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Arrierito antioqueño (Lipaugus weberi): También conocido como guardabosques antioqueño, es una de las 44 especies que hoy están a punto de desaparecer por la guerra en Colombia. Endémico del nordeste antioqueño, su supervivencia también se ha visto afectada por la pérdida de hábitat a causa de la deforestación y fragmentación de los bosques. En 2018 fue categorizada como especie en estado crítico de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).
Foto: Wikipedia
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Calzadito del Pinche (Eriocnemis isabellae): Localizado en Argelia (Cauca), es endémica de la Serranía del Pinche y el corregimiento de El Plateado. Su pequeña población se extiende en un hábitat que se ha reducido con los años por la deforestación para los cultivos, primordialmente los de uso ilícito de coca.
Foto: JEP
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Danta colombiana (Tapirus terrestris colombianus): En la lista de especies en peligro de extinción también se encuentra la danta colombiana. La pérdida de hábitat y la caza la llevó a la extinción en los departamentos de Atlántico y Córdoba, pero todavía se encuentra en la región del Magdalena Medio.
Foto: jep
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Sapo mamboré (Rhaebo blombergi): Se encuentra principalmente en Buenaventura (Valle del Cauca), pero su distribución se extiende desde Ecuador hasta departamentos como Cauca y Chocó.
Foto: JEP
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Tití cabeciblanco (Saguinus oedipus): También conocido como mono tití cabeciblanco o tamarino cabeza de algodón. De acuerdo con el informe de la JEP, algunos monos, por sus sonidos característicos, han sido utilizados por parte de los grupos armados “en dinámicas de vigilancia que combinan observación del entorno y conocimiento empírico del territorio”.
Foto: JEP
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Mono araña (Ateles hybridus): Se encuentra principalmente en la subregión del Catatumbo, aunque también se extiende al Amazonas y Antioquia. Frente a la instrumentalización de estas especies para labores de vigilancia, la JEP señala que “en estos casos se aprovechan capacidades sensoriales específicas —como el olfato o la audición— para monitorear el entorno, proteger campamentos o detectar posibles amenazas”.
Foto: JEP
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Abejita verde de la Macarena (Eufriesea dressleri): La labor de las abejas es fundamental para mantener el equilibrio de los ecosistemas. En el caso de la abejita verde de la Macarena, que, como su nombre lo indica, se encuentra en la Serranía de la Macarena, su polinización es particularmente importante para las orquídeas.
Foto: JEP
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Rana marsupial pacífica (Gastrotheca angustifrons): Habita en los departamentos de Valle del Cauca, Cauca y Nariño. Colombia, siendo uno de los países con mayor biodiversidad de anfibios en el mundo, cuenta con 374 especies endémicas. De estas, 18 especies del género Atelopus y 18 del género Pristimantis están en riesgo.
Foto: JEP
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Paujil piquiazul (Crax alberti): Otra de las 44 especies que se encuentra en esta lista crítica es el paujil piquiazul, el cual habita principalmente en el Magdalena Medio. El informe de la JEP concluye que las dinámicas que hoy tienen a estas especies en peligro responden a “una forma persistente de concebir a los animales como instrumentos funcionales para alcanzar objetivos militares”.
En ese contexto, especies como insectos, aves, anfibios y monos “han sido integradas en repertorios de acción que buscan facilitar la movilidad, amplificar la capacidad de daño, vigilar territorios, generar terror o incluso influir en las emociones y percepciones de las poblaciones” que están en medio del fuego de los grupos armados.
Foto: JEP
La guerra en Colombia no solo ha afectado a los humanos. Entre 2017 y 2026, el conflicto armado ha afectado al menos a 100.252 animales, y 44 especies silvestres se encuentran al borde de la extinción por esta misma causa. Este es el preocupante panorama que reveló el informe “Daños Invisibles: la violencia contra animales en el conflicto armado en Colombia (2017-2026)”, una investigación inédita de la Unidad de Investigación y Acusación de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y la Universidad de Essex, del Reino Unido.
El documento señala que cada 30 minutos un animal muere o termina gravemente herido por las dinámicas del conflicto. De los más de cien mil casos documentados, el 32 % de los animales murieron o terminaron heridos por acciones militares como hostigamientos o ataques con drones. Otro 27 % corresponde a animales domésticos que fueron abandonados por sus familias tras desplazamientos forzados.
En contexto: Cada 30 minutos muere un animal por la guerra en Colombia: informe revela 100.000 afectados
En el departamento de Antioquia se encuentra la mayor cantidad de especies amenazadas: el arrierito antioqueño, el paujil piquiazul, distintas ranas arlequín y el mono araña son algunos de ellos. Asimismo, Colombia alberga 374 especies endémicas de ranas, y 18 del género Atelopus y 18 del género Pristimantis están hoy en riesgo inminente de desaparecer por el conflicto. Aunque el informe de la JEP plantea estrategias para mitigar esta problemática, las cifras reveladas son solo un punto de partida para comenzar a pensar en las otras víctimas que ha dejado la guerra.
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