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“A mí me contactó un señor con el alias el Monkey, el día que me habló esta persona yo me encontraba en el parque sentado porque no quería ir para el colegio. Ahí fue que esta persona se me acercó y me dijo que si quería ir a raspar coca para Nariño, además me dijo que me pagaban por eso, por lo que dije que sí (…) esto es normal en mi pueblo natal del Cauca, por lo que me fui con esta persona y me llevó para el municipio del Charco, Nariño, a la vereda San Pedro, zona rural” narró Luis*, un niño afrodescendiente de 14 años, oriundo del municipio de Guapi (Cauca).
Él es uno de los muchísimos niños, niñas y adolescentes (NNA) que fueron reclutados por la guerrilla de las Farc-Ep y que hacen parte de una cifra que no se conoce con exactitud y que podría no conocerse con exactitud si de la voluntad de quienes ejecutaron los reclutamientos depende. No obstante, en los informes de la Dirección Nacional de Análisis y Contextos (DINAC) de la Fiscalía reposa información sobre el funcionamiento interno de esa guerrilla, especialmente en lo relacionado con el reclutamiento de sus hombres.
El Espectador tuvo acceso a uno de estos informes en los que se detallan las estrategias de reclutamiento ilícito que aplicó el Bloque Occidental Comandante Alfonso Cano (antes Comando Conjunto de Occidente), que tuvo injerencia en los departamentos del Cauca, Valle del Cauca y Nariño. Para empezar, hay que mencionar que, como en la mayoría de organizaciones delictivas, sus principales víctimas de reclutamiento fueron los NNA ¿por qué? Debido a que son fáciles de guiar, más sugestionables, obedientes y maleables.
Por eso Luis era un buen candidato. Cuando llegó a San Pedro le dieron botas pantaneras, lo mandaron a cortar leña y a ayudar al ranchero (cocinero) a traer agua y provisiones. Durante los primeros dos meses vistió ropa de civil y tenía un arma de madera, mientras se iba adaptando al cambio. Después de ese tiempo, lo uniformaron y le entregaron “un arma de verdad”, pero sin munición. Al año, ya estaba listo. Lo enviaron a Buenaventura como miliciano y allá se dedicó a cobrar vacunas a negocios ubicados en el puerto y llevar el dinero hasta la zona rural.
Y así, progresivamente, paso a paso y bajo un estricto régimen de entrenamiento militar e ideológico es como el Bloque Occidental Comandante Alfonso Cano formaba a sus hombres. Tanto así, que se había planteado que la falta de entrenamiento estimulaba la captura y/o deserción de las filas, según información encontrada por las autoridades en el computador de Leonidas Zambrano, alias Caliche, abatido en 2013 por el ejército.
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Dentro de la instrucción militar, a los reclutados se les daba cursos con base en la cartilla militar de las Farc-Ep, que incluía el uso de granadas de fragmentación, morteros, ensamblaje de cilindros, AK 47, rifles de asalto automático, revólveres, pistolas y cuanta arma mortal se les ocurría. Entonces, el personal nuevo era instruido en ejercicios físicos, simulacros y fabricación de explosivos. Se trataba de un entrenamiento estructurado y serio para los combatientes en el que la disciplina y la obediencia no eran negociables.
“Me llevaron a un páramo que queda de San Sebastián (Nariño) para abajo, ahí me tuvieron como seis meses, supuestamente en entrenamiento, nos enseñaron a manejar armas, a correr, ejercicios, simulacros que llegaba el ejército y uno tenía que defenderse con unos fusiles de palo, nos daban cursos de política, cursos de explosivos (…) Durante el tiempo que estuve en ese grupo porté uniforme camuflado, fusil 7:62, munición para esa arma, granadas de mano y de mortero, explosivos como ‘casa bobos’ que son minas quiebra patas”, agregó Luis*.
Y, al mismo tiempo que recibían semejante instrucción militar, se les impartía una clara formación política e ideológica basada en las ideas del grupo y la disciplina, tal como lo establecían los estatutos de la organización (capítulo IV). Esto básicamente se trataba incitar a los miembros a hacer esfuerzos permanentes por superarse en lo político, cultural y militar para gestar la identidad de los combatientes y evitar en la medida de lo posible las deserciones. Por eso, apegarse a los símbolos, la forma de hablar y las costumbres era clave para que los combatientes crearan esa identidad y se sintieran pertenecientes al grupo.
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Para esto, cada frente, a una hora precisa, dedicaba una hora a impartir la enseñanza ideológica a sus tropas, basadas en principios del Marxismo y el Leninismo. “Allá nos daban enseñanzas de política de la guerrilla, quien fundó la guerrilla, nos decían que luchábamos por el pueblo contra las oligarquías, nos hacían copiar sobre esas ideologías”, dijo uno de los menores reclutados, cuyo testimonio reposa en el informe. No obstante, el porcentaje entre formación política y militar variaba dependiendo de la vocación o la función que se le asignara a cada integrante.
