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El pasado 21 de julio, voluntarios de un hogar de paso que cuida de perros y gatos de las calles o abandonados encontraron un nuevo hogar para Balú, un gatico que había llegado a sus cuidados luego de que fue recuperado de una alcantarilla y en estado de desnutrición. Lo entregaron en adopción a una joven quien, mediante un contrato, se comprometió a cuidarlo y aceptar visitas de sus antiguos cuidadores para que pudieran verificar su estado. No obstante, esas visitas no se han dado y, por eso, el caso llegó hasta un centro de conciliación judicial.
La voluntaria del hogar, Adelaida Herrera, explicó que la joven que adoptó el gatico de apenas cinco meses cumplió con los requisitos que se consignan en un formulario para ello, en el que se explica la importancia de hacerse cargo de un animalito y se enlistan sus responsabilidades. No obstante, según explicó a este diario Herrera, después de entregar a Balú, la mujer no accedió a las visitas e incluso llegó decir que ya no quería al gatico, lo que generó alarmas.
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Primero, la joven les dijo que el contrato no era válido porque los voluntarios supuestamente no tenían un poder. Luego, les envió fotos del animalito sin contarles con detalle los resultados de las revisiones por parte de los veterinarios, lo cual es clave en este proceso ya que Balú fue entregado en perfectas condiciones luego de que en el hogar se encargaran de cuidarlo durante más de dos meses, alimentarlo, desparasitarlo y esterilizarlo.
“El gatico lo entregamos en julio y no hemos podido verlo. En ese tiempo, la adoptante, en dos ocasiones nos comunicó que quería devolverlo. La primera vez fue al segundo día de recibirlo, porque el gatico no hacía sus necesidades en la caja de arena. Le dijimos que sí y cuando íbamos a recogerlo ella dijo que se había encariñado. Más adelante, dijo que lo iba devolver porque se había vuelto agresivo que la había mordido”, relató Herrera. Pero en esa segunda ocasión tampoco devolvió al gatico Balú, según relató la voluntaria.
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En este punto, decidieron buscar al Consultorio Jurídico de la Universidad Cooperativa de Colombia, que asumió el caso y determinó que el contrato sí era válido. Por eso, se solicitó una audiencia ante el Centro de Conciliación de esa institución educativa a la que asistieron ambas partes. La audiencia fue un éxito y se programó para este martes 17 de septiembre una visita de verificación que contará con el acompañamiento de un veterinario del Instituto de Protección y Bienestar Animal para que certifique el estado del animal. Y se pactó, además, realizar una segunda visita a realizarse en los dos meses subsiguientes.
El coordinador del Centro de Conciliación de la Universidad Cooperativa de Colombia, Jaime Elías Torres, explicó que, si en esa visita se llega a comprobar que el gato está en mal estado, el Distrito se lo puede llevar inmediatamente. Además, aclaró que esta conciliación fue posible debido al contrato firmado, que no es una formalidad que se realice en todos los procesos de adopción de animales.
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“Nosotros estamos poniendo de presente la jurisprudencia de la Corte Constitucional en la materia al reconocer como seres sintientes a los animales y la doctrina que se ha formado acerca de cómo hay una familia extendida que incluye también a los animales (…) Para nosotros es gratificante tener la oportunidad de mediar en un conflicto que fue bien resuelto”, señaló.
“El ordenamiento jurídico colombiano contempla la adopción de manera general como una medida de protección en la que se establece prioritariamente determinar que la persona tiene la aptitud para poder ser un adoptante. De igual manera, tratándose de un ser sintiente, la persona debe tener claramente analizada la capacidad de comprometerse a cuidar de otro ser, de que tiene la capacidad económica, financiera y el tiempo para ser un adoptante responsable y no llevar a estos animalitos a padecer situaciones apremiantes”, agregó.