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La conexión africana

La Fiscalía reconstruyó la historia de David Alán Castaño Díaz, quien falleció en febrero pasado días después  de que la Fiscalía le incautara $6.700 millones en un apartamento.

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Después de haber sido, en concepto de la Fiscalía, uno de los pioneros del comercio de drogas ilícitas desde Colombia, utilizando al continente africano como puerto de tránsito hacia Europa, murió en febrero pasado en Medellín David Alán Castaño Díaz, alias Alberto, sobre quien las autoridades colombianas tienen información de que fue socio y lugarteniente del extraditado narcotraficante Fabio Ochoa Vasco, con quien logró amasar una fortuna que al mismo tiempo se convertiría en el motivo de su desgracia.

Incluso, la Fiscalía sospecha que el preinfarto que lo llevó a la muerte fue causado por el impacto que le provocó la incautación, en diciembre pasado, en un apartamento del norte de Bogotá de $6.700 millones de su organización (de los cuales $200 eran falsos), que la Policía, en primer momento, presentó como una caleta que pertenecía a DMG. Ese día también fueron incautados dos vehículos de alta gama (un Mercedes Benz y un Mazda blindado).

Respecto a Castaño Díaz, quien nació en el municipio de Salamina, Caldas, la Unidad de Lavado de Activos del ente acusador logró establecer que luego de ser comerciante de ganado en su región viajó a Guinea Bissau, en África, donde se estableció por varios años. Allí encontró terreno fértil para, según la Fiscalía, adelantar sus actividades ilícitas. En ese país, considerado el primer ‘narcoestado’ del mundo, sus dos millones de habitantes sobreviven con menos de US$1 al día, pero a diferencia de otras naciones africanas, no se debate en una guerra civil.

Sumando la situación de miseria, ubicación geográfica y disposición del territorio (con costas y cerca de 90 islas, entre las cuales 17 están deshabitadas) Guinea Bissau se ha convertido en un paraíso para los narcos colombianos, quienes, según la investigación, sacan la droga del territorio nacional hacia Venezuela, por avión, o Brasil, en barco, y luego la trasladan a África, para posteriormente ubicarla en Europa, especialmente en el Reino Unido.

De Guinea Bissau se sabe, desde hace varios años, que los narcotraficantes residentes allí han construido mansiones (custodiadas por guardias armados) que cuentan con servicio eléctrico y aire acondicionado y se desplazan en vehículos lujosos, al tiempo que usan tecnología de punta que contrasta con las dificultades que afrontan los habitantes de ese país. Además, hay presencia de mujeres colombianas que ejercen la prostitución. Algo similar ocurre en naciones del occidente de África, como Senegal, Guinea, Sierra Leona, Costa de Marfil, Ghana y Togo.

En este ambiente vivía Castaño Díaz antes de regresar al país luego de que las autoridades de Guinnea Bissau realizaran un operativo en su contra. En Colombia comenzó a ser objeto de seguimientos y labores de inteligencia por parte de la Fiscalía, que logró identificar a sus familiares, amigos, testaferros, propiedades, empresas, sociedades y vehículos.

En desarrollo de esta investigación el ente acusador realizó la semana pasada la operación ‘Jeroba I’ en Manizales y Medellín y capturó a ocho personas; entre ellas había cinco hermanos de Castaño Díaz, quienes se dedicaban a actividades como informática, cría especializada de ovejas, cabras y caballos y comercio al por menor en establecimientos no especializados.

En la capital antioqueña también fue allanada una empresa que habría sido utilizada para operaciones de lavado de activos. Esta operación es apenas la punta del iceberg de una sofisticada red de alianzas y rutas que han permitido que el comercio mundial de droga siga mutando y expandiéndose aprovechando la pobreza y la miseria de algunas naciones.

Para ver la ruta africana, haga clic AQUÍ

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