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La barbarie paramilitar que sacudió a Urabá por más de 15 años, dejó miles de víctimas y obligó a que familias enteras huyeran, presas del pánico, hacia otras regiones del país, dejando a la deriva no sólo sus propias tierras, sino a sus muertos, a quienes tuvieron que enterrar en lugares poco comunes para evitar que el número de fallecidos continuara incrementándose.
Ese fue el caso del labriego Teódulo Manuel Guzmán Ramos, cuyos allegados sólo podrán darle cristiana sepultura luego de 9 años, tras haberlo dejado enterrado en la cocina de su humilde vivienda, en la finca El Tesorito, municipio de Mutatá (Antioquia). Su muerte ocurrió en 2000, cuando un comando del bloque Élmer Cárdenas, al mando de Freddy Rendón Herrera, alias El Alemán, fue en busca del humilde campesino, esperó por varias horas a que regresara y cuando por fin lo hizo, le propinó varios disparos que le causaron la muerte.
En aquella época, un medio común para provocar terror y escarmiento entre la población era evitar que los muertos fueran sepultados, hasta que el medio ambiente o los animales acabaran con ellos. Tampoco se podía pensar en la posibilidad de que un sacerdote presidiera las honras fúnebres. Sin embargo, desafiando el peligro, los allegados de Teódulo Guzmán decidieron inhumarlo en la cocina de su propia casa. Y para evitar que por haber incumplido la orden de los paramilitares hubiera más víctimas, tuvieron que salir hacia Apartadó.
Allí se enteraron, ocho años más tarde, de que la Fiscalía, luego de la desmovilización de la mayoría de los frentes de las autodefensas y en virtud de los beneficios que recibirían los desmovilizados por entregar información de fosas comunes, andaba en busca de los familiares de personas asesinadas por las Auc con el objetivo de exhumarlas, identificarlas y entregarlas a sus seres queridos.
Aunque en principio lo dudaron, los allegados de Guzmán Ramos decidieron llenar el formato que los acreditaba como afectados y en febrero pasado dos hijas del fallecido acompañaron a una comisión del CTI de la Fiscalía para hacer la exhumación de los restos del campesino. Fue evidente, una vez llegaron al lugar, que las condiciones del terreno habían cambiado y que de la casa que habitaron sólo quedaban escombros. Pero, aún así, pudieron encontrar el sitio donde a las carreras enterraron a su padre.
“En muchos casos, las condiciones del suelo cambian y a veces, donde las familias creyeron haber dejado a sus muertos han sido sembrados árboles o las condiciones climáticas han hecho que las tierras cedan y se muevan, lo que dificulta la ubicación de las víctimas”, manifestó un funcionario del ente acusador. Tras ser exhumado y luego de cotejar con pruebas de ADN los restos del campesino, al igual que los de otras 22 personas que fueron asesinadas por paramilitares, fueron entregados ayer a sus familiares.
A la fecha 605 víctimas han sido plenamente identificadas y entregadas a sus dolientes en todo el territorio nacional. Ellas recorrerán el mismo camino de Guzmán antes de ser devueltas a sus familias para que les puedan ofrecer las honras fúnebres que la violencia paramilitar no les permitió.