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El ELN se declaró este lunes dispuesto a liberar «lo antes posible» a los dos soldados que tomó prisioneros tras un ataque hace tres semanas en el que murieron 12 miembros de las fuerzas armadas. (Video ELN entrega pruebas de supervivencia de dos soldados secuestrados en Boyacá).
«El ELN ratifica la voluntad de liberar los soldados prisioneros de guerra lo antes posible», dijo en un comunicado el grupo insurgente, que sostiene diálogos preliminares de paz con el gobierno de Juan Manuel Santos.
Sin embargo, los subversivos enfatizaron que el regreso a la libertad de los uniformados depende de «que el gobierno permita que los soldados regresen con vida, que garantice la seguridad y las condiciones de entrega a una Comisión Humanitaria, sin presencia ni amenaza de la fuerza pública».
Los soldados profesionales Andrés Felipe Pérez y Kleider Antonio Rodríguez cayeron en poder del grupo guevarista en octubre, luego de que el ELN atacara un contingente del Ejército que custodiaba una misión electoral en un paraje recóndito del municipio de Güicán (Boyacá).
«Ratificamos que los dos soldados están sanos y salvos bajo la custodia del ELN, y nos esforzamos por protegerlos, a pesar de las amenazas y los fuertes operativos militares que tienen la orden de rescatarlos a sangre y fuego, según la directriz del presidente Santos, el ministro de Defensa y su cúpula militar, que no les interesa la vida de los soldados».
El ELN, que se atribuyó el ataque, enfatizó en el comunicado que éste está dentro del «accionar militar legítimo y no viola los Derechos Humanos porque no se ataca a civiles, se atacó a una patrulla militar de soldados armados y en campaña».
El ELN, con unos 2.500 combatientes según cifras oficiales, que surgió en 1964 a inspiración de la Revolución cubana, es la segunda guerrilla del país, después de las Farc, con el que el gobierno adelanta un proceso de paz desde hace tres años en Cuba.
Los acercamientos al ELN aún no han permitido definir una agenda formal de conversaciones de paz.
El ataque de la guerrilla sucedió en la madrugada del 26 de octubre, a un día de haber terminado la jornada electoral, cuando la explosión de tatucos y granadas rompieron la tranquilidad del resguardo indígena de Bachira, en Güicán (norte de Boyacá). Los uniformados estaban descansando en ese momento, pues el día anterior habían estado vigilando la jornada electoral.