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«Hay cosas que no recuerdo y otras que quisiera olvidar»

Un año después de su salida de la Fiscalía, el primer investigador del caso del cartel de la contratación se confesó con El Espectador.

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Ninguna voz tan autorizada en el caso del cartel de la contratación como la de Germán Pabón, el primer fiscal que investigó “el holocausto” de los Nule y sus enlaces en el Estado. Hace un año salió de la Fiscalía y se dijo entonces que había tenido roces con la fiscal Viviane Morales y con su esposo Carlos Alonso Lucio. La respuesta que dio lugar al titular de esta entrevista parece sugerir muchas cosas que aún no trascienden en esta investigación. Así se despachó este caucano.

Usted siempre se ha mantenido en silencio desde que salió de la Fiscalía hace casi un año. ¿Por qué se anima a hablar ahora?

Me parece importante dar respuesta a unos interrogantes que plantea el doctor Felipe Zuleta en su columna de El Espectador. Me parece que no deben quedar interrogantes sueltos sobre mi actuación como fiscal en el caso del carrusel de la contratación.

Zuleta habla de los intereses del señor Alejandro Botero en este caso. ¿Cómo terminó este señor colaborando a la Fiscalía?

Cuando me posesioné el 8 de febrero de 2011 ya él había declarado y aportado pruebas. El único propósito de la Fiscalía en este caso ha sido poner al descubierto autores, coautores y verdades jurídicas respecto de la corrupción en Bogotá y el país. Los primos Nule celebraron alrededor de 1.900 contratos. Ellos no se contrataban entre sí, lo hacían con entidades nacionales. La magnitud de los carruseles de la contratación es inimaginable. Ojalá que algún día se dispongan a revelar esa tragedia nacional.

¿A qué tipo de acuerdos llegó con ellos para convencerlos de regresar al país?

A ninguno. Hablé con ellos por espacio de 10 horas y de manera reiterada les dije: “Ustedes deben venir para darle otra oportunidad al país, para salvar a Colombia y a Bogotá, para que revelen la magnitud de las contrataciones irregulares que hicieron”. Bajo la perspectiva de un principio de oportunidad parcial, desde Italia vinieron a responderle al país. En ese entonces estaban dispuestos a contarlo todo. Espero que terminen de contar ese holocausto nacional.

¿Qué tan importante resultaron los testimonios de los Nule?

Ellos se autoincriminaron y fueron tan importantes que sirvieron para la formulación de imputación en su proceso y en los de Inocencio Meléndez, Miguel Ángel Moralesrussi, Liliana Pardo y el exalcalde Samuel Moreno. La base de esos expedientes reposa en sus declaraciones.

¿Sin ellos se habría podido conocer las verdades de este cartel que desfalcó a Bogotá?

De manera muy parcial se habría sabido algo, pero no todo lo que se ha sabido.

¿Cuánto le falta investigar a la justicia del carrusel?

El 90%. Imagínese que faltan por indagarse 1.900 contratos.

¿Pero los Nule sí iban a destapar la corrupción nacional? Porque el fiscal Montealegre, al revocar el principio de oportunidad que se les otorgó, dijo que les faltaba mucha colaboración y que callaban muchas cosas.

Ellos vinieron con ese propósito, pero después de mi salida no le puedo dar razón.

¿Cuándo entró usted a la Fiscalía y por qué terminó con ese caso?

Entré el 8 de febrero de 2011 y salí el 8 de julio de ese año. Me lo asignó la fiscal Viviane Morales. Entiendo que me tenía confianza personal y jurídica. Venía de la Sala Penal de la Corte Suprema como magistrado auxiliar.

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¿Qué fue lo primero que hizo cuando le cayó ese ‘chicharrón’?

Lo necesario era traer a los Nule a Colombia. Ellos ya habían rendido unas declaraciones en Miami y Panamá, pero sin su testimonio en el juicio oral esas declaraciones quedaban prácticamente sin ningún valor. En esa medida lo más importante era traerlos y se trajeron.

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¿De todo lo que usted hacía en la investigación estuvo enterada la fiscal Morales?

En ese proceso no hubo ningún acto que no estuviese en conocimiento de mis superiores.

