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Marisol Garzón Forero se levanta cada día con una solo objetivo: que se sepa la verdad sobre el asesinato de su hermano, Jaime Garzón. Es una determinación que le ha costado mucho: persecuciones de desconocidos y chuzadas a sus conversaciones. Eso y también las cosas más sencillas: hoy, 4 de septiembre, Marisol Garzón cumplió años. Sus compañeros de la emisora “Banca del parque”, desde donde promueve el legado de su hermano, le prepararon un almuerzo y un pastel. Pero el agasajo fue a las carreras y no hubo tiempo para celebrar, pues hoy el exjefe paramilitar Diego Fernando Murillo Bejarano, alias “Don Berna”, le pidió perdón por el crimen que segó la vida, hace 16 años, del humorista y periodista.
“¿Que cómo ha cambiado mi vida desde que mataron a mi hermano?”. Antes de contestar, un silencio. Se nota que por su recuerdo pasan tantas cosas, tanto dolor, lo indecible. Así que decide hacerlo sencillo: “Pues imagínese que hoy es mi cumpleaños y yo estoy aquí…”, y en esos tres puntos suspensivos se advierten tantas emociones contenidas. “Aquí” es el bunker de la Fiscalía General de la Nación, adonde asistió, después de haber dejado a medias el ponqué de cumpleaños y salir a las carreras, para escuchar un audio en el que el exjefe paramilitar “Don Berna”, desde una prisión de Estados Unidos, le pide perdón a ella, al resto de la familia y a todo el país por el asesinato de Jaime, perpetrado el 13 de agosto de 1999.
Ella es quien no ha dejado que el proceso judicial se muera. Ella y los abogados que hoy también la acompañaron, los que han tenido que sortear todos los obstáculos –testigos falsos, obstrucciones a la justicia– que han puesto en el camino los interesados en silenciar la verdad sobre este homicidio.
El cumpleaños de Marisol Garzón no comenzó bien. En la mañana, el Tribunal Superior de Bogotá anuló parcialmente por errores de trámite el proceso que se adelanta contra el exsubdirector del DAS, José Miguel Narváez, investigado por la muerte de su hermano. A Narváez, varios jefes paramilitares lo han señalado como el puente entre las Fuerzas Armadas y las autodefensas. Según testimonios de Iván Roberto Duque, alias “Ernesto Báez”, y del mismo “Don Berna”, Narváez le hablaba al oído al desaparecido jefe paramilitar Carlos Castaño, inculcaba la doctrina anti-comunista en los “paras” y le dictaba la lista de personas “incómodas” que debía asesinar.
De alguna manera, después de la decisión del tribunal, el perdón de “Don Berna” la recargó de esperanzas. La grabación, que no dura siquiera un minuto, le podría dar la vuelta al proceso, pues, dice Marisol Garzón, esa declaración implica el reconocimiento de todo el aparato criminal que se montó desde las autodefensas para matar a Jaime. Ella espera que eso sirva para que el homicidio de su hermano se declare como crimen de lesa humanidad, y así evitar que prescriba en 2019 y que, por las trabas y la lentitud de la justicia, la investigación por este crimen quede impune.
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“Quiero pedirle perdón a la familia y a los colombianos porque fue un error que cometimos, porque se hizo mucho daño”, dice “Don Berna” en su declaración. Marisol Garzón. Acaba de escuchar el audio en la oficina del vicefiscal Jorge Perdomo. Apenas sale, los periodistas y las cámaras se abalanzan sobre ella. Hace mucho tiempo dejaron de intimidarla. Con voz serena y firme les responde a todos, incluso bromea con algunos y hasta corrige a un reportero que llama “humorista” a Jaime: “periodista y humorista”, le dice.
Durante la entrevista sus manos están siempre juntas, sus dedos enlazados sobre su vientre, como si estuviera orando. Tal vez sea una manía que le quedó de su pasado como religiosa. Durante 12 años vistió hábitos, hasta que decidió que desde afuera también podía ejercer su fe. Una fe por la que, dice, perdona a “Don Berna”.
Pero, quizá, sus manos siempre entrelazadas son señal de la plegaria que empezó hace 16 años, tras el asesinato de Jaime. Una plegaria al cielo por justicia, que se sustenta con actos terrenales, cada vez que asiste a los estrados o que habla de su hermano ante los medios. “Van 16 años y no ha pasado nada, no hay justicia”, dice. Quizá, el día en que por fin se condenen a los asesinos de su hermano, Marisol Garzón pueda, al fin tranquila, desenlazar sus dedos.