Publicidad

Un falso psiquiatra encantador

Así construyó su prestigio en medio de la crema y nata forense del país.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Camilo Herrera Triana, en su ámbito personal, era solitario y de pocos amigos, por lo que pocos conocieron de su vida familiar. Cuando asumía su disfraz de médico se mostraba imperturbable y a la hora de hablar era sereno y miraba a los ojos, con la seguridad de que su sabiduría lo ubicaba por encima de su interlocutor. Cuando estaba en medio de grandes grupos se transformaba en líder, que se hacía notar asumiendo la vocería de sus compañeros. Muchos se rindieron ante su capacidad argumentativa, su imagen confiable y disciplinada. Así era el “falso psiquiatra” que con su personalidad defraudó entidades públicas y privadas.

Detrás de este personaje hay una historia de habilidad, que llevó a Herrera a rodearse de la crema y nata de la psiquiatría, que lo referenció y lo legitimó poco a poco, hasta convertirlo en un reconocido especialista a sus 52 años. Sin embargo, tras su imagen se escondía una mentira tan grande como sus logros: siendo sólo bachiller se coló en la comunidad científica hasta ganar el respeto. Su mundo se edificaba sobre dos cartones falsos.

Herrera Triana nació en mayo de 1961 en Bogotá. De su familia se conoce que sus hermanos Germán Darío y Raúl son contadores con trayectoria en importantes firmas como Grupo Skandia, Cruz Roja, Leasing Grancolombiano, Avianca S.A., Philip Morris en Colombia y Coomeva, entre otras. También, que tiene dos hijos y que está casado, según sus excompañeros, con una bella mujer, que siempre lo acompañó a los eventos de Medicina Legal.

De la nutrida historia académica que plasmó en su hoja de vida, lo único que no ha sido desvirtuado es que se graduó de secundaria del colegio Miguel Antonio Caro con apenas 17 años y que a sus 28 años intento ser médico cuando cursó dos semestres en la Universidad Nacional. A partir de ahí hay una cadena de mentiras.

Su prestigio lo empezó a edificar a partir de 1995 cuando, de manera poco clara, logró un puesto como docente en la Universidad de San Buenaventura, donde se presentó como médico cirujano, especialista en psiquiatría y con conocimientos en geriatría. Este fue el cargo sobre el que empezó a apuntalar su historia, engrosar su experiencia, hacer contactos y conseguir los documentos que luego adulteró. Este primer empleo le abrió las puertas para llegar a otras instituciones como la Universidad Antonio Nariño y la Universidad de Boyacá. A partir de allí, ya tenía un reconocimiento entre colegas que daban referencias de él, como la gerontóloga Xiomara Sepúlveda Salamanca y el psiquiatra Hernando Botello Ocampo, quienes hacen parte de sus referencias personales. Esto le sirvió para pasar por hospitales, centros de rehabilitación e instituciones de ancianos.

En la San Buenaventura fue un docente respetado. “Lo que me han dicho es que era muy apreciado por los estudiantes. Parece que sus cátedras eran amenas y atractivas. Como docente, parece que lo hizo bien. Nunca recibí una queja. Nunca levantó sospechas, no tuvo problemas personales ni éticos”, expresó Fray Pablo Castillo Nova, rector de este centro docente.

Ya tenía una trayectoria real, pero sobre su mentira y fue como llegó al Inpec, la primera entidad oficial que lo contrató por su prestigio y en 2002 lo llevó a Medicina Legal. “Lo conocí cuando llegué a la dirección de Medicina Legal y, realmente, me pareció un gran tipo. No soy un genio, pero no noté nada raro. Empezó en Tunja y nunca hubo queja de su labor. Era un caballero. Como en Bogotá es frecuente que existan vacantes, él ya había solicitado el traslado y en 2004 se concretó. Cuando llegó, me sorprendió, porque era un sujeto cortés”, dijo Máximo Duque, exdirector de Medicina Legal.

Cada vez su osadía aumentaba, a medida que lograba esquivar los filtros en las empresas a las que llegaba a trabajar. “El que hubiera pedido traslado aparentemente demostraba que no tenía ningún pecado. Incluso, llama la atención la forma cómo pudo mimetizarse en un grupo tan grande de especialistas. Alcanzó a ser el coordinador del grupo de psiquiatras. La verdad, en mi opinión, el hombre pasaba por psiquiatra. Uno presume la buena fe”, agregó Duque.

La seguridad que alcanzó a infundir entre sus compañeros de Medicina Legal lo llevó a ganar su confianza, hasta ocupar cargos claves como ser presidente de la Asociación Colombiana de Medicina Legal y presidente del Fondo de Empleados del Instituto. “Él aportaba ideas, siempre lo hacía. Participaba mucho durante las reuniones, era una persona proactiva y esas características hacían que se destacara y que la gente viera en él a un líder. Eso caló en mucha gente”, dijo Mario Hernández, actual presidente de la Asociación de Medicina Legal.

