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La Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá definrá si anula o no el proceso que se adelanta contra el patrullero de la Policía Metropolitana, Wilmer Antonio Alarcón, procesado por la muerte del joven grafitero Diego Felipe Becerra registrada el 19 de agosto de 2011. (Ver Muerte de joven grafitero).
El pasado 25 de mayo, el defensor del uniformado presentó dicho recurso ante la negativa del juez 43 de conocimiento de anular el proceso judicial que se adelanta contra el uniformado, quien se encuentra recluido en un centro penitenciario desde principios de febrero luego de que la Fiscalía le imputará el delito de homicidio agravado.
En su argumentación el jurista aseguró que durante la audiencia de imputación de cargos y solicitud de medida de aseguramiento la Fiscalía no pudo demostrar de manera contundente que el patrullero conociera el hecho de que Diego Felipe Becerra era menor de edad cuando le disparó, según el patrullero, «en defensa propia».
El pasado siete de mayo, el defensor del uniformado solicitó la nulidad de la imputación por el delito de homicidio agravado y medida de aseguramiento contra su cliente asegurando que se le violó el debido proceso, la presunción de inocencia y la dignidad.
En este sentido señaló que la Fiscalía cometió reiteradas irregularidades en la imputación de cargos y en las pruebas presentadas en la audiencia de imputación puesto que no manifestó claramente el delito de homicidio agravado, ni los hechos facticos contra su cliente en el proceso que se le adelanta por su presunta participación en el asesinato del joven grafitero Diego Felipe Becerra.
El abogado cuestionó seriamente lo que consideró un “maltrato” procesal en contra de su cliente ante la opinión pública que lo había visto salir de los juzgados de Paloquemao esposado y escoltado por la guardia penitenciaria y carcelaria, además de estimar que el uniformado no tenía por qué haber sido conducido a un centro de reclusión como en el que se encuentra actualmente.
A lo largo de la investigación la defensa de la familia del grafitero ha señalado que se presentaron serias irregularidades por parte de los uniformados que llegaron al lugar de los hechos en la noche de 19 de agosto, a la altura de la 116 con avenida Suba, cuando Alarcón le anunció por radioteléfono a sus superiores lo que había sucedido.
Días después aparecieron versiones “manipuladas”, según la familia, de que el joven había atracado, junto a dos compañeros, un bus de servicio público, hecho que había sido denunciado por los pasajeros y el conductor del bus a la policía.
En ese acto, se aseguró que al hallar al joven éste le había disparado al patrullero, quien en un acto de defensa le había respondido. Sin embargo, un informe de Medicina Legal pudo demostrar que Diego Felipe Becerra nunca había manipulado un arma de fuego, mientras que un documento registrado por el CTI demostró que la pistola que se encontraba cerca del cuerpo del grafitero no funcionaba.