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Detrás de la imagen de fiscal recia y combativa que ha mostrado Ángela María Buitrago en procesos tan importantes como el del Palacio de Justicia y el del ex fiscal Guillermo León Valencia Cossio, se encuentra una mujer sensible que ama a los animales y el debate permanente con sus estudiantes en sus clases de derecho penal en la Universidad Externado de Colombia.
Cuando defiende su posición durante las audiencias no deja cabos sueltos, todo lo mide y pareciera que nunca deja nada al azar. “O tengo la prueba o no tengo nada”, advierte. Todo lo piensa como en una partida de ajedrez para anticipar los movimientos, en este caso, de la contraparte. “Es necesario repasar y repasar esos elementos que tienes. Mi papel es cumplir con lo que estoy haciendo. Si no hago lo que tengo que hacer es un peculado”, asegura en su primera entrevista con un medio de comunicación. Como fiscal habla con un tono seguro y su imagen de autoridad se refuerza con impecables vestidos de sastre que la hacen infranqueable y obligan a que la atención se concentre en su rostro adusto y en la contundencia de su discurso.
Es respetuosa, pero también de vez en cuando deja espacio para la ironía como en la diligencia en la que logró que le revocaran la detención domiciliaria a su ex colega Valencia Cossio, a quien le preguntó qué dignidad buscaba defender, tratando de evitar su traslado a una cárcel, dada la magnitud del escándalo que lo relaciona con integrantes de la organización del señalado narcotraficante Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario.
Nacida en Bogotá y formada en una familia de abogados, asegura que comenzó a sentir su vocación cuando tenía 8 años. Sin embargo, también contempló la posibilidad de ser veterinaria, pero al final se decantó por la tradición que la precedía. Comenzó su carrera en instrucción criminal en 1987. “Pasé también por sustanciación, notificación, hasta levantando muertos y luego radicados”, dice. Pero después de litigar 19 años y de ser defensora en importantes procesos (ver recuadro: Los casos de Ángela María Buitrago), decidió cambiar de orilla y pasó a ser una de las acusadoras con más autoridad que tiene la Fiscalía.
“Hay que reconocer que es una persona valiente y de esos funcionarios es que necesita la justicia. No cualquiera mete a la cárcel a respetados oficiales en retiro del Ejército, no sólo desde el punto de vista del valor, sino con los argumentos para defender esas decisiones”, cuenta un abogado que la ha enfrentado en juicio. Llegó poco después de la posesión del fiscal general Mario Iguarán y en su oficina del cuarto piso del Bunker del ente acusador nunca falta la música clásica, mientras prepara las extensas providencias con las que sustenta sus decisiones.
Cuando no está trabajando comparte con su familia o con su perra Laica, una pastor siberiana que la acompaña. Aunque no es dogmática, manifiesta que no está lejos de la frase del poeta Lord Byron que dice: “Cuanto más conozco al hombre, más quiero a mi perro”. Cree en Dios y en la Virgen María, pero no como iglesia. “Él es quien gobierna mis actos”, recalca. Le gusta sacar tiempo para estar en soledad, reflexionar y ser autocrítica o para escuchar sus boleros y rancheras preferidas.
Pasión por el derecho
Tal vez sin proponérselo, Ángela María Buitrago es una fiscal que por su talante y resolución atrae con facilidad la atención de los medios de comunicación. Pero es muy analítica y aunque es consciente del derecho que tiene la sociedad de ser informada, asegura que no es partidaria de la tendencia de algunos periodistas a polarizar, a no proteger a testigos o a condenar antes de tiempo.
No obstante, donde más ha resaltado esa vocación crítica es en la Universidad Externado de Colombia, donde ha sido una reconocida profesora de Derecho Penal durante 18 años. Asegura que se inclinó por esa rama de su carrera porque es allí donde mejor se puede conocer al hombre. “La pasión, el odio y amor, la esencia humana y su naturaleza quedan aquí en evidencia”, sostiene. Y esa es la pasión que trata de transmitir a sus estudiantes. “No puedo concebir el derecho muerto, es una vida, es el litigio”, manifiesta con entusiasmo. Sus ex alumnos aún la recuerdan llegando a clase con largas camisas o chaquetas, y dicen que es una mujer descomplicada. Todo lo contrario a la imagen que proyecta como fiscal.
“Ella no tiene ningún problema en sentarse a hablar con los estudiantes fuera de clase. Cualquiera podía detenerla en los pasillos para dialogar de cualquier tema”, asegura uno de sus ex discípulos. Buitrago dice que le gusta formar librepensadores y no personas que repitan lo que otros han dicho, porque es condenarlas a ser profesionales del montón. Cree que es necesario que los estudiantes puedan confrontar la teoría con la práctica y le gusta la polémica. Piensa que nada saca el Estado con tener personas con problemas mentales detenidas 20 años en las cárceles para que cuando salgan vuelvan a hacer lo mismo.
Frente a los grandes procesos judiciales que lleva adelante sostiene que son retos grandes para ella investigar lo que ocurrió sin ninguna pretensión, pero nunca por motivos personales: “Es llegar al fondo de lo que es el país, lo que fue, en dónde estamos y hacia dónde vamos”.
Los casos de Ángela María Buitrago
La fiscal cuarta delegada ante la Corte Suprema de Justicia, Ángela María Buitrago Ruiz, volvió a poner en primer plano el tema del Palacio de Justicia cuando reabrió la investigación tomando como base las 11 personas que desaparecieron después del 6 y 7 de noviembre de 1985. Por cuenta de sus decisiones terminaron en la cárcel los coroneles Alfonso Plazas Vega y Edilberto Sánchez (este último recuperó su libertad luego de seis meses por vencimiento de términos). También se encuentran detenidos los generales en retiro Jesús Armando Arias Cabrales e Iván Ramírez. Buitrago, además, lleva el caso contra el ex director de Fiscalías de Medellín, Guillermo León Valencia Cossio. Asimismo, logró la condena contra el ex gobernador del Meta, Edilberto Castro, a 40 años de cárcel por el asesinato de tres dirigentes políticos de ese departamento, lo mismo que la del ex gobernador del Casanare Miguel Ángel Pérez por enriquecimiento ilícito, a seis años. Como abogada se recuerda su participación en el caso Bancolombia y en la defensa del ex presidente de Telecom José Blackburn.