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Palacio de Justicia: el misterio de Ana Rosa Castiblanco

Un testigo de excepción, que la Fiscalía encontró recientemente, entregó más detalles sobre lo que vio en el holocausto del Palacio de Justicia y en la Casa del Florero.

02 de noviembre de 2015 – 09:16 p. m.

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Jaime Buitrago se convirtió este año en un importante testigo para la Fiscalía en el expediente del Palacio de Justicia. Como conductor que era del hijo del consejero de Estado Jorge Valencia Arango, pudo presenciar lo que casi nadie más: la toma desde el principio, cuando guerrilleros del M-19 ingresaron al edificio por el sótano disparando en todos los sentidos –dos celadores fueron asesinados allí mismo–, hasta que, 28 horas después, el último grupo de rehenes que salía con vida de la máxima sede de la justicia -del que él hacía parte- fue trasladado hacia la Casa del Florero. Y de lo que pasó frente a sus ojos en esas 28 horas por fin pudo hablarle a la justicia.

Su primera declaración bajo juramento se la entregó a la Fiscalía en enero pasado. Cinco meses más tarde, en junio, este diario reveló ese testimonio: Jaime Buitrago afirmó que dentro de la Casa del Florero vio al coronel (r) Alfonso Plazas Vega; que vio a Irma Franco, guerrillera del M-19, pidiéndole a un soldado que llamara a su familia, y que vio a una mujer que tenía rasgos similares a los de Ana Rosa Castiblanco, empleada de la cafetería y desaparecida hasta el año 2000. En videos reconoció a Ana Rosa Castiblanco, a Carlos Rodríguez (administrador de la cafetería) y a él mismo saliendo del Palacio. En varias ocasiones interrumpió la diligencia para llorar.

A las 9 de la mañana del 27 de agosto de este año, Jaime Buitrago volvió a la Fiscalía a ratificar sus palabras. De nuevo se sentó frente a una fiscal, un procurador y un abogado de víctimas del Palacio (de víctimas de torturas, específicamente) y amplió su declaración. En esa versión, conocida por El Espectador, el conductor empezó narrando las 25 horas que pasó en el baño del segundo piso del costado norte: “Los guerrilleros, inicialmente, me subieron al cuarto piso como trinchera, y después comencé a correr de arriba abajo por los pisos cuarto, tercero y segundo, auxiliando rehenes que ya se encontraban en estado de inconsciencia por la aspiración del humo que se estaba produciendo por el incendio (…) y ya no volví a salir porque el acoso de la balacera no permitía ningún movimiento”.

De ese baño, recordó Jaime Buitrago, salió un mensajero: “Si mal no recuerdo, el doctor Villegas, que era el que iba a buscar un cese al fuego y no regresó”. Se refería en realidad al consejero de Estado Reinaldo Arciniegas, quien, ondeando la camiseta blanca de otro magistrado como una bandera de paz, bajó las escaleras y alcanzó a los militares con tres solicitudes que no fueron escuchadas: presencia de la Cruz Roja, un periodista y un delegado del Gobierno. En ese espacio vio a varias mujeres “que vestían el mismo uniforme y que siempre habían estado atentas durante todo el tiempo que estuvimos en el baño”.

Ana Rosa Castiblanco era una de ellas. La mujer se quedó en su memoria especialmente por una anécdota particular: “En el trajín último tropecé con mi cabeza el vientre de ella, y una vez pasado el trajín de todo lo que fue la toma del Palacio, comencé a identificar por fotografías a las personas que yo había visto allá, en los informes que se daban a diario en la prensa, en la televisión, que hablaban de los desaparecidos, entonces empecé a identificar quiénes eran cada uno de ellos, pero, especialmente, a esta persona (…) le pregunté cómo se sentía, a lo cual ella me contestó que estaba muy nerviosa por su estado de gravidez”.

En esta ocasión, una vez más le mostraron un video de la Fundación Patrimonio Fílmico, para identificar a las personas que habían estado con él en el baño del segundo piso del Palacio. Jaime Buitrago confirmó, esta vez con más seguridad, su versión inicial: “En el minuto 26:45 observo una mujer alzada por un hombre de vestido beige, con una agenda en la mano, y ella está con un delantal verde claro y por la protuberancia de su vientre me parece que es doña Ana Rosa Castiblanco, la mujer que estaba embarazada dentro del baño, la misma que vi en la Casa del Florero”.

Ana Rosa Castiblanco, 31 años, auxiliar de la cafetería del Palacio de Justicia, tenía siete meses de embarazo.

Inés Castiblanco le dijo a este diario que ella y su familia han visto varios videos del Palacio de Justicia y que en ellos no identificaron a su hermana Ana Rosa: “El único testimonio que ha dicho que la vio, que sepamos, es ese señor Jaime Buitrago, que estuvo con ella en el baño y en la Casa del Florero. Cuando la identificaron llamaron de la Fiscalía y contestó Raúl, su hijo, a quien le dijeron que si no recibíamos esos restos volvían a una fosa común. Los recibimos, les hicimos misa y todo como si fuera un entierro, y los pusimos en un osario en la iglesia San Ignacio, ahí al lado del colegio San Bartolomé”.

