Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
José Jesús Mazo Agudelo, de 68 años, y María Inés Bedoya Rodríguez, de 54 años, vivían tranquilos en el municipio de Villamaría (Caldas). Para los vecinos, eran personas de bien y pocos problemas tuvieron con sus vecinos. Sin embargo, detrás de la apariencia de una pareja normal y corriente se escondía un pasado criminal que hoy volvió a cobrarles cuentas.
En una operación de las autoridades, personal del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía y la Sijín de la Policía de Manizales, llegaron a la vivienda de los Mazo Bedoya para que pagaran una cuenta que tenían pendiente con la justicia hace 26 años. Contra la pareja, que pensó que ya había burlado a las autoridades, pesaba una sentencia por los delitos de homicidio, terrorismo, concierto para delinquir, incendio y lesiones personales.
Sin embargo, quienes aparentaban ser personas honestas, de acuerdo con las autoridades, fueron parte del frente Bolcheviques del Líbano del Eln, grupo armado ilegal que operó en la zona del Parque Natural de los Nevados, en límites entre Caldas, Tolima y Risaralda. Para mayo de 1985 decidieron incursionar en zona urbana y perpetrar un ataque en plena zona metropolitana de Pereira. En la vía que conduce de Santa Rosa de Cabal a Pereira hicieron un retén ilegal. Luego incendiaron cuatro busetas y cargaron con explosivos otro carro de servicio público. El saldo de la acción delincuencial fueron seis personas asesinadas y dos heridas.
Fueron las declaraciones de exguerrilleros las que señalaron a la pareja Mazo Bedoya como integrantes del grupo de insurgentes responsables de la acción. Para entonces Mazo tenía 42 años y Bedoya 28. El Juzgado Cuarto Superior de Pereira de la época condenó a los guerrilleros a 26 años de prisión. La orden de captura la expidió el Juzgado Primero de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Pereira.
Desde entonces estaban prófugos de la justicia. Se establecieron en Villamaría, cerca a Manizales. Gracias a la colaboración de informantes, que los reconocieron, se logró dar con su paradero y ahora, 26 años después de su crimen, tendrán que pasar casi los últimos años de su vida en prisión. Mazo y Bedoya los trasladaron a la cárcel La 40 de Pereira para cumplir sus condenas.