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Hasta la semana pasada, el nombre de Fernando Yate permaneció en completo anonimato. Nadie sabía que había sido secuestrado por las Farc el 1° de marzo del año pasado, que había sido objeto de un intento de plagio anteriormente y que sobre su vida se cernían amenazas desde hacía un buen tiempo.
Este martes, este hombre cumple 319 días en cautiverio. Y, gracias a la fuga que protagonizaron recientemente el bogotano Juan Fernando Samudio y su carcelera, alias Miryam, su esposa Marisol Pineda recibió por primera vez noticias de él. En 10 meses de secuestro, la guerrilla, dice ella, nunca la ha contactado. Tampoco sabe si la organización subversiva pide algo a cambio de su libertad. Esta es su historia.
“Hace cinco años y medio la guerrilla intentó secuestrar a Fernando cuando salía de la finca que él tiene con su familia. Él alcanzó a escapar, pero una bala le perforó un pulmón y el hígado. Duró casi un mes hospitalizado. En ese momento yo tenía cuatro meses de embarazo. Yo le decía que no regresara a la finca porque corría peligro. Pero él decía que no le estaba haciendo mal a nadie sino cumpliendo sus obligaciones. Y como era tan comprometido con sus labores, no dejó de ir a trabajar.
Cuando lo secuestraron, la cuñada de él me llamó y me dio la noticia. Que se lo habían llevado al salir de la finca. Yo estaba en la casa cuando me contaron. Para mí fue muy duro saber… que existía la posibilidad de no volverlo a ver. Que se me había ido prácticamente toda mi vida. A mí lo que me importa es él. Es mi fuerza, mi todo. Si mi esposo tuviera el dinero que ellos (la guerrilla) piensan, él no se hubiera arriesgado como lo hizo. Hubiera conseguido apoyo, alguien que lo hubiera escoltado, hubiera buscado protección. Pero él andaba absolutamente solo.
La niña de la que estaba embarazada cuando le hicieron el atentado a Fernando murió al nacer. Desde entonces he tenido muchas crisis. Yo soy instrumentadora y enfermera, pero desde la muerte de mi niña no puedo entrar a una clínica, me da depresión, angustia, tengo que estar con medicamentos. Fernando estuvo conmigo, eso me hizo salir adelante. Sin embargo, no me explico por qué la guerrilla tiene a mi marido. Fernando no es una persona con plata, él tenía que sacar de un lado para cubrir en otro. Una persona con dinero no tendría tantas deudas, ¿verdad?
La primera vez que volví a saber de él fue cuando aparecieron la guerrillera (Miryam) y don Fernando (Samudio). Ahí supe a ciencia cierta que lo tenían las Farc. Quiero que don Fernando me cuente cómo está, cómo son sus días, cómo duerme, cómo come. Yo le mando mensajes por radio cada ocho días, le pido a Dios que sí los reciba. Estoy esperando que las doctoras Carolina y Yaneth (de Fondelibertad) me digan cuándo es la reunión con don Fernando, ellas son el puentecito y me dijeron que me llamaban esta semana a darme alguna razón. Estoy ansiosa porque alguien, después de tanto tiempo, me diga aunque sea una palabra del hombre de mi vida”.