Según el protocolo de necropsia 3800 y el acta de levantamiento 1173, el cuerpo de una mujer NN embarazada fue encontrado en el cuarto piso del Palacio de Justicia, ala oriental, costado sur. En 1998 se inhumaron los restos de varias personas que murieron en el Palacio y que, por acción de la Fuerza Pública, resultaron en una fosa común localizada en el Cementerio Sur de Bogotá. En junio de 2001, con ayuda del equipo argentino de antropología forense, se concluyó que entre esos restos calcinados estaban los de Ana Rosa Castiblanco y su bebé. La organización Physicians for Human Rights certificó el proceso.

La declaración de Jaime Buitrago, sumada a los hallazgos recientes de tres de las personas que figuraban en la lista de desaparecidos del Palacio (Cristina Guarín, Luz Mary Portela y Lucy Amparo Oviedo), han agitado los ánimos. Inés Castiblanco habla de pedir “nuevas pruebas”, mientras que uno de los abogados de su familia, Eduardo Carreño, del Colectivo de Abogados Alvear Restrepo, va todavía más allá: “La Fiscalía está examinando todo, haciendo estudios de ADN de todos los casos. Con Ana Rosa se tendría que determinar si dentro de los restos se encuentran los del bebé. Se analiza la posibilidad de que éste haya muerto con ella, pero también que le haya sido extraído. Es horrible, lo sé”.

Además de haber visto a Ana Rosa Castiblanco en el baño del Palacio y en el primer piso de la Casa del Florero, “en lo que yo llamo rueda de rehenes”, el conductor Jaime Buitrago reiteró que en el segundo piso de la Casa del Florero, mientras lo mantenían aislado, “subió un militar alto, delgado, con casco, camisa caqui, pantalón bombacho y botas, y  que después identifiqué como Alfonso Plazas Vega (…) lo primero que dijo fue recriminar al soldado que nos custodiaba, diciéndole que se pusiera en guardia porque estaba frente a dos peligrosos delincuentes”.

En junio de este año, luego de que El Espectador revelara la primera declaración de Jaime Buitrago Castro, la defensa del coronel (r) Alfonso Plazas Vega emitió un comunicado público señalando que ese tipo de testimonios buscaban “enrarecer” el debate que se adelanta en la Corte Suprema de Justicia, la cual tiene que definir si se mantiene la condena en contra del oficial retirado por desaparición forzada o si se reversa esa decisión. “Ni el coronel (r) ni la Escuela de Caballería tuvieron relación con la identificación, arresto o judicialización del personal rescatado”.

En esta última diligencia, Jaime Buitrago insistió en que el hombre que veía en los videos de Patrimonio Fílmico era Carlos Rodríguez. “Cuando yo estaba dentro del baño no sabía que era Carlos Rodríguez, lo vine a saber después por la prensa”. Dijo también haber visto a las guerrilleras Irma Franco y a otra “de pelo teñido” en la Casa del Florero. Justamente, Rodríguez y Franco son las dos de las 11 personas desaparecidas en el Palacio de Justicia por las que el Tribunal Superior de Bogotá condenó al coronel (r)  Plazas Vega en enero de 2012. En los casos restantes, el Tribunal ordenó proseguir con la investigación. Tres de ellas (Guarín, Portela y Oviedo) fueron identificadas el pasado 20 de octubre.

Sobre Irma Franco, el coronel (r) Plazas Vega ha repetido hasta la saciedad que Irma Franco fue desaparecida forzosamente por miembros del Ejército, sí. Pero no por él. Por miembros de inteligencia, que eran los encargados de los rehenes que llegaban a la Casa del Florero, ha asegurado. Y que él nunca tuvo que ver con desapariciones.

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De la existencia de Jaime Buitrago apenas vino a saber la Fiscalía luego de que el exmagistrado Jorge Valencia hablara de él ante la Comisión de la Verdad sobre los Hechos del Palacio de Justicia, aquella conformada por tres exmagistrados de la Corte Suprema y cuyo informe final se divulgó en 2010. El exconsejero Valencia contó que el conductor había sido desnudado, golpeado y torturado en las caballerizas del Cantón Norte, en donde, desesperado, oía gritos y lamentos “al lado”. Buitrago fue tomado como sospechoso. Su salvación llegó cuando el magistrado Valencia logró ubicarlo contactando algunos generales. “Le dijeron que se vistiera y se largara”, relató el exconsejero de Estado.

Este viernes 6 de noviembre se conmemoran 30 años del holocausto del Palacio de Justicia. Tres décadas que no han sido suficientes para que el país conozca con total claridad qué fue lo que ocurrió en esas 28 horas en las que la sede máxima de la justicia fue, como en lenguaje militar, un teatro de operaciones, el escenario de una batalla sin tregua entre los guerrilleros del M-19 y el Ejército. Más de 100 víctimas, 11 magistrados incluidos, hablan de un episodio devastador de la historia nacional. Se espera que este viernes, tal cual se lo han ordenado los jueces, el presidente Juan Manuel Santos pida perdón en nombre del Estado. Pero un perdón sin verdad, dicen las víctimas, no es más que una mesa coja.

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