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¿Es verdad que les ayudó a los Nule para que pudieran tener computadores en la cárcel y otros supuestos beneficios que no les correspondían?

Se solicitó unas autorizaciones para la entrada de unos computadores a la cárcel que nada tuvieron de irregular, toda vez que se hicieron de manera oficial, dentro del contexto de la colaboración con la Fiscalía. Hay que entender que la información y archivo de numerosos documentos valiosos referidos a 1.900 contratos reposaban, según ellos, en esos computadores. No los tenían en su memoria.

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¿Hubo beneficios excesivos de su parte a los primos Nule?

Les imputé tres peculados por apropiación en favor de terceros, dos fraudes procesales, dos falsedades en documento privado, un cohecho por dar y un concierto para delinquir. La pregunta pacífica y reflexiva es: ¿será acaso un favor o una concesión haberles imputado esa pluralidad de delitos? En la actualidad ellos se encuentran condenados a 14 años por el delito de peculado que aceptaron y corresponderá a la justicia determinar si se les condena por las demás conductas.

¿Pero parece haber inquietudes en torno a su actuación como fiscal de ese caso?

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No voy a hacer alusiones personales, pero me pregunto por qué tanta bronca y tanta infamia a una actuación de la Fiscalía cuyo propósito fue poner al descubierto a los jinetes del carrusel. No entiendo por qué salen al ruedo espontáneos defensores oficiosos tratando de cuestionar la investigación contra los patrones del cartel de la contratación.

El columnista Zuleta se pregunta si usted autorizó el giro de $4.000 millones a una firma de los Nule. ¿Eso pasó?

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Jamás autoricé giro alguno. Si hubiésemos tenido conocimiento de ese dinero, seguramente habríamos solicitado el embargo y secuestro de esos bienes, pues uno de los propósitos era lograr la indemnización de las víctimas del carrusel. Además, un giro de esa magnitud respecto de dineros personales a quien corresponde autorizarlo en la entidad bancaria es al titular de la cuenta. En mi tiempo como fiscal no logramos el embargo de bienes.

Pero usted solicitó visas para las esposas de los señores Nule para que viajaran a Italia y a España.

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Sí. Ellas manifestaron que se sentían amenazadas y querían viajar, pero eso no constituye trámite irregular. Al fin y al cabo no estaban procesadas. Ahí está la investigación. Y le digo más: los originales y las copias de este proceso no reposaban ni en mi despacho ni en el del fiscal auxiliar; estaban en el despacho de la fiscal Morales en una bodega, en un lugar que desconocía y del que tampoco tenía copia de la llave.

¿Eso es normal? ¿Por qué se tomó esa decisión?

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Por razones de seguridad. Ni siquiera en mi computador se realizaban las declaraciones. Se tomaban éstas y se filmaban en el despacho de mi fiscal auxiliar.

¿Por qué lo retiraron a usted de la investigación?

Eso ocurrió porque mi Dios así lo dispuso. Mi vida es una vida espiritual, todo lo que me pasa viene de la mano de Dios.

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Se rumoró que usted salió de la Fiscalía porque tuvo roces con la fiscal Morales…

En toda entidad encargada de administrar justicia hay dialéctica de contradicciones y miradas diferentes acerca de un tema probatorio. Cuando me desempeñé como fiscal se dieron esas contradicciones referidas a la situación jurídica de uno de los acusados, persona que alguno de mis superiores consideraba que no existían elementos para imputarle el delito de cohecho por recibir. Esa puja se mantuvo algunos meses, pero se superó toda vez que a los Nule se les formuló imputación por el delito de cohecho por dar. De donde resulta la ecuación de que si ellos entregaron dinero fue porque otro les recibió.

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Estamos dándole muchas vueltas al asunto. Pongámosle nombres. Fue al exalcalde Samuel Moreno a quien acusaron de recibir de los Nule $5.000 millones para que no les caducara el contrato de la calle 26. Las contradicciones con la fiscal Morales fueron por el tema del exalcalde, ¿no?

Permítame que le conteste así, de forma abstracta.

¿Cómo es su relación con Viviane Morales?

Desde el 8 de julio del año pasado, cuando me declaró insubsistente, no he vuelto a tener comunicación con ella.

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¿Y con Carlos Alonso Lucio?

Tampoco.

