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Lucero Lindo, la harlista más veterana de Colombia, quien falleció en las últimas horas en Bucaramanga al caer de una moto que era conducida por su hijo Andrés, era la madre de Francisco Javier Zuluaga Lindo, alias Gordo Lindo, personaje asociado al narcotráfico que salió a relucir en 2004, cuando logró colarse al accidentado proceso de paz entre el gobierno Uribe y los grupos de autodefensas como supuesto comandante del Bloque Pacífico y jefe financiero del Bloque Calima, pero no se salvó de ser extraditado a Estados Unidos en 2008.
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El rastro de Gordo Lindo pasa por su fugaz regreso a la libertad en Estados Unidos, en enero de 2018, y su encarcelamiento en La Picota a su regreso al país. Pero el de su madre, Lucero Lindo, lo desborda, no solo porque fue propietaria de costosos caballos y yeguas en su criadero Rancho Lindo, sino porque también fue una mujer reconocida en las ferias equinas más importantes de Colombia, razón por la cual conservó en video la memoria de los enigmáticos y poderosos caballistas del país y también en su colección de impresos.
En los últimos tiempos se había refugiado en su casa-finca en Las Parcelas, en Cota, goteras de Bogotá, pero dejó un testimonio gráfico de los días de su reinado personal de poder entre poderosos. En 1975 montando la yegua Bochica, que llegó a ser mundialmente famosa; en el 76, en Roldanillo (Valle), con Rey Pelé, campeón de trote y galope; en Popayán o Cartagena con el campeón Contrapunto, del patriarca de las esmeraldas Víctor Quintero, y hasta al lomo del no menos famoso Tupac Amarú, montándolo en 1978 en Santander de Quilichao.
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Era robusta y de cara bonita. En los tiempos en los que asistía como invitada de lujo a las más acreditadas exposiciones equinas, que siempre filmaba o les hacía revistas de registro, su hijo Francisco Javier oficiaba como su camarógrafo y asistente. En ese entorno estableció los contactos que lo llevaron a relacionarse con el narcotráfico, al punto de que, a sus 27 años, ya acumulaba una fortuna superior a los $100.000 millones. De hecho, de él se dijo que fue el primero que se atrevió a llevar barcos de gran tamaño fletados de droga hasta los puertos más importantes de Europa.
Entre tanto, su madre oficiaba también como cantante aficionada, pues era amante de las rancheras y las grabó con canciones inéditas que terminó compilando en su CD Los sueños de mi vida, producido en Midiland Recording Studios, en Miami (Florida). En la dedicatoria del producto quedó escrito: “Lucero Lindo, caballista de tradición… ha sido la embajadora de Colombia ante el mundo equino, ha llevado el nombre de Colombia a los mejores escenarios del mundo… como caballista, Lucero Lindo ha forjado una reputación de conocedora y mujer de oído, que ha sabido manejar el paso de su vida desde su criadero Rancho Lindo”.
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En una ocasión, durante un encuentro con periodistas en el almacén Éxito de la calle 53 con avenida Caracas, de Bogotá, antes de que su hijo Francisco Javier fuera extraditado a Estados Unidos, Lucero Lindo contó que una vez, en el restaurante Margarita del Ocho en Jamundí (Valle), Diego León Montoya, alias Don Diego, capo del cartel del norte del Valle, le regaló, escrituras en mano, ese complejo que había sido propiedad del clan de los Ochoa. En su relato pasaron otros hombres de gran fortuna que conoció en detalle por su larga trayectoria en el mundo de los caballos.
Ese mismo día, durante la charla en la que también participaron su hijo Andrés Parra y un abogado monteriano que tiempo después fue asesinado en Medellín, ella aseguró que conocía muchos secretos de gente muy poderosa pero inadvertida en Colombia, y que incluso conservaba una fotografía en la que aparecía sentada y, con ella, apoyado sobre sus rodillas, un hombre ofreciéndole un aguardiente a la altura de su boca. Según Lucero Lindo, ese convincente señor era Alberto Uribe Sierra, padre del expresidente Álvaro Uribe Vélez.
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Jamás tuvo un lío judicial, quizá porque supo guardar sus secretos como una tumba, y todo lo que vio, oyó o se enteró por terceros se fue con ella. Mientras los capos o lugartenientes de los diferentes carteles de la droga terminaron matándose, ella nunca fue tocada ni tampoco su hijo Francisco Javier, porque, con su personalidad extrovertida y espíritu emprendedor, su fórmula fue llevarles a todos alegría y esparcimiento. Salvo el apremio de ser la madre de Gordo Lindo cuando este aterrizó, de la noche a la mañana, en el paramilitarismo, gozó del aprecio de unos y otros.
Al final, se fue dejando pendientes varios “sueños de su vida”, y murió al caer no de uno de sus premiados caballos, con los que reinó en las ferias equinas, sino de uno de acero de alto cilindraje, de una imponente moto Harley-Davidson, color azul, modelo 2018, que conducía su hijo menor Andrés Parra. A sus 68 años, más de cuarenta de ellos también dedicada a su afición de harlista, perdió la vida en la vía entre Bucaramanga y San Gil, por donde transitaba rumbo a Medellín, justamente para participar en un encuentro nacional de harlistas que se realizará este fin de semana.
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Le sobreviven su hijo Francisco Javier, que todavía debe unos cuantos días en prisión por cuenta de sus andanzas en el mundo del narcotráfico y la financiación del paramilitarismo; su hijo Andrés, que heredó la condición de harlista y asistente, y su nieta Lucerito Zuluaga Rubiano, una agraciada joven que ya es diestra en la habilidad de montar caballos de paso fino, deleita con su arte a los grandes jueces del mundo equino y ahora es también la heredera de una leyenda del harlismo que vivió a la sombra de muchos intocables.