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“Yo salí de prestar el servicio militar con un señor que hoy en día es comandante de las autodefensas. Él me dijo de un trabajo de vigilancia. Le di fotocopia de (mi) libreta, de la cédula. Pasados cinco o seis meses, el man no aparecía. Pasado uno o dos años me lo volví a encontrar y le pregunté por mis documentos, me dijo que me estuviera callado, que, si no, acababa con mi familia (…) Le vendió los documentos a Mario Nel Riaño Cerón para que se incorporara a las Fuerzas Militares. Me tocaba estar callado por las amenazas”. Esta es la historia de un pescador al que, por seguridad, le pondremos de nombre Juan*, pues vive en una región que tuvo que enfrentar la violencia guerrillera y la paramilitar.
Su versión se la contó a la Fiscalía en 2017, luego de denunciar la suplantación de su identidad. De sus documentos, comprobó la Fiscalía, se apropió Riaño Cerón para enlistarse en el Ejército y realizar todas las actividades de las tropas por al menos diez años, sin que nadie se diera cuenta de que era un impostor. Riaño Cerón, bajo la identidad fraudulenta de Juan, participó en múltiples actividades militares en varias unidades, incluyendo el Batallón de Infantería N.° 43 General Efraín Rojas Acevedo, en Cumaribo, Vichada. En una de esas operaciones, dicha unidad reportó la muerte en combate de Édgar Romero Torres el 26 de mayo de 2006, que luego la Fiscalía cuestionó como un posible falso positivo.
Ocurrió en inmediaciones de la finca La Soledad, inspección La Venturosa, del municipio de Primavera, en Vichada. En esa operación, llamada Mercurio, participó Riaño Cerón junto al entonces teniente Milton Quecán Duque y otros seis soldados. Cuando comenzaron las indagaciones en la justicia penal militar, el impostor Riaño Cerón, en su rol de Juan, declaró el 6 de junio de 2007 ante un juzgado de instrucción militar. En el registro de su declaración, el impostor Riaño Cerón dijo que fue un combate legal en respuesta a la agresión que supuestamente recibieron cuando iban a revisar ruidos raros en un matorral.
Esa versión la ratificó el uniformado el 18 de febrero de 2008, al rendir indagatoria ante el Juzgado 13 de Instrucción Penal Militar, adonde pasó el proceso. Las pesquisas avanzaron, pero las huellas y firmas de Riaño Cerón permitieron a la Fiscalía darse cuenta de que él no era quien decía ser. El verdadero Juan, al enterarse de que lo estaban vinculando con una ejecución extrajudicial, no tuvo más remedio que denunciar ante la Fiscalía el engaño del que fue víctima. Allí, reiteró que el hombre con el que prestó servicio militar sería quien le vendió sus documentos a Riaño Cerón y que recibió amenazas para asegurar su silencio.
La identidad de ese supuesto paramilitar no es clara aún para la Fiscalía, pero, según Juan, él está preso y, desde entonces, las intimidaciones en su contra cesaron. “Este señor comandante de paramilitares llegó a mi residencia, donde yo vivía, llevándome una plata, $200.000, diciendo que me la mandaban. Pregunté que quién y dijeron que era el señor Mario Nel Riaño (…) como gratificación de los documentos. Ahí fue cuando me enteré de que él estaba trabajando con mis documentos. Antes no sabía (…) Yo le dije: ‘Uy, pero usted cómo me está haciendo eso”. Y él me contestó (…) ‘haga lo que quiera, ya sabe qué le pasa’”, agregó Juan en su versión libre en la que confirmó, además, que nunca ha ido al Vichada.
Juan le explicó a la Fiscalía que prestó servicio en el batallón Joaquín París, en San José del Guaviare, en 1997. Terminó en 1998. Sin embargo, en los registros del Ejército aparece que él volvió en marzo de 1999 como soldado voluntario y terminó en enero de 2009 como soldado profesional. Ese sería el tiempo en que estuvo Riaño Cerón haciéndose pasar por él, casi una década. “A la fecha, la institución no tiene registro de ninguna denuncia y/o queja, respecto a una posible suplantación de identidad”, le contestó el Ejército a El Espectador, agregando que, en 2009, este soldado se esfumó. Justo cuando las indagaciones por la presunta ejecución extrajudicial de Romero Torres ya habían arrancado.
Mario Nel Riaño Cerón fue capturado hacia diciembre de 2018, a raíz de una medida de aseguramiento que expidió la Fiscalía, pero, el 23 de agosto de 2019, esa misma entidad consideró que no tenía competencia para seguir estudiando el expediente, por la entrada en vigencia de la Ley Estatutaria de la JEP. El fiscal del caso manifestó que, ante la suplantación ya comprobada, surgía la duda de si Riaño Cerón, entonces, era “un agente del Estado o un tercero para efectos de la competencia que pueda asumir la JEP”. El mismo Riaño pidió también pista en la Jurisdicción Especial mientras estaba detenido.
“Aun cuando el proceso de incorporación a través del cual Riaño Cerón ingresó a las Fuerzas Militares es irregular —arguyó la Fiscalía—, es claro que ejerció y asumió una condición real y objetiva con la investidura de soldado profesional (…) Participó en calidad de (Juan) en diligencias de indagatoria. No cabe duda de que Riaño Cerón suplantó a (Juan) en el Ejército, (que) actuó en calidad de agente del Estado portando un arma, participando en operaciones militares y dentro de una acción (…) fue dado de baja el ciudadano Édgar Romero Torres”. Con ese argumento, el organismo investigativo estimó que el caso de Riaño Cerón debía estar en la JEP, no en la justicia ordinaria.
La Fiscalía, que estaba por decidir si acusaba o precluía el caso contra Riaño Cerón, lo envió a la JEP en agosto de 2019. En consecuencia, ordenó su libertad inmediata para que, además, con ayuda de su despacho, Riaño Cerón pudiera firmar el acta de compromiso ante la justicia especial. Hoy, de él no se sabe nada: salió del radar de las autoridades. Los familiares y los abogados de la familia de Édgar Romero Torres han buscado sin éxito respuestas por la ejecución extrajudicial de este en la JEP. Lo único que se sabe es que la Sala de Definición de Situaciones Jurídicas de la JEP anunció, el pasado 28 de enero, que revisará la solicitud de sometimiento que hizo uno de los militares investigados: el oficial Milton Quecán Duque.
*Identidad protegida por seguridad de la víctima.