que por el abandono estatal logró construir lazos con la comunidad, reclutar menores de edad y cultivar coca para uso ilícito. Durante el inicio del presente siglo, el frente 47, comandado por Elda Neyis Mosquera, alias Karina, fue el encargado de realizar el control territorial y El Congal fue una de las zonas en donde se fortaleció. A finales de los años noventa ingresaron los grupos paramilitares, con el frente Ómar Isaza, bajo el mando de Wálter Ochoa Guisao, alias Gurre, y el frente John Isaza de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, comandado por Roque.
Otra de las herramientas que usa la comunidad para reconstruir su tejido social y la reintegración con las veredas aledañas es el fútbol. Durante los años más duros del conflicto, el balompié era uno de los pocos espacios en los cuales los habitantes de las veredas podían compartir mientras las divisiones por ser presuntos colaboradores de ciertos grupos al margen de la ley pasaban a segundo plano. John López, uno de los campesinos de El Congal que han liderado el retorno, cuenta que antes del gran incendio de 2002, gente de Argelia (Antioquia) “se pegaba el viaje hasta aquí” para jugar. “Usted viera: antes de que esto quedara solo, El Congal era un vereda importante en la zona para el comercio y la integración”.
Por eso, cuenta López, hace dos meses se realizó en el nuevo Congal la Copa Retorno, la cual permitió el reintegro de las veredas y poco a poco fue borrando las fronteras invisibles que varias décadas de guerra crearon en la región. “El fútbol tiene la magia, si se le puede llamar así, de juntar a la gente. Nosotros le apostamos a la paz ahora. El Congal en el plebiscito le dijo rotundamente sí a los acuerdos de La Habana, aunque con muchas cosas no estemos de acuerdo. A mí sí me gustaría que Karina y el Roque vinieran a pedir perdón por todo lo que hicieron por acá”, aseguró López.
A otros habitantes de El Congal poco les importa eso. Prefieren seguir en la labor de reconstruir el poblado y que les cumplan con los proyectos productivos prometidos por el Gobierno. Para ellos aún es complicado confiar en el Estado después de varios años de abandono. La directora regional de la Unidad de Tierras en el Eje Cafetero, Sandra Niño, le aseguró a este diario que tras el fallo del tribunal de tierras cada tres meses realiza audiencias para hacerle seguimiento a la sentencia emitida y verificar que todo se esté cumpliendo. “Además de este seguimiento, el compromiso de la Unidad continúa porque aún hacen falta once familias reclamantes de tierra”, puntualizó la funcionaria.
El desminado en Samaná
Durante la degradación que vivió el conflicto colombiano a partir de los años ochenta, las minas antipersonal fueron usadas en gran parte por las guerrillas y en menor medida por los paramilitares. En el caso particular de Caldas, Samaná es el municipio más afectado por las minas. Según las cifras del Ejército de 1990 a 2017, de las 175 víctimas en el departamento, 95 eran del municipio samaneño. Afortunadamente, hace nueve años no se presenta una nueva víctima.
Aunque en el pronunciamiento del juzgado de restitución de tierras está contemplado que tanto miembros de las Farc como el jefe paramilitar Ramón Isaza contribuyan en el desminado, quienes han venido realizando la labor de limpieza de estos artefactos han sido los miembros de la compañía Atenas del Batallón 3 de Desminado Humanitario del Ejército. Los 500 hombres de ese batallón han logrado que El Congal ya esté exento de minas y se calcula que para finales de 2017 Samaná sea un municipio limpio de minas. Sin embargo, funcionarios del Estado cercanos al proceso aseguran que la labor llevará más tiempo.