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La mala hora de la Policía

En lo corrido del año han sido capturados casi 60 policías relacionados con narcotráfico. Valle, Nariño y Chocó, los departamentos afectados.

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El general Óscar Naranjo, director de la Policía Nacional, dijo que el pasado miércoles fue “un día doloroso y vergonzoso para la institución”. Y ello debido a la captura de 25 policías por sus posibles nexos con el narcotráfico. Pero parece que, más que un día, es un semestre de escándalos donde se empieza a desnudar con más frecuencia la magnitud del problema de “narcopolicías” enquistados en la institución, que hoy salen a flote por las investigaciones que adelantan las mismas autoridades.

Sin embargo, el episodio del pasado miércoles abre de nuevo el debate sobre la importancia de seguir la investigación con profundidad para hacer una gran depuración de la Policía y todas las Fuerzas Militares. Al menos, en el discurso el general Naranjo parece tener esa intención al decir: “Que les quede claro a todos los policías que actuaremos con rigor, con toda contundencia, y que someteremos a la justicia ordinaria a quien se desvíe del cumplimiento de sus obligaciones”.

Sin embargo, para investigadores como Ariel Ávila, de la Fundación Nuevo Arco Iris, no basta con la intención y se debe pasar del discurso a las acciones de fondo. “La Policía tiene un gran relacionista público como el general Naranjo. Él da la cara y ofrece recompensas, pero no se ha dado el gran debate por la depuración de la Policía”.

Entre los casos más sonados en lo corrido de 2011 se reporta la captura de al menos 60 uniformados activos en diferentes partes del país, por sus nexos con bandas criminales. Los casos más reiterados se encuentran en los departamentos de Córdoba, Magdalena, Valle del Cauca, Nariño y Chocó.

De acuerdo con las investigaciones, la labor específica de los uniformados generalmente es aprovechar su condición de autoridad para permitir el paso de cargamentos de droga y el tránsito libre de los cabecillas de las organizaciones ilegales.

Para Ávila esto no es nuevo, es un problema de muchos años y lo de hoy es el resultado de lo que no se hizo después del proceso de desmovilización: la depuración de la Fuerza Pública. “Se presentó esto con los carteles de Cali y Medellín en los años 80 y luego con las Auc. En las versiones libres los desmovilizados mencionaron a casi 300 miembros de la Fuerza Pública y sólo hay tres investigaciones”.

La seguidilla de escándalos comenzó con la captura del mayor Julio César Torrijos, quien se desempeñaba como comandante de la Sijín en Caquetá. El 27 de enero lo atraparon en Venadillo (Tolima), cuando llevaba 103 kilos de cocaína. El oficial estaba de vacaciones.

Luego, en febrero atraparon a cinco policías de varias estaciones en municipios del Valle del Cauca, por trabajar con ‘Los Rastrojos’. Los uniformados aceptaron cargos y los condenaron a cinco años de prisión. Los sentenciados fueron Luis Ángel Quesada González, excomandante de la estación de Venecia; Miguel Ángel Zuleta Moncada, excomandante de la estación de El Naranjal; Rodrigo Enrique Henao Rivera, exsubcomandante de la estación de Andinápoles; subintendente Juan Carlos Jiménez y Héctor Fabio Muñoz Castro, ex comandante de la estación de Salónica, jurisdicción de Tuluá (Valle).

Mayo y junio fueron posiblemente los meses más difíciles para la institución, con cinco operaciones. En la vía Bogotá-Medellín capturaron a un policía que llevaba 50 armas para bandas en Antioquia; en Cali atraparon a siete policías por apropiarse de dos millones de dólares que eran del narcotráfico, y en una operación conjunta contra ‘Los Rastrojos’ capturaron a siete policías de la estación de Nuquí (Chocó) junto a otros miembros del CTI y de la Armada.

El más reciente escándalo fue la captura de 25 uniformados que se registró el pasado miércoles. A 17 los atraparon en Bucaramanga, Cali, Bogotá y San Andrés, quienes protegían una ruta de tráfico de droga desde el centro del país hasta San Andrés. A los otros ocho los capturaron en Bogotá, señalados de apropiarse de un cargamento de droga.

A pesar del complejo panorama de infiltración del narcotráfico en la Fuerza Pública, según el investigador de la fundación Nuevo Arco Iris “se debe aclarar que no es una gran conspiración, sino focos regionales de corrupción. Mientras ‘Los Rastrojos’ tienen penetrada la Policía, ‘Los Urabeños’ al Ejército. Eso va de una región a otra. Hay que prestarles atención a la Policía Antinarcóticos, a la Aduanera y a la de Carreteras, que son esenciales para los ilegales”.

Pero además dice que no es algo exclusivo de la Policía. “Preocupan la DIAN, las cámaras de Comercio, la Superintendencia de Seguridad, por ejemplo. Hay muchas instituciones que pasan de agache y tienen gran responsabilidad. El fenómeno es más complejo y no es sólo de 15 policías detenidos. Hay zonas complicadas, como Córdoba, Valle del Cauca y Magdalena, donde la Fuerza Pública y las bacrim parecen uno solo”, concluyó.

Ahora, el día doloroso y vergonzoso para la Policía, como lo calificó su director, abre de nuevo el debate de la importancia de ir a fondo con las investigaciones y abrir el debate sobre la depuración real de las Fuerzas, para erradicar la corrupción.

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