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“El bloque intelectual de las Farc nos desorienta con un discurso de paz que finalmente conduce al terrorismo”, expresó el presidente Uribe 48 horas después de la liberación del ex diputado del Valle Sigifredo López, y el grupo de Colombianos y Colombianas por la Paz se dio por aludido. El debate polarizó opiniones y quedaron en el aire interrogantes: ¿A quiénes se refería Uribe? ¿Lo hizo para bajarle el protagonismo a la senadora Córdoba? ¿Existe el bloque intelectual de las Farc?
El Espectador acudió a expertos en busca de respuestas y encontró nombres propios. Los organismos de seguridad sostienen que ese bloque es real y que los llamados “intelectuales” de las Farc constituyen una red de apoyo que tiene como base ideológica el trabajo clandestino de cuatro curtidos jefes guerrilleros, universitarios, con especializaciones en el exterior y ex militantes del Partido Comunista.
El primero es Guillermo León Sáenz Vargas o Alfonso Cano, jefe máximo de las Farc luego de la muerte de Manuel Marulanda Vélez. Nacido en Bogotá el 22 de julio de 1948, hijo mayor de una maestra y un ingeniero agrónomo de filiación conservadora, a la hora de elegir universidad escogió la Nacional y optó por la antropología, pero una protesta estudiantil le cambió la vida. Como participó en la revuelta, terminó en una estación de Policía.
Sáenz militaba en el Partido Comunista, venía de ser uno de los líderes más destacados de la Juventud Comunista, donde permaneció desde 1974 hasta 1980, y por estos antecedentes, cuando fue detenido, las directivas del PC le recomendaron que era mejor salir del país rumbo a Moscú. Cuando escuchó la propuesta dio una respuesta que cambió su historia. Les dijo que prefería la lucha armada a las reivindicaciones estudiantiles.
Los estudios quedaron sin finalizar y fue enviado al Bloque Noroeste en Urabá. Pero bastó un encuentro con Jacobo Arenas en la mítica Casa Verde, en el Meta, para que Cano, a sus 29 años, se convirtiera en uno de sus hombres de confianza. Ambos compartían la pasión por la historia y por la lectura marxista. Desde entonces fue conocido como uno de los ideólogos de las Farc y entró a liderar el ala política, con el amparo de Arenas.
Años después fue designado como jefe del Bloque Occidental en el Valle y conoció a Jorge Torres o Pablo Catatumbo, quien se convirtió en su segundo a bordo. Constituyeron una alianza de intereses con un mismo objetivo: fortalecer políticamente a los cuadros guerrilleros. Cano pasó al Bloque Central, allí conoció a Iván Ríos, muerto en 2008 por uno de sus lugartenientes, e hizo lo propio: ideología y guerra.
La experiencia le permitió su primer momento estelar. Entre 1991 y 1992 fue el vocero oficial de la guerrilla en los diálogos de paz en Caracas y Tlaxcala (México) durante el gobierno Gaviria. Y a su lado estuvo Luciano Marín, Iván Márquez, quien ya traía su propia historia y hoy, junto con Cano, no sólo comparte el Secretariado sino el Bloque Intelectual que busca consolidar partido político y diplomacia guerrillera. Nacido en Florencia (Caquetá) en 1955, Márquez fue uno de los gestores de la Unión Patriótica. Salió elegido en 1986 como congresista, pero cuando se desató la violencia contra la UP retornó a la lucha armada. Encarna el principio de la combinación de las formas de lucha.
Su paso por la universidad fue breve. Hizo algunos semestres de agronomía y de derecho. Pasó por la Juventud Comunista y fue miembro del Partido. Después ingresó a los bloques que operaban en el Magdalena y fue enviado a Urabá. A pesar de que militarmente cedió ante la presión de las Auc, su visión le permitió acceder al Secretariado de las Farc. Cano y Márquez representan la generación universitaria de las Farc. Por sus manos surgió el Movimiento Bolivariano que se abrió paso como el Partido Comunista Clandestino.
Aunque la plataforma del movimiento nació en La Macarena (Meta), en el interior de las Farc nació la fórmula para fortalecer el proyecto: “Multiplicar por 10”, orden impartida por Cano y Márquez para que en todo lugar se cooptara a las 10 personas más influyentes. Hoy, las autoridades temen que las Farc han atraído a más de 500 líderes en proceso de formación política. “El propósito es seleccionar dirigentes que divulguen su pensamiento. La idea es que se crea que su lucha sólo es política”, dice una fuente de inteligencia del Estado.
Pero en las Farc es claro que la fortaleza militar debe ir a la par con la multiplicación de su ideario. Y es ahí donde entra el tercero en la lista: Milton de Jesús Toncel, alias Joaquín Gómez. Se matriculó en la Juventud Comunista a comienzos de los 70, pasó por el Partido, se graduó como ingeniero agrónomo en Moscú y no volvió a su natal Guajira, donde nació en marzo de 1947. Primero fue ideólogo y después estratega militar. Un derrotero no muy distinto al cuarto hombre del bloque intelectual de las Farc: Jesús Santrich o Bertulfo Álvarez. Su historia no es muy diferente a la de Cano, Márquez y Gómez. Empezó en la Juventud Comunista en el 70 en Barranquilla, mientras estudiaba derecho. Una protesta estudiantil lo llevó a las Farc y se desarrolló militarmente en el Bloque Caribe.
Santrich fue el segundo de Márquez. Vive en la frontera con Venezuela. Es la punta de lanza de las Farc en sus relaciones con ese país. “Representa la línea dura del ala política. Conoce la historia de las Farc y defiende el carácter agrario de esta guerrilla”. Es el más joven del bloque intelectual, pero el más activo en la tarea política. Con Cano, Márquez y Gómez, representa una línea ortodoxa, pero de su mano las Farc tienen un discurso que impera más que su milicia.
Dudas procesales de presuntos infiltrados
El 28 de noviembre de 2005, en el sector conocido como San Agustín, en el municipio de Colombia (Huila), en una acción militar contra las Farc, se encontraron valiosos documentos sobre la organización del Movimiento Bolivariano y el Partido Comunista Clandestino.
La información dio cuenta de que el máximo dirigente y responsable de la expansión política de las Farc es alias Alfonso Cano y que su propósito es penetrar las universidades públicas, los sindicatos y las organizaciones sociales con el fin de consolidar una base social de la guerrilla.
En desarrollo de esas investigaciones, en diciembre de 2008 la Fiscalía ordenó la captura de 55 personas presuntamente relacionadas con la red clandestina de las Farc. No obstante, este proceso ha estado lleno de irregularidades y ha sido objeto de cuestionamientos.