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El secuestrado olvidado por la crisis con Venezuela

La crisis desbordada de la frontera con Venezuela ha silenciado el drama de esta familia: Ramón Cabrales, alto consejero de la Gobernación de Norte de Santander, fue secuestrado hace menos de una semana.

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Primer secuestro: 17 de febrero de 1988. Mientras llegaba a su finca, Aguas Negras, en San Martín (Cesar), Pedro Cabrales Aycardi fue interceptado por unos hombres. Su familia nunca supo dónde quedaron sus restos. Tenía 44 años y tres hijos.

Segundo secuestro: 7 de junio de 1991. Guerrilleros de las Farc llegaron a la finca Palmira, en San Martín, y se llevaron a Ramón Cabrales Aycardi, de 43 años. Él, enfermo de lupus, necesitaba medicinas; su hermano Federico, de 34 años, se ofreció a tomar su lugar.

Tercer secuestro: 24 de junio de 1991. Las Farc aceptaron el cambio de rehenes. Le pidieron a Federico Cabrales Aycardi que esperara a orillas del río Lebrija, cerca de San Alberto (Cesar). Se lo llevaron en chalupa; le indicaron a su conductor que 100 metros más adelante podría recoger a su hermano. El conductor avanzó 100 metros. Recogió un cadáver. Federico Cabrales recuperó la libertad, pero no alcanzó a llegar al entierro.

Cuarto secuestro: 3 de septiembre de 2015. Al salir de su finca, Venadillo, ubicada en zona rural de Ocaña (Norte de Santander), cuatro hombres armados interceptaron a Ramón Cabrales Camacho, de 39 años. Media hora más tarde llamó a su madre al celular: “Mamá, le recomiendo a mis niños y a mi papá”, le dijo. “Estoy en manos del Eln y esta retención es de carácter económico y político”.

El secuestro de Ramón Cabrales es un rompecabezas que ni su familia ni la Gobernación de Norte de Santander, de la cual es alto consejero, terminan de armar. Han pasado más de cinco días desde que se lo llevaron y nadie ha llamado a exigir dinero o a pedir beneficios. Nadie ha llamado. “Como yo estoy enfermo del corazón y tengo 71 años, él es muy prudente conmigo, pero últimamente yo lo veía angustiado, afanado”, le dijo a este diario su padre, Manuel José Cabrales Aycardi, el único de los cuatro hermanos Cabrales que nunca vivió el secuestro en carne propia. Ahora lo vive a través de su hijo. Quizás así es peor.

Manuel José Cabrales, conocido pediatra de Ocaña a quien todo el mundo llama “Che”, fue el único testigo de lo que ocurrió a las 5 de la tarde del pasado 3 de septiembre: una camioneta doble cabina les cerró el paso, se bajaron cuatro hombres “disciplinados, no zarrapastrosos”, con Mini Uzis, exclamaron “Ese es”, y aunque Ramón Cabrales les respondió “Yo no soy, no debo nada”, no opuso resistencia. Su padre, desesperado como estaba, saltó al puesto del conductor para perseguirlos, pero los nervios lo traicionaron y la camioneta se encunetó. De la doble cabina en que iba su hijo ya sólo quedaba el polvo que levantó al partir. Todo esto ocurrió en una vía destapada que queda a menos de 15 minutos del centro de Ocaña.

La imagen de esa doble cabina endiablada que se llevó a su hijo quedó en las cámaras que la Policía tiene en una intersección que lleva hacia el Cesar o hacia el Catatumbo. La camioneta siguió hacia el Catatumbo, región en la que Ramón Cabrales estuvo por última vez hace una semana. Como alto consejero para la provincia de Ocaña, seis municipios del Catatumbo hacen parte de su área de trabajo. Cabrales fue a uno de ellos, La Playa de Belén, atendiendo a los desplazados que dejaron los enfrentamientos entre la Fuerza Pública y la gente del jefe del Epl, Megateo.

“La familia de Ramón me contactó porque en el territorio de mi Diócesis la presencia del Eln es activa. Me piden que esté atento, que si se puede haga mediación, pero no he podido adelantar mucho. Mi sugerencia es esperar un poquito a un pronunciamiento de parte de quienes lo tienen. De pronto tiene que ver con la necesidad del Eln de encontrar unos interlocutores, o mandar un mensaje. Sería lo deseable. Además, tampoco es definitivo que sea el Eln. Un captor no subversivo podría obligarlo a decirlo”, le dijo a este diario el obispo Ómar Sánchez, de la Diócesis de Tibú.

A la familia de Ramón Cabrales no sólo le duele su cautiverio, sino el silencio del gobernador de Norte de Santander, Édgar Díaz Contreras. En Twitter, por ejemplo, el caso sólo ha merecido un trino. “No, yo sí he hablado del tema, pero el problema en la frontera se lleva toda la atención de los medios”, replicó el gobernador. Tanto él como la esposa de Ramón Cabrales, Melissa Castro, le confirmaron a este diario que el funcionario no había manifestado preocupación alguna por su seguridad. “Tengo dos niños pequeños en casa preguntando por él. Mi niña se acuesta llorando todas las noches; no entiende por qué lo retienen si él no ha hecho nada”, dijo Melissa Castro.

Desde hace varios días los medios vienen haciendo ruido sobre posibles conversaciones con el Eln. “Si a Ramón se lo llevó el Eln, ¿qué más gesto de paz que devolverlo sano y salvo?”, señaló su primo, Sergio Cabrales. El gobernador Édgar Díaz sostiene que a su alto consejero para la provincia de Ocaña no se lo llevaron por razones de su trabajo: “Su familia tiene un historial de secuestros. No creo que sea por lo que hace en la Gobernación”. En la Fiscalía, las indagaciones siguen avanzando con sigilo, pero un alto funcionario le hizo saber a este diario que el diagnóstico es otro: “Tememos que sí puede ser un secuestro político”.

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