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Fin a una dinastía criminal

‘Martín Llanos’ y ‘Caballo’ residían en Venezuela desde hace casi dos años y tenían una cadena de compraventas.

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Setenta y dos horas después de sus capturas, al presentar los pormenores del operativo conjunto que puso a los hermanos Buitrago a las puertas de la justicia colombiana —esa que han logrado esquivar por más de dos décadas—, el director de la Policía, general Óscar Naranjo, no dudó en asegurar que las detenciones de Héctor Germán y Nelson Orlando Buitrago constituyen una evidencia más de que “Colombia ya no es un santuario del narcotráfico” y que la inteligencia para aprehender a cualquier criminal ha trascendido las fronteras. Naranjo, una vez más, ponderó la cooperación de Venezuela para acabar con los antiguos carteles de la droga.

Grabaciones que fueron dadas a conocer ayer revelan toda la estrategia de las autoridades de Colombia y Venezuela para capturar en el municipio de El Tigre, en el estado de Anzoátegui, a los últimos comandantes de las Autodefensas Campesinas del Casanare. Una operación que fue calificada por el presidente Juan Manuel Santos como el triunfo del Estado contra la criminalidad. Ayer se supo que alias Martín Llanos intentó eludir su responsabilidad al presentar una cédula falsa con el nombre de Luis Francisco Gómez López.

De la misma manera, también trascendió en la investigación que Martín Llanos y Caballo “habían constituido en Anzoátegui una especie de compraventas, de centros de negocios que eran realmente fachadas que les permitían tener comunicación con sus delincuentes en Colombia”. El general Naranjo mencionó además que las autoridades de Colombia y Venezuela investigan si funcionarios de uno y otro país ayudaron a los prófugos jefes de esta organización para pasar inadvertidos durante casi dos años, tiempo en el cual asentaron su centro de operaciones en el vecino país.

La historia del clan

Este clan delincuencial se originó con Héctor José Buitrago, alias El Viejo o El Tripas, un hombre de 73 años, oriundo de Casanare, capturado en abril de 2010 cerca de la represa del Neusa (Cundinamarca). Desde principios de los años 80 se alzó en armas que le dieron los narcoparamilitares del Magdalena Medio Henry Pérez y Gonzalo Rodríguez Gacha. Sus ejércitos privados, una década más tarde, se los heredó a sus hijos Nelson Orlando y Héctor Germán. Los tres constituyeron las Autodefensas Campesinas de Casanare (ACC), un grupo paramilitar que nunca se desmovilizó.

Mañana, si todos los pronósticos se cumplen, una comisión de Venezuela entregará a los hermanos Buitrago a las autoridades colombianas. Ambos enfrentan múltiples procesos judiciales por delitos que van desde la desaparición forzada, hasta su injerencia en la contratación local y regional en los departamentos del Meta y Caquetá. Sin dar nombres concretos ni mayores pistas, los organismos de seguridad tienen conocimiento de los vínculos entre Martín Llanos y altos dirigentes y funcionarios del sur del país. Incluso se habla con insistencia de algunos parlamentarios que han pasado de agache en el escándalo parapolítico.

Once órdenes de captura han sido emitidas sólo contra Martín Llanos. Además, pesa sobre él una condena de 38 años de prisión por su participación en la masacre de 11 funcionarios judiciales en octubre de 1997 en San Carlos de Guaroa (Meta). Su padre, Héctor José Buitrago, ya cumple su pena de prisión en una cárcel en el país. Aunque se sabe que los Buitragueños han tenido estrechos vínculos con grupos de narcotráfico y que las autoridades tienen indicios de que Martín Llanos y Caballo dirigían una red de tráfico de estupefacientes que llevaba drogas a Europa a través de Venezuela y Brasil, ninguno tiene solicitud de extradición por parte del gobierno de los Estados Unidos.

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