Según el informe, a los niños, niñas y adolescentes reclutados por este bloque se les trataba igual que a los adultos y no había ningún tipo de condescendencia, en ese sentido, cuando desobedecían una orden recibían una sanción o castigo acorde a su falta y no estaban exentos de ser presentados en Consejo de Guerra -tribunal militar en el que se decide absolver o fusilar a quien haya cometido una falta grave o “delito”-. Además, según registros, los altos mandos del bloque también utilizaban la tortura como sanción a quienes se negaran a cumplir órdenes sobre tareas cotidianas o asesinatos.
“En una ocasión fui sancionado (…) fuimos amarrados en una casa y nos dejaron abandonados, esto fue en horas de la mañana de un día, hasta la tarde del otro día. Este castigo fue por no haber cumplido la orden de ir a matar a un comerciante, no cumplí la orden porque esa persona nos había ayudado como organización y personalmente me había ayudado por eso no cumplí esa orden, este comerciante se alcanzó a ir del sector, a otros comerciantes sí los mataron. Yo al momento de ingresar fui capacitado sobre que podía y que no podía hacer, sabía que me podían matar si desobedecía”, explicó otro menor reclutado.
Pero volviendo al reclutamiento, este era una parte esencial de cada plan estratégico del Bloque porque de esto dependía el crecimiento de la organización, entonces había una meta, por llamarlo así, de número de personas que se debían reclutar teniendo en cuenta la disponibilidad de recursos y los estatutos de la organización. Por ejemplo, en el Plan de 1.999 se proyectaba un crecimiento del Bloque Occidental del 20% y se ordenó priorizar el trabajo con las masas.
Este último punto consistía en ganar la simpatía de las comunidades negras e indígenas, reconocidas como un sector importante en las zonas de injerencia, vinculando sus luchas y reivindicaciones a sus motivos de guerra, para que apoyaran la causa revolucionaria. Luego, en el año 2000 (documento: ley 005 sobre el reclutamiento de carácter general de todos los Bloques), esta guerrilla procuró por que se intensificaran las políticas de reclutamiento en todo el territorio nacional con el objetivo de consolidar el “Ejército Bolivariano”.
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Se estableció en ese momento que el ingreso a las tropas sería voluntario a partir de los 15 años para todo aquel que se identificara como un bolivariano y aceptara los estatutos de la organización y que el reclutamiento forzoso, solamente procedería en caso de “extrema necesidad patriótica”. No obstante, en ningún apartado del documento conocido por las autoridades se mencionan cuáles serían los criterios para considerar que se está frente a una extrema necesidad patriótica.
Y sistemáticamente, la organización iba actualizando sus planes de reclutamiento teniendo en cuenta las necesidades. Fue así como años más tarde, en 2009, Alfonso Cano ideó el Plan Renacer en el que ordenaba la reestructuración de la organización, a través de la creación de nuevos frentes. La idea era que cada frente tenía que fijarse una cuota de reclutamiento. En esa época, el objetivo del Bloque era volcar la atención hacia la región y dominar los corredores que garantizaran la movilidad de las Farc-Ep hacia el océano Pacífico y los departamentos del sur y occidente del país.
Así, las operaciones delictivas del Bloque Occidental de las Farc-Ep, desde 1997 hasta el 2014, se desplegaron a lo largo de los departamentos de Nariño, Cauca y Valle del Cauca. Destacar estos territorios es importante porque los comandos no se repartieron los departamentos como tal, sino que realizaron una división de injerencia de cada frente de acuerdo a municipios que tuvieran características en común, como la presencia de un grupo étnico o poblacional específico. Con esto podían establecer estrategias más claras de reclutamiento y de control del territorio.
Sin embargo, el informe destaca tres factores comunes en los territorios que se pudieron incidir en el reclutamiento ilícito de niños, niñas y adolescentes: el índice de necesidades básicas insatisfechas (NBI), el registro de cultivos ilícitos y la tasa de cobertura en educación secundaria. Resulta que se estableció que una buena cantidad de población de las regiones que les servían de escenario de guerra a este Bloque, vivían en condición de pobreza.
Además, que entre 1999 y 2014, se evidenció la presencia constante de cultivos de uso ilícito en los municipios en los que operaba el Bloque Occidental, un aspecto relevante si se tiene en cuenta que muchos niños y jóvenes reclutados inician como cuidadores de esos cultivos, pertenecen a familias que están involucradas con estas prácticas o, simplemente, al ser zonas importantes para los guerrilleros, son sometidos a trabajar en ello. Finalmente, el informe evidencia el déficit cobertura educativa en los niveles de secundaria, cuando los estudiantes están en la adolescencia que es la edad crítica del reclutamiento.
En síntesis, estos grupos al margen de la ley vieron en las necesidades e insatisfacciones de los ciudadanos que residían en regiones vulnerables, víctimas del abandono estatal, oportunidades para extender su ideología política y concretar sus objetivos de guerra. En ese afán muchos niños, niñas y adolescentes se pusieron los camuflados y se dieron a la guerra. No todos obligados, algunos engañados, deslumbrados, y otros sin ninguna otra alternativa.