En algún momento se llegó a decir que Lucio tenía bastante influencia en las decisiones de la Fiscalía. En el caso del carrusel, ¿alguna vez le hizo algún tipo de comentario en particular?

Ahora me encuentro cautivo de la oración, del silencio, de mi familia. En cuanto a su pregunta debo contestarle que los juicios no son de los hombres sino de Dios y que sobre el pastor Lucio no me corresponde hacer ningún juicio. Más bien prefiero que de él se encarguen los tribunales populares de la historia colombiana.

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Desde la barrera, ¿cómo ve el proceso del carrusel?

No sabría decirle, porque no sé cuántos avances tuvo la Fiscalía desde mi salida. Quedaron temas pendientes, como la investigación contra Álvaro Dávila y Emilio Tapia, contra funcionarios del IDU. Creo recordar que existían 19 procesos más contra los Nule por otros casos, pero confío en que la Fiscalía del doctor Eduardo Montealegre encuentre resultados exitosos.

¿No cree que la investigación del carrusel está descarrilándose? Hace mucho tiempo se habló de imputaciones contra Dávila y Tapia y nada que se concretan.

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Las razones las tendrá la Fiscalía. Pero el gran propósito será el de poner al descubierto el gran carrusel a nivel nacional, alrededor de los 1.900 contratos que los Nule celebraron.

¿Considera acertada la decisión del fiscal Montealegre de haberles revocado a los Nule el principio de oportunidad?

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Respeto esa decisión. No tengo razones para controvertirla.

Los Nule ya dijeron que no iban a hablar más. ¿No cree que peligran los casos en los que han sido utilizados como testigos?

En medio de las dificultades se debe encontrar una fórmula para que ellos declaren en los distintos juicios orales.

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¿Cree entonces que si ellos no van a los juicios a ratificar sus denuncias, al exalcalde Moreno no podrían condenarlo?

No sé cuántos elementos tenga la Fiscalía desde mi salida, por lo cual no podría afirmar eso.

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¿Pero los casos del carrusel podrían tambalear?

Si los Nule no declaran en los juicios orales que están por realizarse, sí existe la posibilidad de que algunas de las conductas imputadas se vengan abajo. Eso es preocupante. A mí me duele este país, quiero mucho a Colombia y no dejo de soñarla en paz.

¿Alguna vez el país va a conocer las dimensiones de este cartel?

Ojalá los Nule pongan al descubierto lo que saben.

¿Son los Nule los bandidos de los bandidos de Colombia? ¿Y los que les dieron contratos qué?

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Ellos cometieron un sinnúmero de delitos, pero no se contrataban a sí mismos. Ellos son un extremo de la dialéctica contractual. En el otro extremo están muchísimos funcionarios. Ojalá esa verdad algún día la conozca esta Colombia herida y desangrada por tantas celebraciones indebidas de contratos y peculados.

Durante el tiempo que investigó el carrusel, ¿alguien trató meterle la mano al proceso?

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En este momento hay cosas que ya no recuerdo y otras de las cuales me quiero olvidar.

“La corrupción es el aceite de la maquinaria”

¿Por qué cree que crímenes tan aberrantes como el de Rosa Elvira Cely generan tanta indignación nacional, pero en casos de corrupción como el del carrusel no hay una movilización parecida?

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No es exagerado pensar que las celebraciones indebidas de contratos son el aceite de los piñones de la maquinaria de esta democracia. El Estado se mueve alrededor de la contratación estatal. No se puede generalizar, pero quizás eso explica por qué hay una especie de tolerancia colectiva con estos temas y no se generan indignaciones de la magnitud de los crímenes reprochables contra las mujeres.

¿Nunca se sintió cómodo en la Fiscalía?

Haber salido de allí fue lo mejor que me pudo pasar. Me sentía más a gusto como magistrado de la Corte Suprema de Justicia, en donde jamás me encontré con lógicas políticas, en donde jamás me encontré con aquella ecuación que Luigi Ferrajoli denomina como la relación entre el poder y el saber, en donde el poder político tiene más fuerza que el saber, que la fuerza de los argumentos. Todavía añoro la Sala de Casación Penal, en donde se me dio la oportunidad de pasar tres años largos felices embebido en lógicas jurídicas y probatorias. 

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