Durante su gestión en el instituto forense organizó congresos nacionales de medicina legal, específicamente uno realizado en Paipa (Boyacá) en 2008. “Quizás trataba de ganar prestancia para encubrir su engaño. Él se metió con algo muy complejo. Quizás estaba frustrado porque no pudo ser médico. Igual jugó con la medicina, que es algo serio”, comentó Hernández.

En su hoja de vida también acreditó haber sido miembro de las asociaciones colombianas de psiquiatría y gerontología, pero en ambas agremiaciones negaron su vinculación. “Él hizo el trámite para asociarse, pero nunca pasó. La gente no alcanza a dimensionar las repercusiones sociales y clínicas de este fraude. Por ejemplo, una interdicción mal hecha, una dictamen mal hecho, todo eso es muy riesgoso”, dijo María Francisca Echeverri, presidenta de la Asociación de Gerontología.

Su fraude quedó al descubierto el año pasado cuando ingresó a la empresa Transporte Ambulatorio Médico (TAM). Allí buscaban psiquiatra y la Secretaría de Salud de Bogotá envió un paquete de hojas de vida de varios especialistas, entre las que se encontraba la de Herrera Triana. Todas las revisaron y encontraron que todos los psiquiatras contratados en la entidad lo conocían, incluso algunos lo reconocieron como docente. Lina María Roa, jefa de personal de la empresa, le ofreció el cargo y él llevó sus documentos. Pero el requisito de gestión de calidad obligaba a verificar papel por papel y fue cuando empezaron las sospechas. Oficiaron a la Universidad Juan N. Corpas y les dijeron que no tenían ningún egresado con ese nombre.

“Al conocer esto lo llamamos y él nos dijo que tenía un problema con su certificado, porque existía un homónimo, y que lo estaba solucionando. Como era tan reconocido, no sospechamos nada, le dimos plazo para que allegara los papeles y siguió trabajando. Nunca tuvimos quejas ni problemas con él. Era una persona aparentemente confiable”, dijo Roa.

“Sin embargo, debíamos completar el requisito de la verificación y por eso le insistimos que nos entregara los documentos. Siempre tenía una excusa, como que el caso estaba en manos de su abogado. Siembre estuvo tranquilo y un día llegó con una licencia algo extraña. Fue cuando fuimos directamente a la universidad y encontramos que ese diploma que nos entregó estaba a nombre de otra persona. Sin saber que ya sabíamos de este hecho, renunció”, agregó Roa.

Publicidad

Pese a su largo recorrido de engaños, para muchas personas Herrera Triana no es una mala persona. Su familia está convencida de ello. “Camilo es una buena persona y así no haya tenido un título, fue un excelente médico, porque era humanitario, algo que no tienen muchos profesionales. Sé que unos lo hacen por el dinero y no por ayudar a las personas. Él quería ayudar y lo logró con muchos de sus pacientes. Logró hacer muchas cosas buenas por ellos”, dijo una de sus cuñadas.

Hoy el falso psiquiatra espera su condena, por la vida que edificó en sus falsas credenciales.

Publicidad

“Lo que decía al final se hacía”

Un colega de Camilo Herrera, quien prefirió el anonimato, resaltó que el falso psiquiatra era una persona callada, pero que durante las reuniones con sus compañeros de trabajo se transformaba y opinaba mucho, “al final sus decisiones prevalecían”. Fue tal su capacidad de convencer, que cuando presidió la Asociación de Medicina Legal y Ciencias Forenses hizo que, a pesar del rechazo de algunos miembros de la junta directiva de esta agremiación, la misma se adhiriera a la Asociación de Sociedades Científicas, recordó el actual presidente de esa agremiación, Mario Hernández. Igualmente, cuando se desempeñó como presidente del Fondo de Empleados del Instituto de Medicina Legal, decidió comprar un apartamento para que fuera la sede de esa fundación, cuando muchos le decían que lo mejor era arrendar uno.

Dictámenes, bajo la lupa de las autoridades

Una semana tendrá el equipo que conformó el director del Instituto de Medicina Legal, Carlos Valdés, para revisar cada uno de los 1.834 dictámenes que realizó el falso psiquiatra Camilo Herrera durante sus 10 años como perito. Ya se han conocido algunos casos de personas que habrían resultado perjudicadas por los diagnósticos del fraudulento profesional. Víctor López sería una de ellas: la justicia le quitó la patria potestad de su hija, basada, en parte, en un informe del doctor Herrera, quien declaró que López sufría de trastorno delirante y por tanto no podía cuidar a una menor. Por otra parte, Noticias Uno denunció que un sicario que presuntamente asesinó a Héctor José Páez, profesor de Boyacá, fue declarado por Herrera inimputable ya que sufría de celotipia —celos extremos que lo habrían trastornado hasta convertirlo en homicida—, es decir, que por su mal no podía ser condenado. Los expertos tendrán que comprobar que fue así.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido