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La comunidad del barrio Punta del Este de la ciudad de Buenaventura (Valle del Cauca) no recordó a los 12 jóvenes asesinados hace siete años con caras largas y tristeza. Lo hizo con cantos y un partido de fútbol. Así rememoraron lo que para ellos eran los adolescentes asesinados ese aciago 19 de abril de 2005: muchachos alegres que cada que podían se disfrazaban y como matachines se ponían al frente de la fiesta.
A ellos unos desconocidos los convencieron de que jugaran un partido de fútbol y que el ganador se quedaría con 200 mil pesos. Ellos les creyeron y dos días después aparecieron muertos a cinco kilómetros de distancia del aeropuerto de esa ciudad, en la vereda Las Vegas. Sus cuerpos fueron encontrados con signos de tortura, les habían quitado los ojos y los habían rociado con ácido. El mayor de ellos no superaba los 21 años de edad.
Rubén Darío Valencia, Pedro Luis Aramburo, Pedro Paulo Valencia, Alberto Valencia, Concepción Rentería Valencia, Mario valencia, Iver Valencia, Carlos Arbey Valencia, Víctor Alfonso Angulo, Javier Borja, Jhon Jairo Rodallega, Leonardo Salcedo García. Sus muertes, dice el líder comunitario Benildo Estupiñán, marcaron a Punta del Este. Esta comunidad marchó hoy desde el CAN de Buenaventura hasta Punta del Este, donde realizaron una misa y luego hubo cantantes y algarabía como a los muchachos les habría gustado.
Estupiñán recuerda que cuando sucedió la masacre, Punta del Este se llenó de miedo y que, precisamente, esa era la intención de quienes perpetraron los asesinatos: que los jóvenes se murieran de pavor. Pero la comunidad no se amilanó y aunque, según Estupiñán, las condiciones de seguridad son iguales o peores que aquellas épocas, los pobladores de este barrio de la comuna cinco de Buenaventura no se escondieron a la hora de recordar a sus muertos.
Idali Salcedo, hermana de Leonardo Salcedo, le comentó a El Espectador que su hermano era un hombre trabajador, que traía cositas a la casa, que se preocupaba por su familia y que al llamado de los mayores respondía siempre con diligencia. “Es que ellos animaban las fiestas, por eso mi papá los quería tanto. Su muertes enlutaron a la comunidad. Nosotros no hacemos sino extrañarlos”.
Por ahora, nadie ha sido condenado por este hecho. La Fiscalía sigue investigando. Beinaldo Estupiñán, quien estuvo al frente de la conmemoración de hoy, aseguró que hoy los recordaron con alegría y jolgorio, pero lamentó que a los adolescentes ya no los están matando pero sí los están desapareciendo. Por culpa de los violentos, Punta del Este, a diferencia de su homónima uruguaya, no es un remanso de paz, aunque sus habitantes siguen empeñados en que esto cambie.