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De hecho, solía presentarse ante fiscales y demás operadores de justicia como uno de los hombres mejor relacionados con personajes influyentes de la Casa de Nariño. Al punto que, incluso, se ufanaba de ser un experto en derechos humanos que acreditaba una larga carrera en el campo del Derecho.
Hace un mes, luego de hacerse conocer de fiscales y asistentes judiciales en la sede del ente acusador ubicada en la carrera 13 con calle 18, en el centro de la capital, Ramos López empezó a sugerirles a varios funcionarios que podía conseguirles trabajo fácilmente a ellos o a sus familias. El único requisito era pagar un dinero (que promediaba unos 30 mil pesos) para asegurar una cita con un alto funcionario del Palacio de Nariño. Y para demostrar sus buenas relaciones con ”cacaos” del Ejecutivo, el ciudadano peruano exhibía un carné de la Presidencia firmado por Alicia Arango, secretaria privada del Primer Mandatario.
Las alarmas se prendieron cuando varios funcionarios se comunicaron con la Casa de Nariño para corroborar la veracidad de lo dicho por Ramos López y, sobre todo, para confirmar si era cierto que debía cancelarse un dinero para sacar una cita en algún despacho. La respuesta de voceros de la Presidencia fue tajante: No. De inmediato, se informó al DAS para que investigara el asunto.
Las pesquisas revelaron que Miguel Ramos López, en efecto, se movía como pez en el agua por distintos despachos judiciales y que su carta de presentación fue siempre la misma: ser uno de los hombres más cercanos a la Casa de Nariño con influencias suficientes para conseguir empleos. El DAS lo detuvo el pasado 19 de febrero y fue expulsado del país mediante resolución expedida por la Subdirección de Extranjería de la Policía Secreta.
Por ahora se investiga si este hombre trabajaba solo o tenía una red de colaboradores. También se investiga cómo este personaje pudo conseguir un carné de la Presidencia. Entre tanto, lo cierto es que muchos funcionarios incautos que pensaron que Ramos podría ser la solución a sus problemas laborales, se quedaron viendo un chispero, como sentencia la sabiduría popular.