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Los mataron a mansalva. Tres tenían tiros de gracia en la cabeza y uno más en la espalda. Fue en la mañana de ayer en un campamento itinerante ubicado entre Araucara y Puerto Solano, en Caquetá. Los tenía en su poder el frente 63 de las Farc al mando de Javier Yangume, alias Orlando Porcelana , que depende jerárquicamente de las directrices del jefe del secretariado alias Joaquín Gómez. Sobre la una de la tarde de ayer ya el país conocía los nombres de los cuatro secuestrados acribillados por la guerrilla. Colombia resolló resignada.
Se trataba del sargento Libio José Martínez, el coronel Edgar Yesid Duarte, el mayor Elkin Hernández y el intendente Álvaro Moreno, todos en poder de las Farc desde hace más de 12 años. Ninguno tuvo la suerte de ser incluido en las liberaciones unilaterales o intercambios humanitarios en los tiempos del gobierno de Andrés Pastrana. Libio Martínez jamás pudo conocer a su hijo Johan Steven. Cada una de sus familias encarna una tragedia.
Hace 45 días un grupo élite de las Fuerzas Armadas llegó a esa zona selvática entre los límites de Caquetá y Putumayo. Tenía información de que en esa región específica se movía un frente guerrillero con un grupo de secuestrados. No obstante, después de patrullar el área durante mes y medio no había podido avanzar mucho. El viernes en la tarde ubicaron unas huellas frescas y empezaron a seguirlas. Se toparon con un anillo de seguridad del frente 63. Iniciaron los combates. Un soldado terminó herido y una guerrillera detenida confirmó que su grupo sí tenía a los plagiados. Los uniformados estaban a punto de repetir la gloria de la operación Camaleón.
En la mañana de ayer, cuando un comando del Ejército alcanzó a percatarse del campamento, algo ocurrió. Aún no se había planificado una operación pero se buscaba asegurar el terreno para desarrollar una acción milimétrica. Pero la guerrilla se dio cuenta y no dudó en fusilar, tal como ha sido la orden del secretariado, a los cuatro uniformados. Cuando la tropa llegó estaban a su lado cadenas y candados. Así mantenían la mayor parte del tiempo. Los cuatro cadáveres fueron hallados en un punto del campamento.
Según conoció El Espectador, el encargado hoy por hoy de los secuestrados, como en otros tiempos era alias Martín Sombra, es hoy un sujeto llamado Alirio Rojas. Hace pocas semanas él le dio la orden al frente 63 de las Farc que opera en esa región que movilizara un pequeño grupo de integrantes de la fuerza pública. Justamente este grupo que fue vilmente asesinado por orden de Orlando Porcelana, que manejaba el llamado frente interamazónico de las Farc.
Después del operativo de Cano del pasado 4 de noviembre y el cerco que empezó a sentir el comando guerrillero de Alirio Rojas, se dio la orden de trasladar a los secuestrados del Guaviare al Caquetá. Las autoridades estaban muy cerca entonces de un rescate. Ya en julio de 2003 lo había anticipado el Mono Jojoy ante 32 secuestrados en caso de una operación militar: “Ustedes saben que si se tienen prisioneros la primera misión es preservar la vida. Pero si no hay condiciones entonces la segunda misión es eliminarlos”. De nuevo esa sentencia se cumplió como ya había ocurrido en el frustrado rescate del exgobernador Guillermo Gaviria, su asesor de paz Gilberto Echeverri y ocho militares más.
En junio de 2007 las Farc también asesinaron a once diputados del Valle que habían sido secuestrados en abril de 2002 en Cali. Inicialmente reportaron que los habían matado porque hubo miembros de la fuerza pública que intentaron un rescate. Pronto se descubrió el engaño y quedó en evidencia la salvajada. El ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón lamentó este crimen de lesa humanidad contra cuatro de los uniformados que más tiempo llevaban en cautiverio, y dijo apesadumbrado que en Colombia hechos como este no pueden quedar en la impunidad y que crímenes a sangre fría, con tiros de gracia, deben ser repudiados por la comunidad internacional.
En ese mismo sentido el presidente Juan Manuel Santos repudió la barbarie y dijo que los únicos responsables de ésta son aquellos inhumanos que los secuestraron durante una década y más y que ayer apretaron el gatillo para segarles la vida. De nuevo, los familiares de los plagiados reprocharon los intentos de rescate, pero el Gobierno les recordó que es su deber traerlos a todos de vuelta de las profundidades de la selva. Hoy Colombia está compungida.
Marleny Orjuela, vocera de las familias de secuestrados
“El dolor es muy grande, qué Navidad tan feliz nos han dado. Señores de las Farc: ¿esto es la revolución? Presidente Santos: qué inhumanidad permitir un intento de rescate. Exigimos que se negocie la libertad de los que siguen secuestrados”.
Herbin Hoyos, periodista de las Voces del secuestro y líder de la Caravana de la Libertad
“Hay dolor, rabia, impotencia. El país debe pedir la libertad de todos los secuestrados. Hay mucha indiferencia, que es algo más cruel que todo el horror que está ocurriendo. Si la sociedad no reacciona, no sé qué otras cosas nos pueden esperar. A los que siguen secuestrados hay que decirles que sigan resistiendo y aferrándose a la vida. No podemos esperar más tiempo, no podemos esperar que los sigan fusilando estando amarrados a un árbol indefensos. Las Farc son una guerrilla cruel, anquilosada en el poder del dinero del narcotráfico”.
Alan Jara, exsecuestrado
“Es un hecho muy doloroso y triste. Toda Colombia tiene que clamar por la libertad inmediata de todos los secuestrados que aún están en la selva. Queda demostrado que las Farc tienen desprecio por la vida, para ellos no hay ni Dios ni ley”.
Sigifredo López, exsecuestrado, sobreviviente de la matanza de los diputados del Valle (2007)
“Esta masacre es un nuevo crimen de guerra de las Farc contra la sociedad colombiana. Todos tenemos que rechazar este acto de barbarie y de barbaridad. Hay que salir a las calles a expresar el repudio, la sociedad civil tiene que gritar no más, queremos la paz”.